28/06/2026
COMUNICADO OFICIAL DEL MINISTERIO INTERNACIONAL ANTE EL PECADO DE "CONFUSIÓN" EN HOGARES CRISTIANOS
"¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo!" (Isaías 5:20).
El Ministerio Internacional levanta hoy su voz profética para denunciar la apostasía que se ha infiltrado en muchas congregaciones. Mientras el mundo discute las llamadas "terapias de conversión", la verdadera Iglesia sabe que el problema no comienza en los Gobiernos, sino en hogares donde el pecado ha encontrado un altar.
Y abran bien los ojos, comunidad de fe. No se dejen engañar por lobos vestidos de oveja. Escuchen con atención los mensajes que se pronuncian desde el poder y pregúntense qué espíritu los inspira.
Incluso La diputada Maria Isabel Rodriguez Jimenez declaró públicamente: “Si decidieron cambiar su género, que lo hagan en casa, pero que no vengan a implantar políticas que no queremos”
¿Se dan cuenta del peligro de ese razonamiento? Se pretende reducir el pecado al ámbito privado, como si bastara con esconderlo entre cuatro paredes para que dejara de existir. Se nos quiere convencer de que aquello que contradice la voluntad de Dios puede tolerarse mientras permanezca fuera de la vista pública.
La Escritura declara: "Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él" (Proverbios 22:6). Si un hijo crece bajo la autoridad de Cristo, bajo disciplina, oración y santidad, ¿de dónde vendría la confusión? Dios no es Dios de confusión, sino de paz (1 Corintios 14:33).
Por eso afirmamos, con temor de Dios, que cuando en un hogar aparecen esas tendencias, el problema no comenzó en el niño. La verdad siempre sale a la luz. Ningún árbol malo puede dar buenos frutos, ni un árbol bueno dar malos frutos (Mateo 7:17-18).
Preguntamos a las iglesias que hoy se escandalizan: ¿qué pecado se escondía en esa casa? ¿Qué altar extraño fue levantado? ¿Qué varón abrió la puerta a la iniquidad? Porque el pecado oculto termina manifestándose en las generaciones, y lo que muchos intentan esconder termina siendo expuesto por sus frutos. No se engañen: Dios no puede ser burlado; todo lo que el hombre sembrare, eso también segará (Gálatas 6:7).
No culpen a las escuelas. No culpen al gobierno. No culpen a las redes sociales. Primero examinen sus propias casas. Si un hogar dice servir a Cristo y, aun así, estas manifestaciones aparecen, la pregunta no es qué hizo el mundo, sino quién permitió que el pecado permaneciera escondido dentro de la familia. La verdad siempre encuentra la manera de salir a la luz.
Por eso nuestra congregación permanece vigilante. No toleramos el pecado deliberado ni la doble vida. Quien persiste en aquello que contradice las convicciones de esta iglesia debe apartarse de la comunión hasta dar frutos dignos de arrepentimiento, porque "un poco de levadura leuda toda la masa" (Gálatas 5:9).
A las congregaciones donde estos casos se multiplican les decimos con dolor: revisen su doctrina. Revisen sus púlpitos. Revisen a sus líderes. Donde el pecado se predica como virtud, la santidad abandona el templo. Donde el arrepentimiento desaparece, la confusión ocupa su lugar.
En cuanto a las llamadas terapias de conversión, el mundo puede hacer lo que considere conveniente. Nuestra confianza nunca ha estado en los métodos humanos, sino en el poder de Dios. La Iglesia no sigue las corrientes de este siglo; la Iglesia permanece firme sobre la Roca.
Hoy más que nunca hacemos un llamado al pueblo santo: cierren las puertas al pecado. Levanten altares de oración. Ayunen. Velen. Porque la batalla no es contra carne ni sangre, sino contra huestes espirituales de maldad (Efesios 6:12). No negocien con el mundo. No cedan a sus presiones. Manténganse firmes, porque el Señor viene por una Iglesia sin mancha y sin arruga (Efesios 5:27).
¡Que tiemblen los altares donde se ha predicado una gracia sin arrepentimiento! ¡Que vuelvan las lágrimas al púlpito! ¡Que vuelva el temor de Dios a las familias! Y que toda rodilla se doble delante del Señor antes de que sea demasiado tarde.