17/06/2026
Artículo de Formación.
Ante la ausencia de un acólito instituido, otro fiel laico puede desempeñar sus funciones, salvo las que son reservadas a los acólitos instituidos, como purificar los vasos sagrados tras la comunión en ausencia del diácono (IGMR 192).
Estos fieles, que no han sido instituidos mediante el rito litúrgico, se llaman servidores del altar. Cuando sin niños, se les suele llamar monaguillos (palabra que deriva de monjes pequeños). A esta clase de servicio al altar también pueden ser admitidas niñas o mujeres, según el juicio del Obispo diocesano (Instrucc. Redemptoris Sacramentum 47).
Un servidor del altar o un monaguillo puede serlo de facto en una celebración, pero es más conveniente que se les asigne la función temporalmente por el párroco o el rector de la iglesia mediante una bendición litúrgica (IGMR 107).
Si hay varios acólitos o servidores del altar, deben de distribuirse las funciones entre ellos (IGMR 187). Si hay un solo acólito instituido y también ayudan servidores del altar, el acólito instituido debe de realizar las funciones más importantes (Ídem), como llevar la cruz en las procesiones (188), presentar el libro al celebrante (189), colocar el cáliz y el purificador en el altar (190), incensar al celebrante y al pueblo en ausencia de un diácono (Ídem), extraordinariamente dar la comunión (191) ofrecer el cáliz a los fieles que van a comulgar (Ídem) y purificar los vasos sagrados. Ésta última función es reservada sólo a los acólitos instituidos (192, 247, 249 y 279).
Atendiendo a la función que desempeñan en una celebración, los acólitos y/o servidores del altar pueden recibir algún nombre en específico: turiferario será aquél que porta el incensario o turíbulo; ceroferario aquél que lleva las velas; y cruciferario quien lleva la cruz procesional.
Cumplir con alguna de estas funciones no inhabilita para otras. Por ejemplo, el cruciferario, quien llevó la cruz en la procesión de entrada, posteriormente puede ayudar con el misal o con la preparación del altar.