14/08/2026
SOY LUTERANO
TEMA: EL AMOR QUE ROMPE CADENAS GENERACIONALES
Texto base:
"Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor."
Efesios 6:4
Pastor Alfredo Holguín © 2026
Introducción:
Cuando era niño y adolescente crecí con muchas carencias afectivas.
No recuerdo muchos abrazos, besos o palabras que afirmaran mi valor.
Esa ausencia deja heridas profundas en el corazón humano. Sin embargo, la gracia de Dios tiene el poder de romper los ciclos del pasado.
Hoy doy gracias al Señor porque Él me permitió formar una familia donde puedo expresar el amor que quizás no recibí.
Abrazo y beso a mi nieto Mateo, le digo todos los días que lo quiero y que lo amo.
También he procurado expresar ese mismo amor a mis hijas, Arely y Daysi. No porque sea un padre perfecto, sino porque Cristo ha transformado mi corazón.
La gracia cambia nuestra historia
En la teología luterana sabemos que el pecado ha afectado todas las áreas de la vida humana, incluso las relaciones familiares.
Muchas veces nuestros padres hicieron lo que pudieron con lo que recibieron.
No se trata de juzgarlos, sino de reconocer que todos necesitamos la gracia de Dios.
Cristo vino precisamente para restaurar lo que el pecado destruyó.
"Si alguno está en Cristo, nueva criatura es."
(2 Corintios 5:17).
La gracia no solo perdona nuestros pecados; también nos capacita para vivir de una manera diferente.
El amor también se comunica con acciones
La Biblia nos muestra que Dios no solamente dijo que nos amaba; lo demostró entregando a su Hijo.
"En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero."
(1 Juan 4:10).
Un abrazo, un beso y unas palabras de cariño pueden convertirse en instrumentos mediante los cuales Dios fortalece el corazón de un niño.
Decirle a un hijo o a un nieto: "Te amo", "Estoy orgulloso de ti", "Gracias a Dios por tu vida", puede dejar una huella para toda la vida.
La familia como vocación
Martín Lutero enseñó que la familia es una de las vocaciones más sagradas que Dios ha establecido.
En el hogar aprendemos el amor, el perdón, la oración y la fe.
Cada padre y cada abuelo tienen el privilegio de reflejar el amor del Padre celestial.
Cuando abrazo a Mateo, cuando abrazo a Arely y a Daysi, recuerdo que Dios me abrazó primero mediante Cristo y me recibió como hijo por pura gracia.
Aplicación:
Quizá tú también creciste sin abrazos, sin palabras de afecto o con muchas heridas. Pero en Cristo no estás condenado a repetir esa historia.
El Evangelio nos hace libres para comenzar una nueva generación marcada por el amor, el perdón y la misericordia.
Que nuestros hijos y nietos recuerden no solamente nuestras enseñanzas, sino también nuestros abrazos, nuestras oraciones y nuestro testimonio de fe.
Conclusión:
Hoy doy gracias a Dios porque, aunque mi infancia tuvo carencias afectivas, el Señor escribió una historia diferente. Él me concedió el privilegio de amar a mis hijas Arely y Daysi, y ahora de abrazar, besar y decirle a mi nieto Mateo cuánto lo quiero y cuánto lo amo.
Ese amor no nace de mis fuerzas, sino del amor de Cristo, quien me amó primero y me enseñó que la verdadera herencia que dejamos a nuestra familia no son los bienes materiales, sino un corazón transformado por el Evangelio.
"Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero." (1 Juan 4:19).
Ministro:
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