17/06/2026
🙏
No siempre seré coordinador.
No siempre tendré un cargo.
No siempre seré servidor.
Pero siempre seré su hijo.
Y eso significa más para mí que cualquier título, cualquier tarea, cualquier obra que mis manos alcancen a sostener. Los roles cambian, las temporadas pasan, los nombres en la lista de servicio se renuevan. Lo que no cambia es que un Padre me llamó suyo antes de pedirme nada, y me sostiene aun cuando no estoy sirviendo.
A veces nos envolvemos tanto en hacer la obra de Dios que olvidamos hacer una pausa para escuchar el amor que Él nos asegura: su Espíritu que nos recuerda que somos verdaderamente sus hijos (Rom 8,16). Pero una vez que hemos sentido el toque reconfortante de su amor en la oración, ya nada vuelve a llenarnos igual: solo descansamos cuando permanecemos en íntima comunión con Él.
Antes que servidores, somos hijos. Y ser hijo de Dios es lo más valioso que tenemos.
¿Y si hoy te detienes solo para dejarte amar?