04/04/2026
Reflexión de la Pasión
Noveno momento: El silencio del Día
Después de la muerte de Jesucristo, todo queda en silencio. Ya no hay palabras, no hay milagros, no hay signos visibles. Solo permanece un vacío que pesa, una ausencia que duele. Es un silencio que no tranquiliza, sino que confronta, porque parece que todo ha terminado, que la esperanza se ha apagado.
Este momento toca una experiencia muy profunda del ser humano: cuando Dios parece callar. Cuando no hay respuestas, cuando la fe no se siente, cuando todo parece oscuro. Y ahí surge la tentación de pensar que Dios ya no está, que ha abandonado, que no escucha. Pero el silencio de Dios no es ausencia, es misterio.
El viernes Santo no se cierra con una explicación, se abre a una espera. Un tiempo donde no se ve, pero se sostiene. Donde no se entiende, pero se permanece. Y esa permanencia es una forma de fe más profunda, porque no depende de lo que se percibe, sino de lo que se confía.
En ese silencio, algo está gestándose, aunque aún no sea visible. Y aprender a habitar ese momento, sin huir, sin llenarlo de ruido, es también una forma de amar. Porque hay realidades que no se resuelven con palabras, solo se acompañan con una presencia que, aun en silencio, sigue creyendo.