Capilla San Judas Tadeo. Col 28 de Octubre

Capilla San Judas Tadeo. Col 28 de Octubre Capilla dedicada al Glorioso Apóstol San Judas Tadeo en la Colonia 28 de Octubre, Tampate, Aquismón, SLP:

Reflexión de la PasiónNoveno momento: El silencio del DíaDespués de la muerte de Jesucristo, todo queda en silencio. Ya ...
04/04/2026

Reflexión de la Pasión
Noveno momento: El silencio del Día

Después de la muerte de Jesucristo, todo queda en silencio. Ya no hay palabras, no hay milagros, no hay signos visibles. Solo permanece un vacío que pesa, una ausencia que duele. Es un silencio que no tranquiliza, sino que confronta, porque parece que todo ha terminado, que la esperanza se ha apagado.

Este momento toca una experiencia muy profunda del ser humano: cuando Dios parece callar. Cuando no hay respuestas, cuando la fe no se siente, cuando todo parece oscuro. Y ahí surge la tentación de pensar que Dios ya no está, que ha abandonado, que no escucha. Pero el silencio de Dios no es ausencia, es misterio.

El viernes Santo no se cierra con una explicación, se abre a una espera. Un tiempo donde no se ve, pero se sostiene. Donde no se entiende, pero se permanece. Y esa permanencia es una forma de fe más profunda, porque no depende de lo que se percibe, sino de lo que se confía.

En ese silencio, algo está gestándose, aunque aún no sea visible. Y aprender a habitar ese momento, sin huir, sin llenarlo de ruido, es también una forma de amar. Porque hay realidades que no se resuelven con palabras, solo se acompañan con una presencia que, aun en silencio, sigue creyendo.

Reflexión de la PasiónOctavo momento: Vía Matris En este momento, Virgen María queda en silencio, sin la presencia visib...
04/04/2026

Reflexión de la Pasión
Octavo momento: Vía Matris

En este momento, Virgen María queda en silencio, sin la presencia visible de Jesucristo, pero con todo su dolor vivo en el corazón. Ya no hay cruz que cargar ni cuerpo que sostener, solo queda la memoria, la ausencia, y una herida que no se cierra de inmediato. Es una soledad distinta, más profunda, porque ya no hay nada que hacer, solo permanecer.

El dolor de María no es desesperado, es un dolor que guarda, que medita, que no rompe su relación con Dios. Aunque todo parece terminado, ella no se cierra, no pierde la fe. Permanece abierta al misterio, incluso sin comprenderlo. Y en eso se revela una forma de creer que no depende de ver, sino de confiar.

Este momento toca algo muy humano: cuando después del dolor intenso viene el vacío. Cuando ya pasó todo, pero el corazón sigue cargando lo vivido. Es ahí donde muchos se pierden, donde la fe se enfría o se cuestiona. Pero María enseña otra manera: habitar ese vacío sin huir, sostenerlo sin llenarlo de ruido, confiar incluso cuando no hay señales.

Contemplar la Vía Matris es aprender a vivir el dolor con profundidad, sin negarlo ni dramatizarlo, sino atravesarlo con una fe que permanece. Porque hay momentos en los que amar no es hacer, sino sostener, guardar y esperar… aun cuando todo parezca en silencio.

Reflexión de la PasiónSéptimo momento: La tristeza de la Virgen MaríaEn este momento, María permanece al pie de la cruz ...
03/04/2026

Reflexión de la Pasión
Séptimo momento: La tristeza de la Virgen María

En este momento, María permanece al pie de la cruz y luego ante el cuerpo de su Hijo. No hay palabras que alcancen, no hay consuelo inmediato, solo un dolor profundo que atraviesa todo su ser. No es un sufrimiento lejano, es íntimo, es el de una madre que ve morir a quien ama, y que aun así no se aparta, no huye, no abandona.

Su tristeza no es desesperación vacía, es un dolor habitado por la fe. Aunque no comprende todo, aunque la oscuridad es real, María permanece abierta a Dios. No rompe su confianza, incluso cuando todo parece derrumbarse. Y ahí se revela una forma de fortaleza distinta, silenciosa, que no grita, pero sostiene.

Este momento enseña algo esencial: hay dolores que no se explican, que no se resuelven de inmediato, pero que pueden ser vividos sin perder el sentido. María no elimina el sufrimiento, lo acompaña, lo atraviesa con amor. Y en ese acompañar, su dolor se vuelve también una forma de fidelidad.

Contemplar a María es aprender a estar cuando no hay respuestas, a amar cuando duele, a permanecer cuando todo invita a huir. Porque hay momentos en los que la fe no se demuestra con palabras, sino con la capacidad de no romperse, de seguir confiando incluso en medio de la noche.

Reflexión de la PasiónSexto momento: La Muerte En este momento, Jesucristo no solo muere, se abandona totalmente en el P...
03/04/2026

Reflexión de la Pasión
Sexto momento: La Muerte

En este momento, Jesucristo no solo muere, se abandona totalmente en el Padre. Ya no hay palabra, ya no hay gesto, solo queda la entrega absoluta. Todo lo que podía dar, ya lo ha dado. Y en ese instante final, el amor no disminuye, se vuelve pleno, completo, llevado hasta donde humanamente parece imposible.

La muerte aquí no es solo un hecho biológico, es un acto profundamente espiritual. Es el punto donde el ser humano normalmente se aferra, se resiste, se cierra… pero en Jesús sucede lo contrario: se abre, se entrega, confía. Y eso cuestiona profundamente nuestra manera de vivir, porque muchas veces vivimos reteniendo, protegiendo, asegurando, evitando perder.

Hay algo que desarma en este momento: Jesús no baja de la cruz, no se salva a sí mismo, no responde al dolor con evasión. Permanece hasta el final. Y en ese permanecer, la muerte deja de ser solo tragedia para convertirse en ofrenda. No es el fin del amor, es su forma más pura.

Contemplar este instante es quedarse en silencio ante un misterio que no se impone, pero que toca. Porque en esa entrega total se revela algo que el corazón reconoce, aunque no siempre sepa explicarlo: que amar de verdad implica darse, incluso cuando ya no queda nada, incluso cuando todo parece terminar.

Y quizá ahí, en ese último suspiro, en ese abandono confiado, se esconde una verdad que transforma: que la vida no se pierde cuando se entrega por amor, sino que, de algún modo, comienza a plenificarse.

Reflexión de la PasiónQuinto momento: la crucifixiónEn este momento, Jesucristo es elevado en la cruz, en un acto que, a...
03/04/2026

Reflexión de la Pasión
Quinto momento: la crucifixión

En este momento, Jesucristo es elevado en la cruz, en un acto que, a los ojos humanos, parece derrota total. Está herido, expuesto, sin defensa, rodeado de burlas y rechazo. Todo indica fracaso. Y sin embargo, ahí, en ese extremo, se revela algo que transforma completamente la mirada: el amor llevado hasta el final, sin condiciones, sin retirada.

La cruz no es solo un lugar de sufrimiento, es el lugar donde el amor se vuelve radical. Jesús no responde con odio, no devuelve el mal, no se baja para demostrar poder. Permanece. Y en ese permanecer, perdona, confía y se entrega. Es un amor que no depende de la respuesta del otro, un amor que no se rompe ni siquiera cuando es rechazado.

Este momento confronta profundamente, porque cuestiona nuestras propias formas de amar. ¿Hasta dónde llega nuestro amor? ¿Se sostiene solo cuando es correspondido, cuando es cómodo, cuando no duele? La cruz muestra que el amor verdadero no se mide por la facilidad, sino por la fidelidad, incluso en medio del dolor.

Contemplar la crucifixión no es recrearse en el sufrimiento, es entrar en el misterio de un amor que no tiene medida. Un amor que no evita la entrega, que no huye del sacrificio, y que en lo más oscuro sigue siendo luz. Y ahí, en ese aparente final, comienza a gestarse algo nuevo, aunque aún no se vea.

Reflexión de la PasiónCuarto momento: La cruzEn este momento, Jesucristo carga con la cruz, no solo como un instrumento ...
03/04/2026

Reflexión de la Pasión
Cuarto momento: La cruz

En este momento, Jesucristo carga con la cruz, no solo como un instrumento de muerte, sino como el peso visible de todo aquello que hiere, rompe y cansa al ser humano. No es solo madera, es rechazo, injusticia, dolor acumulado. Y aun así, no se detiene. Avanza, paso a paso, en un camino que no tiene aplausos, pero sí sentido.

La cruz confronta profundamente, porque revela una dimensión que solemos evitar: el sufrimiento no siempre se puede esquivar. Hay cargas que no elegimos, momentos que no entendemos, caminos que no quisimos recorrer. Pero en Jesús, ese peso no se vuelve absurdo, se transforma en lugar de entrega, en espacio donde el amor sigue siendo posible incluso en medio del dolor.

En ese camino, la debilidad no es negada, es asumida. Jesús cae, se levanta, continúa. Y ahí aparece una verdad silenciosa: la fuerza no está en no caer, sino en no dejar de avanzar. No es una fuerza que grita, es una que persevera, que resiste desde dentro, que no renuncia al amor aunque todo pese.

La cruz no es el final, pero sí es el paso necesario por el que el amor se vuelve radical. Y contemplarla no es buscar sufrimiento, sino descubrir que incluso en lo más difícil, la vida puede tener sentido cuando no se deja de amar.

Reflexión de la PasiónTercer momento: Juicio ante PilatosEn este momento, Jesucristo es llevado ante tribunales humanos ...
03/04/2026

Reflexión de la Pasión
Tercer momento: Juicio ante Pilatos

En este momento, Jesucristo es llevado ante tribunales humanos donde la verdad deja de ser el criterio principal. Es juzgado, pero no desde la justicia, sino desde intereses, miedos y conveniencias. Las acusaciones no buscan esclarecer, buscan condenar. Y en ese escenario se revela una de las realidades más duras: cuando el corazón se cierra, incluso la verdad puede ser ignorada.

La figura de Poncio Pilato es especialmente inquietante. Reconoce que no hay culpa en Jesús, pero aun así cede ante la presión. No actúa desde la convicción, sino desde el temor a perder el control, a desagradar, a complicarse. Y en esa decisión aparece una forma de injusticia muy actual: saber lo correcto, pero no hacerlo.

Este momento confronta profundamente, porque no solo habla de quienes acusan, sino también de quienes, pudiendo actuar con verdad, eligen la comodidad. La injusticia no siempre nace del odio abierto, muchas veces nace de la indiferencia, del silencio, de la falta de valentía para sostener lo que es justo.

Y mientras todo esto sucede, Jesús no responde con violencia ni con desesperación. Permanece en silencio, un silencio que no es vacío, sino firmeza. No necesita imponerse para sostener la verdad. Y en ese silencio se revela una forma distinta de fuerza: la que no depende del poder, sino de la fidelidad a lo que es verdadero, incluso cuando todo alrededor parece negarlo.

Reflexión de la PasiónSegundo momento: la negación de Pedro.En este momento, Pedro se enfrenta no solo al miedo exterior...
03/04/2026

Reflexión de la Pasión
Segundo momento: la negación de Pedro.

En este momento, Pedro se enfrenta no solo al miedo exterior, sino a su propia fragilidad interior. Aquel que había prometido fidelidad hasta el final, ahora niega conocer a Jesucristo. No lo hace por maldad, sino por temor, por presión, por no saber sostener lo que antes afirmaba con seguridad. Y ahí se revela una verdad profunda: el ser humano no siempre es fiel a lo que cree ser.

La negación de Pedro no es solo un hecho aislado, es un espejo que confronta. Hay momentos en los que la fe se vuelve incómoda, en los que seguir a Cristo implica riesgo, juicio o pérdida. Y es ahí donde aparece la tentación de ocultar, de callar, de negar. No siempre con palabras, a veces con decisiones, con silencios, con la manera en que vivimos.

Sin embargo, lo más significativo no es solo la caída, sino lo que sucede después. Pedro llora. Y en ese llanto no hay solo culpa, hay conciencia, hay verdad. Es el momento en que deja de justificarse y se reconoce tal como es. Ese dolor no destruye, purifica, porque abre la puerta a algo más profundo que la autosuficiencia: la necesidad de la gracia.

Este momento nos recuerda que la fe no es la ausencia de caídas, sino la capacidad de volver. Que incluso en la negación, Dios no se retira, sino que permanece esperando. Y que reconocer la propia fragilidad no es el final del camino, sino el inicio de una relación más verdadera con Él.

Reflexión de la Pasión del Señor.Primer momento: la traición de Judas.En este primer instante de la Pasión, Jesucristo e...
02/04/2026

Reflexión de la Pasión del Señor.
Primer momento: la traición de Judas.

En este primer instante de la Pasión, Jesucristo entra en una de las experiencias más hondas del corazón humano: ser entregado por alguien cercano y quedar solo cuando más necesita compañía. Judas Iscariote no es un desconocido, es alguien que ha compartido el camino, la mesa y la palabra. Y sin embargo, decide romper ese vínculo, mostrando que la cercanía no siempre garantiza fidelidad.

El abandono de los demás discípulos intensifica ese dolor. No hay defensa, no hay permanencia, solo huida. Y en ese vacío se revela una verdad que incomoda: el ser humano puede prometer mucho, pero en el momento decisivo también puede fallar. La fragilidad no es ajena a la fe, la atraviesa.

Este momento no es solo algo que le sucede a Jesús, es un espejo que interpela. ¿Cuántas veces también nosotros hemos sido Judas, negociando lo que no debería tener precio? ¿Cuántas veces hemos sido de los que huyen cuando el amor exige permanecer? No es una acusación, es una invitación a mirar con honestidad el propio corazón.

Y aun así, Jesús no responde con rechazo ni con odio. Permanece en la entrega, incluso sabiendo lo que viene. Ahí comienza a revelarse un amor que no depende de la respuesta del otro para mantenerse fiel, un amor que sigue siendo amor incluso cuando es traicionado y abandonado.

Reflexión a la Luz del Evangelio.Juan 13, 1-15En el Evangelio de Juan, Jesucristo no enseña desde la altura, enseña desd...
02/04/2026

Reflexión a la Luz del Evangelio.
Juan 13, 1-15
En el Evangelio de Juan, Jesucristo no enseña desde la altura, enseña desde el suelo, desde lo cotidiano, desde lo que muchas veces pasa desapercibido. Se levanta de la mesa, se inclina y comienza a lavar los pies de sus discípulos, entrando en una dimensión profundamente humana, donde el amor no se dice, se hace visible. No es solo un gesto, es una forma de revelarse, una manera concreta de mostrar quién es Dios.

Ese acto rompe nuestras categorías, porque estamos acostumbrados a asociar la grandeza con el poder, con la autoridad, con el reconocimiento. Pero aquí todo se invierte: Dios no se impone, se acerca; no domina, sirve; no se coloca arriba, se pone abajo. Y en ese movimiento hay algo que incomoda, porque nos confronta con nuestras propias formas de entender el éxito, la importancia y el valor de la vida.

Cuando Pedro se resiste, su reacción refleja una tensión muy humana: aceptar un Dios que se abaja implica también replantear nuestra manera de relacionarnos con los demás. No es fácil dejarse amar de esa manera, porque significa reconocer la propia fragilidad, permitir que otro toque aquello que solemos ocultar. Sin embargo, Jesús insiste, porque solo quien se deja alcanzar por ese amor puede comprenderlo de verdad.

El lavatorio de los pies no es una escena para admirar desde lejos, es una invitación directa a vivir desde otra lógica. “Hagan ustedes lo mismo” implica asumir que el amor verdadero se juega en lo concreto, en lo pequeño, en lo que no siempre se ve ni se aplaude. Es ahí donde la fe deja de ser discurso y se vuelve vida, donde el seguimiento de Cristo se vuelve real.

En lo sencillo, en lo cotidiano, en lo aparentemente insignificante, se revela la profundidad de Dios. Y quien se deja tocar por este gesto comienza a descubrir que amar no es elevarse sobre los demás, sino aprender a inclinarse con verdad, con humildad y con una entrega que transforma silenciosamente el mundo.

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