09/09/2024
HOMBRE BUENO Y PACIFICO
Tú, primero, debes vivir en paz para poder apaciguar a los demás. Es más útil un ser humano que trabaja por la paz que uno muy docto. Un hombre dominado por las pasiones, hasta el bien convierte en mal y todo lo cree malo.
El varón bueno y pacífico trasforma todas las cosas en bien. El que vive en paz no duda de nadie; al que está disgustado y malhumorado lo atormenta las sospechas, ni él está tranquilo ni deja sosegar al prójimo. Dice a menudo lo que debería callar y omite lo que convendría hacer. Se fija en lo que deben hacer los demás y descuida el cumplimiento de sus obligaciones.
Sé, ante todo, celoso contigo y sólo después podrás exigir un justo celo de los otros.
Tú sabes muy bien excusar y disimular tus faltas, pero no quieres admitir las disculpas ajenas. Más justo sería que te acusaras a ti mismo y excusaras a tu hermano. Aguanta a los demás si deseas que te soporten a ti.
Mira cuán lejos estás todavía de la verdadera caridad y humildad. Quien las posee sólo se irrita y enoja contra sí mismo y no contra el prójimo. No es mucho mérito convivir con los buenos y con los mansos, ya que esto place a todos y a todos nos gusta vivir en armonía y amar más a los que piensan como nosotros.
Pero tolerar pacíficamente a los malos, a los indisciplinados, a los que se complacen en contradecirnos, es una gracia grande, una hazaña no común y una obra varonil.
Hay algunos que viven en paz consigo mismos y con el prójimo. Y los hay que ni tienen serenidad ellos ni la dejan tener a los demás. Constituyen una carga para los otros y, todavía más pesada, para sí mismos.
Hay también algunos que viven en paz y se esfuerzan en sembrarla entre sus semejantes.
En esta miserable vida, nuestra total tranquilidad consiste más en el humilde sufrimiento que en rechazar contrariedades.
El que más sabe padecer, mayor paz tendrá; vencedor de sí mismo y señor del mundo, será amigo de Cristo y heredero del Cielo.