24/07/2026
Patakí Okana Sodde
Cuenta el patakí que una hija de Oshún vivía cerca de un río y se ganaba la vida lavando ropa. Trabajaba mucho, pero ganaba muy poco. Apenas podía cumplir con sus responsabilidades y, con el paso del tiempo, comenzó a sentirse cansada, frustrada y sin esperanza.
Tenía dos hijos y unos padres que, aunque querían ayudarla, también eran pobres. Muchas veces lloraba a escondidas y llegó a pedirle a Olofin que acabara con su vida, pues sentía que ya no podía seguir soportando aquella situación.
Sus padres le decían que tuviera paciencia y que algún día las cosas cambiarían, pero ella había esperado tanto tiempo que ya no creía en esas palabras.
Un día, mientras se encontraba en el río trabajando, comenzó una fuerte tormenta. La lluvia, los truenos y los relámpagos le impidieron regresar a casa. Desesperada porque no podría cumplir con sus compromisos, volvió a llenarse de rabia y desesperación.
Mientras se refugiaba bajo un árbol, un rayo cayó cerca de ella y la lanzó al río.
En ese momento, un hombre de buena posición que pasaba por el lugar vio lo ocurrido. Sin pensarlo, se lanzó al agua y logró salvarla. Después la llevó a su casa y comenzó a visitarla con frecuencia. Con el tiempo, ambos se enamoraron, se casaron y ella comenzó una nueva vida junto a sus hijos y sus padres, lejos de la pobreza que tanto la había hecho sufrir.
Más adelante, el hombre la llevó ante un Awo, quien le realizó ebó y le dio Ikofá. Él también recibió lo que debía recibir de Orunmila. De esta manera, ella pudo quitarse de encima todo el osorbo que la acompañaba y comenzar una nueva etapa en su vida.
✨ La enseñanza de este patakí es que, aunque una persona pueda sentirse atrapada en una situación que parece no tener salida, nunca debe perder completamente la esperanza. La vida puede cambiar de un momento a otro, pero también es importante buscar orientación, hacer lo que corresponde y atender aquello que puede estar bloqueando nuestro camino.