26/06/2019
" Somos la voz de Dios en las calles. Llevamos un mensaje de advertencia y de
perdón. Aún así, Se burlan de nosotros, nos gritan y niegan con la cabeza.
Agitan los brazos con violencia. Pero continuaremos suplicando por ellos porque
eso es lo que hizo Dios por nosotros. Seremos persistentes y pacientes.
No callaremos. Si nos matan, otros se levantarán en nuestro lugar.
Escucharán nuestro mensaje pero se alejarán. Nos miran con repugnancia y
enfado. No quieren tomar parte en la confrontación con la verdad. «¡No!» dicen,
«¡Es todo mentira!». Nos dan la espalda y huyen lejos de su única esperanza, Se
alejan de su única salvación. No quieren beber de la Fuente de Agua Viva Ni
comer del Pan de Vida. Si les tiras un salvavidas, nadarán hacia otro lado. «¡No
queremos saber nada!», dicen.
Agarran del brazo a sus hijos, que escuchan nuestro mensaje con atención, y se
los llevan a la fuerza. «¡Huid, hijos míos. ¡Corred! tapaos los oídos, no sea que
oigáis las súplicas de un Dios de amor, dejéis vuestros caminos y os volváis a Él».
Dicen: «Nadie nos dirá lo que tenemos que hacer. No tendremos a ningún
señor sobre nosotros. Yo y mi casa ¡iremos al in****no!».
Pero el predicador al aire libre no desfallece. Su voz se escucha en las esquinas y
en las plazas. En medio de los mercados anunciará el maravilloso mensaje de
que si te arrepientes de tu pecado, Dios apartará su ira de ti."