03/08/2026
Postrado ante Ti, Señor, solo puedo decir una palabra: ¡GRACIAS!
Con el corazón profundamente agradecido concluyo estos días de celebración por mis 25 años de sacerdocio.
Gracias a Dios, que me llamó cuando era un joven y que, con infinita paciencia, ha sostenido mi vocación durante estos 25 años.
Gracias a mi familia, a mis hermanos franciscanos, sacerdotes, religiosas, amigos y a cada persona que me acompañó con su presencia, su oración, un abrazo, una llamada o un mensaje.
Mi gratitud también es para quienes recorrieron muchos kilómetros para estar presentes y compartir conmigo este momento tan especial. Su esfuerzo y su cariño fueron un regalo que llevaré siempre en el corazón.
Igualmente agradezco a quienes, por la distancia, el trabajo, la salud u otros compromisos, no pudieron acompañarme físicamente. Sentí muy cerca sus mensajes, llamadas, muestras de cariño y, de manera muy especial, los ramilletes espirituales: las Eucaristías ofrecidas, los rosarios, las horas de adoración, los sacrificios y tantas oraciones. Todo ello fue un regalo inmenso que me sostuvo y acompañó.
También doy gracias por los imprevistos, porque me recordaron que Dios nunca deja de caminar conmigo y que su gracia siempre es más grande que cualquier dificultad.
Hoy mi corazón está lleno de nombres, de rostros y de gratitud.
«Sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de los que lo aman.» (Rm 8,28).
¡Bendito sea Dios! Paz y bien.