Monasterio de la Sagrada Familia

Monasterio de la Sagrada Familia Monasterio de la Sagrada Familia, IVE

Comunidad religiosa de monjes católicos perteneciente al Instituto del Verbo Encarnado y situada en el lugar santo que ha sido la casa de santa Ana, madre de la Virgen María, en Séforis, Tierra Santa. Su fin principal es contribuir a la Evangelización de la cultura con la oración y la penitencia, en el silencio y constante alabanza a Dios.

09/06/2026

🎥 AMO LA SENCILLEZ - FIRMES EN LA DE - P. GABRIEL ZAPATA

📺 https://youtu.be/tKiXQZJOUVw

«Amo tanto la sencillez que me asombro», decía San Francisco de Sales».

En esta reflexión, el P. Gabriel Zapata nos invita a redescubrir esta virtud tan amada por Dios: la sencillez de corazón.

📲 ¡Haz apostolado! Comparte con tus conocidos 🙏

SOBRE EL MATRIMONIO CRISTIANO O SU RENUNCIA POR EL REINO DE LOS CIELOSEl les dijo: "no todos son capaces de esto, sino a...
09/06/2026

SOBRE EL MATRIMONIO CRISTIANO O SU RENUNCIA POR EL REINO DE LOS CIELOS

El les dijo: "no todos son capaces de esto, sino aquéllos a quienes es dado...
(Mt 19, 10)

San Juan Pablo II, papa
..Conviene ahora que volvamos de nuevo a las palabras del Evangelio, en las que Cristo hace referencia a la resurrección: palabras que tienen una importancia fundamental para entender el matrimonio en el sentido cristiano y también «la renuncia” a la vida conyugal “por el reino de los cielos”.

La compleja casuística del Antiguo Testamento en el campo matrimonial no sólo impulsó a los fariseos a ir a Cristo para plantearle el problema de la indisolubilidad del matrimonio (cf. Mt 19, 3-9; Mc 10, 2-12), sino también a los saduceos en otra ocasión para preguntarle por la ley del llamado levirato. Los sinópticos relatan concordemente esta conversación (cf. Mt 22, 24-30; Mc 12, 18-27; Lc 20, 27-40. Aunque las tres redacciones sean casi idénticas, sin embargo, se notan entre ellas algunas diferencias leves, pero, al mismo tiempo, significativas. Puesto que la conversación está en tres versiones, la de Mateo, Marcos y Lucas, se requiere un análisis más profundo, en cuanto que la conversación comprende contenidos que tienen un significado esencial para la teología del cuerpo.

Junto a los otros dos importantes coloquios, esto es: aquel en el que Cristo hace referencia al “principio” (cf. Mt 19, 3-9; Mc 10, 2-12), y el otro en el que apela a la intimidad del hombre (al “corazón”), señalando al deseo y a la concupiscencia de la carne como fuente del pecado (cf. Mt 5, 27-32), el coloquio que ahora nos proponemos someter a análisis, constituye, diría, el tercer miembro del tríptico de las enunciaciones de Cristo mismo: tríptico de palabras esenciales y constitutivas para la teología del cuerpo. En este coloquio Jesús alude a la resurrección, descubriendo así una dimensión completamente nueva del misterio del hombre.

La revelación de esta dimensión del cuerpo, estupenda en su contenido —y vinculada también con el Evangelio releído en su conjunto y hasta el fondo—, emerge en el coloquio con los saduceos, “que niegan la resurrección” (Mt 22, 23); vinieron a Cristo para exponerle un tema que —a su juicio— convalida el carácter razonable de su posición. Este tema debía contradecir “las hipótesis de la resurrección”. El razonamiento de los saduceos es el siguiente: “Maestro, Moisés nos ha prescrito que, si el hermano de uno viniere a morir y dejare la mujer sin hijos, tome el hermano esa mujer y dé sucesión a su hermano” (Mc 12, 19). Los saduceos se refieren a la llamada ley del levirato (cf. Dt 25, 5-10), y basándose en la prescripción de esa antigua ley, presentan el siguiente “caso”: “Eran siete hermanos. El primero tomó mujer, pero al morir no dejó descendencia. La tomó el segundo, y murió sin dejar sucesión, e igual el tercero, y de los siete ninguno dejó sucesión. Después de todos murió la mujer. Cuando en la resurrección resuciten, ¿de quién será la mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer” (Mc 12, 20-23).

La respuesta de Cristo es una de las respuestas-clave del Evangelio, en la que se revela — precisamente a partir de los razonamientos puramente humanos y en contraste con ellos — otra dimensión de la cuestión, es decir, la que corresponde a la sabiduría y a la potencia de Dios mismo. Análogamente, por ejemplo, se había presentado el caso de la moneda del tributo con la imagen de César, y de la relación correcta entre lo que en el ámbito de la potestad es divino y lo que es humano (“de César”) (cf. Mt 22, 15-22). Esta vez Jesús responde así: “¿No está bien claro que erráis y que desconocéis las Escrituras y el poder de Dios? Cuando en la resurrección resuciten de entre los mu***os, ni se casarán ni serán dadas en matrimonio, sino que serán como ángeles en los cielos” (Mc 12, 24-25). Esta es la respuesta basilar del “caso”, es decir, del problema que en ella se encierra. Cristo, conociendo las concepciones de los saduceos, e intuyendo sus auténticas intenciones, toma de nuevo inmediatamente el problema de la posibilidad de la resurrección, negada por los saduceos mismos: “Por lo que toca a la resurrección de los mu***os, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, ¿cómo habló Dios diciendo Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? No es Dios de mu***os, sino de vivos” (Mc 12, 26-27).

Como se ve, Cristo cita al mismo Moisés al cual han hecho referencia los saduceos, y termina afirmando: “Muy errados andáis” (Mc 12, 27).

Cristo repite por segunda vez esta afirmación conclusiva. Efectivamente, la primera vez la pronunció al comienzo de su exposición. Entonces dijo: “Estáis en el error y ni conocéis las Escrituras ni el poder de Dios”: así leemos en Mateo (22, 29). Y en Marcos: “¿No está bien claro que erráis y que desconocéis las Escrituras y el poder de Dios?” (Mc 12, 24). En cambio, la misma respuesta de Cristo, en la versión de Lucas (20, 27-36), carece de acento polémico, de ese “estáis en gran error”. Por otra parte, él proclama lo mismo en cuanto que introduce en la respuesta algunos elementos que no se hallan ni en Mateo ni en Marcos. He aquí el texto: “Díjoles Jesús: Los hijos de este siglo toman mujeres y maridos. Pero los juzgados dignos de tener parte en aquel siglo y en la resurrección de los mu***os, ni tomarán mujeres ni maridos, porque ya no pueden morir y son semejantes a los ángeles e hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección” (Lc 20, 34-36). Por lo que respecta a la posibilidad misma de la resurrección, Lucas — como los otros dos sinópticos — hace referencia a Moisés, o sea, al pasaje del libro del Éxodo 3, 2-6, en el que efectivamente, se narra que el gran legislador de la Antigua Alianza había oído desde la zarza que “ardía y no se consumía”, las siguientes palabras: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob” (Éx 3, 6). En el mismo lugar, cuando Moisés preguntó el nombre de Dios, había escuchado la respuesta: “Yo soy el que soy” (Éx 3, 14).

Así, pues, al hablar de la futura resurrección de los cuerpos, Cristo hace referencia al poder mismo de Dios viviente...

Audiencia General. La teología del cuerpo. Miércoles 11 de noviembre de 1981

¿QUÉ HACER CUANDO NOS FALLAN LOS SENTIDOS?¿Qué hacer cuando nuestros sentidos nos engañan, cuándo fallan?Esta pregunta s...
07/06/2026

¿QUÉ HACER CUANDO NOS FALLAN LOS SENTIDOS?

¿Qué hacer cuando nuestros sentidos nos engañan, cuándo fallan?

Esta pregunta se me vino a la mente mientras reflexionaba delante del Señor y me acordaba de esta parte del himno eucarístico Adoro Te Devote, que dice: “Visus, tactus, gustus, in Te fallitur… En una pequeña reflexión en este domingo, Solemnidad de Corpus Christi para nosotros aquí en Tierra Santa y en tantos otros lugares, mencionaba cómo tantísimas personas le tratan a Jesús en la Eucaristía con una fría indiferencia…
A lo mejor, ellos también se quedan pasmados delante de esta pregunta que lleva el título de estas líneas: ¿Qué hacer cuando nos fallan los sentidos?
Ellos miran a su alrededor, al mundo que los rodea, ven que hay tanta maldad, tanta confusión… su visión parece indicarles un desastre inminente, el fin de todo, quizás… el punto es que, la visión, que justamente da a nuestro cuerpo cierta “estabilidad” para mantenerse de pie y seguir adelante, nos muestra algo a punto de desmoronarse… esto lo podemos percibir también nosotros.
Con el tacto. Estas personas de las que estamos hablando, pueden sentir en viva carne las luchas salvajes para buscar complacerse, cada uno a sí mismo, o a los demás para complacerse a uno, se siente el egoísmo; se siente por otro lado el miedo. Escalofríos que desconciertan y esto, sumado a lo que se ve, conducen a un desespero terrible… Esto quizás también nosotros lo podemos percibir…
Se presenta al paladar un sabor amargo, una especie de caramelo con una muy fina capa dulce que esconde un interior amargo como hiel. El mundo les traga… les insiste que hay que consumir más de este “caramelo” para quitarte el amargo sabor del vacío, del desespero… Quizás también aquí nosotros lo podemos percibir…
Los sentidos nos fallan, podemos experimentar todo esto en nosotros mismos, y es que todavía no he entrado en el ámbito religioso, de la fe… Porque ahí, justamente es dónde más nos damos cuenta de cómo nos fallan los sentidos…
En la Eucaristía: “Visus, tactus, gustus, in Te fallitur…” y delante de este defecto de nuestros sentidos, ¿qué hacer?
Arrodillado delante de la custodia, en uno de los puntos de bendición Eucarística en la sencilla, pero digna, procesión del Corpus que hicimos aquí en nuestro Monasterio este año, se veía por detrás de la Custodia un hermoso y apacible paisaje de fondo, algo casi celestial -me atrevo a decir- se me presentaba a los sentidos…
Pero aquí también me fallan los sentidos… sé que en este mismo momento, en algún otro lugar, el mismo Jesús estaba presente dentro de alguna pequeña custodia o algún sencillo tabernáculo, en alguna iglesia rodeada de destrucción, escombros, ruinas. Sé que en algún otro lugar, los sentidos de otras personas estaban fallando también… Quizás miraban a Jesús en la custodia, o en el tabernáculo y el contraste entre lo que contemplaban y lo que les rodea y les toca vivir, puede que les de miedo, les causa desespero… quizás les surge la misma pregunta: “¿Qué hacer si me están fallando los sentidos?” A lo mejor no les está fallando, les está mostrando una realidad desoladora, desesperanzadora, “¿Será real?” “¿Habrá solución?” “¿Me engañan mis sentidos, qué hago?”
Seguramente hay una respuesta para esto… hasta aquí, no he escrito nada más que ideas o pensamientos “demasiado inmanentes” o “mundanos” o “naturales”… quizás… pero la respuesta a la pregunta que me hice al comienzo, tengo plena confianza de que no la encontraría en este plano (inmanente, mundano, natural). ¡Es necesario trascenderlo!
¿Qué hacer cuando nos fallan los sentidos? La respuesta “eucarísticamente” correcta, si es que podemos acuñar este término, está en las tres virtudes que justamente transcienden lo humano, lo natural, las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza, Caridad.
Mis sentidos me engañan: Visus, tactus, gustus, in Te fallitur… arrodillado, yo, delante de Jesús expuesto en una Custodia mirando al fondo un valle de Galilea, o al fiel que devotamente mira a Jesús desde una infinitud de escombros y ruinas, o el Papa con una multitud de más de medio millón de personas por detrás, miramos a un “pan” blanco, inamovible, que no habla, que no escucha, que no nos toca… ¡Pero no! ¡Definitivamente que no! Hay algo…
Algo me dice que dentro de este pequeño círculo de cristal, hay algo -o mejor, Alguien- que merece respeto, adoración, alabanza... ¿Qué es lo que me dice esto? La FE…
Creemos que no es un “pan” cualquiera, pero que es “El Pan Vivo” que ha bajado del cielo para quedarse con nosotros, para darnos vida, y vida en abundancia, que brota y nos conduce hasta la eternidad…
Cuando nos fallan los sentidos, esta fe nos conduce automáticamente a una ESPERANZA viva, pues no puede ser en vano que hacemos todo lo que hacemos para el Pan Vivo, para el que es el Pan de los Ángeles… Él nos prometió algo más, nos prometió el cielo, la fe me lleva a esperar vivamente el cumplimiento de esta promesa…
Y mientras pasa todo esto, mientras nos siguen fallando los sentidos, la fe y la esperanza nos invitan al AMOR… A amar a este Dios que nos habla desde un silencio profundo, que nos mira desde una Custodia aquí en nuestro Monasterio, o desde un Sagrario en la guerra, o delante de miles de jóvenes en una plaza bajo el sol y el calor sofocante de una tarde de verano madrileña; nos invita a amar a un Dios que parece gustarle estos juegos de contraste con los sentidos, que le gusta desacreditar a los sentidos y muchas veces nos hace “perder el sentido” real de las cosas…
Por esto, cuando nos fallan los sentidos, debemos creer, esperar y amar… El objeto directo de estos tres verbos es Jesús en la Eucaristía, es Jesús en el Augusto Sacramento, es, en definitiva, Dios mismo, pero que no podemos ver porque visus, tactus, gustus, in Te fallitur…

P. Harley Carneiro, IVE

"La Eucaristía, infundiendo en el corazón del hombre una nueva energía -el amor sobrenatural-, refuerza, encauza y purif...
07/06/2026

"La Eucaristía, infundiendo en el corazón del hombre una nueva energía -el amor sobrenatural-, refuerza, encauza y purifica el afecto humano, haciéndolo más sólido y más auténtico. Cuando tiene a Dios en su pecho, todo el hombre queda armonizado en sí mismo... En el sacramento divino, el Señor está sumido en el silencio para esucharnos"
San Juan XXIII

¡Muy feliz Domingo de Corpus Christi!

''EUCARISTÍA: REALIZACIÓN DE LAS MÁXIMAS ASPIRACIONES DEL HOMBRE''San Alberto HurtadoFuente de vida cristiana. Ya que el...
07/06/2026

''EUCARISTÍA: REALIZACIÓN DE LAS MÁXIMAS ASPIRACIONES DEL HOMBRE''
San Alberto Hurtado

Fuente de vida cristiana. Ya que el cristianismo no es tanto una ética, como el protestantismo, ni una filosofía, ni una poesía, ni una tradición, ni una causa externa, sino la divinización de nuestra vida o, más bien, la transformación de nuestra vida en Cristo, para tener como suprema aspiración hacer lo que Cristo haría en mi lugar; esa es la esencia de nuestro cristianismo.

Y la esencia de nuestra piedad cristiana, lo más íntimo, lo más alto y lo más provechoso es la vida sacramental, ya que mediante estos signos exteriores, sensibles, Cristo no sólo nos significa, sino que nos comunica su gracia, su vida divina, nos transforma en Sí [mismo]. La gracia santificante y las virtudes concomitantes…

La gran obra de Cristo, que vino a realizar al descender a este mundo, fue la redención de la humanidad. Y esta redención en forma concreta se hizo mediante un sacrificio. Toda la vida del Cristo histórico es un sacrificio y una preparación a la culminación de ese sacrificio por su inmolación cruenta en el Calvario. Toda la vida del Cristo místico no puede ser otra que la del Cristo histórico y ha de tender también hacia el sacrificio, a renovar ese gran momento de la historia de la humanidad que fue la primera Misa, celebrada durante veinte horas, iniciada en el Cenáculo y culminada en el Calvario…

Ahora bien, la Eucaristía es la apropiación de ese momento, es el representar, renovar, hacernos nuestra la Víctima del Calvario, y el recibirla y unirnos a ella. Todas las más sublimes aspiraciones del hombre, todas ellas, se encuentran realizadas en la Eucaristía:

La Felicidad

El hombre quiere la felicidad y la felicidad es la posesión de Dios. En la Eucaristía, Dios se nos da, sin reserva, sin medida; y al desaparecer los accidentes eucarísticos nos deja en el alma a la Trinidad Santa, premio prometido sólo a los que coman su Cuerpo y beban su Sangre (cf. Jn 6,48ss).

Cambiarse en Dios

El hombre siempre ha aspirado a ser como Dios, a transformarse en Dios, la sublime aspiración que lo persigue desde el Paraíso. Y en la Eucaristía ese cambio se produce: el hombre se transforma en Dios, es asimilado por la divinidad que lo posee; puede con toda verdad decir como San Pablo: “ya no vivo yo, Cristo vive en mí” (Gal 2,20); y cuando el que viene a vivir en mí es de la fuerza y grandeza de Cristo, se comprende que es Él quien domina mi vida, en su realidad más íntima.

Hacer cosas grandes

El hombre quiere hacer cosas grandes por la humanidad… por hacer estas cosas los hombres más grandes se han lanzado a toda clase de proezas, como las que hemos visto en esta misma guerra; pero, ¿dónde hará cosas más grandes que uniéndose a Cristo en la Eucaristía? Ofreciendo la Misa salva la raza y glorifica a Dios Padre en el acto más sublime que puede hacer el hombre: opone a todo el dique de pecados de los hombres, la sangre redentora de Cristo; ofrece por las culpas de la humanidad, no sacrificios de animales, sino la sangre misma de Cristo; une a su débil plegaria la plegaria omnipotente de Cristo, que prometió no dejar sin escuchar nuestras oraciones y ¡cuándo más las escuchará que cuando esa plegaria proceda del Cristo Víctima del Calvario, en el momento supremo de amor…! He aquí, pues, nuestra oración perfectísima. Nuestra unión perfectísima con la divinidad. La realización de nuestras más sublimes aspiraciones.

Unión de caridad

En la Misa, también nuestra unión de caridad se realiza en el grado más íntimo. La plegaria de Cristo “Padre, que sean uno… que sean consumados en la unidad” (Jn 17,22-23), se realiza en el sacrificio eucarístico. Al unirnos con Cristo, a quien todos los hombres están unidos: los justos con unión actual; los otros, potencial.

Hacer de la Misa el centro de mi vida. Prepararme a ella con mi vida interior, mis sacrificios, que serán hostia de ofrecimiento; continuarla durante el día dejándome partir y dándome… en unión con Cristo.

¡Mi Misa es mi vida, y mi vida es una Misa prolongada!

Después de la comunión, quedar fieles a la gran transformación que se ha apoderado de nosotros. Vivir nuestro día como Cristo, ser Cristo para nosotros y para los demás:

¡Eso es comulgar!

ES SU AMOR LO QUE NOS CONVOCA, LO QUE NOS UNEHomilía Corpus Christi (...) En este día de la Solemnidad de Corpus, el Cue...
06/06/2026

ES SU AMOR LO QUE NOS CONVOCA, LO QUE NOS UNE
Homilía Corpus Christi

(...) En este día de la Solemnidad de Corpus, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, queremos reconocer y celebrar a Cristo presente entre nosotros. Y por eso salimos a la calle, para manifestar al mundo nuestra fe, para dar testimonio y para llegar con el misterio de la Presencia de Cristo a todos.

Es verdad que hay varias formas de la Presencia de Jesucristo en medio de nosotros, en la Iglesia y en el mundo. San Papa Pablo VI habló de estos modos indicando algunos de ellos:

Presente está Cristo en su Iglesia que ora, porque es él quien ora por nosotros, ora en nosotros y a Él oramos: ora por nosotros como Sacerdote nuestro; ora en nosotros como Cabeza nuestra y a Él oramos como a Dios nuestro. Y Él mismo prometió: «Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

Presente está Él en su Iglesia que ejerce las obras de misericordia, no sólo porque cuando hacemos algún bien a uno de sus hermanos pequeños se lo hacemos al mismo Cristo, sino también porque es Cristo mismo quien realiza estas obras por medio de su Iglesia, socorriendo así continuamente a los hombres con su divina caridad.

Presente está en su Iglesia que peregrina y anhela llegar al puerto de la vida eterna, porque Él habita en nuestros corazones por la fe y en ellos difunde la caridad por obra del Espíritu Santo que Él nos ha dado.

Está también presente en su Iglesia que predica, puesto que el Evangelio que ella anuncia es la Palabra de Dios, y solamente en el nombre, con la autoridad y con la asistencia de Cristo, Verbo de Dios encarnado, se anuncia, a fin de que haya una sola grey gobernada por un solo pastor.

Presente está en su Iglesia que rige y gobierna al pueblo de Dios, puesto que la sagrada potestad se deriva de Cristo, y Cristo, Pastor de los pastores, asiste a los pastores que la ejercen, según la promesa hecha a los Apóstoles.

Además, de modo aún más sublime, está presente Cristo en su Iglesia que en su nombre ofrece el sacrificio de la misa y administra los sacramentos. Pero es muy distinto el modo, verdaderamente sublime, con el cual Cristo está presente a su Iglesia en el sacramento de la Eucaristía, que por ello es, entre los demás sacramentos, el más dulce por la devoción, el más bello por la inteligencia, el más santo por el contenido; ya que contiene al mismo Cristo y es como la perfección de la vida espiritual y el fin de todos los sacramentos.

Hermanos, en la Eucaristía, Cristo está verdaderamente presente entre nosotros –y por su Cuerpo y su Sangre, nos hace a todos Iglesia– somos Iglesia y vivimos en comunión, unidos en Cristo.

La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: «He aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única. (San Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, 1).

Este es el gran misterio que celebramos hoy. Un Misterio grande, Misterio de misericordia, misterio de amor. ¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega «hasta el extremo» (Jn 13, 1), un amor que no conoce medida. [San Juan Pablo II, ibid. n. 11].

El amor de Dios no conoce medida. San Agustín dice que “la medida del amor es el amor sin medida”. Amar sin límites –así nos ama Dios, y así Dios nos llama a vivir– a compartir su amor con los demás. Es su amor lo que nos convoca, lo que nos une, lo que nos hace una única familia, amor que crea la Iglesia, la comunión del amor.

Papa León XIV, 2020 – Catedral de Chiclayo, Perú.

“Ustedes envidian la oportunidad de la mujer que tocó las vestimentas de Jesús, de la mujer pecadora que lavó sus pies c...
06/06/2026

“Ustedes envidian la oportunidad de la mujer que tocó las vestimentas de Jesús, de la mujer pecadora que lavó sus pies con sus lágrimas, de las mujeres de Galilea que tuvieron la felicidad de seguirlo en sus peregrinaciones, de los Apóstoles y discípulos que conversaron con Él familiarmente, de la gente de esos tiempos, quienes escucharon las palabras de Gracia y Salvación de sus propios labios. Ustedes llaman felices a aquellos que lo miraron ... mas, vengan ustedes al altar, y lo podrán ver, lo podrán tocar, le podrán dar besos santos, lo podrán lavar con sus lágrimas, le podrán llevar con ustedes igual que María Santísima.”

San Juan Crisóstomo

05/06/2026

Address

Zippori

Opening Hours

Tuesday 08:45 - 12:30
15:15 - 18:00
Wednesday 08:45 - 12:30
15:15 - 18:00
Thursday 08:45 - 12:30
15:15 - 18:00
Friday 08:45 - 12:30
15:15 - 18:00
Saturday 08:45 - 11:45
Sunday 09:15 - 12:30
16:00 - 18:00

Telephone

+972542268705

Alerts

Be the first to know and let us send you an email when Monasterio de la Sagrada Familia posts news and promotions. Your email address will not be used for any other purpose, and you can unsubscribe at any time.

Contact The Place Of Worship

Send a message to Monasterio de la Sagrada Familia:

Share