24/05/2026
Muchas personas se preguntan: “¿Cómo sé si Dios me está hablando?”. La verdad es que Él sí se comunica con nosotros, solo que no siempre de la manera en que lo imaginamos. A veces esperamos una señal espectacular o una voz del cielo, pero Dios prefiere hablar en lo sencillo, en lo profundo y en el silencio.
Nos habla, ante todo, a través de Su Palabra. La Biblia no es un libro común; es el medio donde un versículo llega en el instante preciso para responder a preguntas que nadie más conocía. También nos guía a través de la paz o la inquietud del corazón. Hay decisiones donde, aunque todo parezca perfecto por fuera, algo por dentro no está tranquilo; y otras donde, en medio de la incertidumbre, experimentas una paz inexplicable. Dios suele guiar así.
Él habla en los procesos: en las puertas que abre y en las que decide cerrar. Aunque no lo entendamos de inmediato, el tiempo nos demuestra que nos estaba protegiendo o redirigiendo hacia algo mejor. Incluso usa a personas, canciones, oraciones o situaciones inesperadas para confirmar lo que tanto necesitábamos escuchar.
¿Cómo aprendemos a escucharlo? Buscándolo. Mientras más tiempo pasas con alguien, más fácil te resulta reconocer su voz; lo mismo pasa con el Creador: el corazón aprende a distinguir Su susurro. Dios no trae confusión, manipulación ni miedo; Él corrige con amor, pero siempre infunde paz, dirección y convicción. Y si hoy sientes que guarda silencio, recuerda que el silencio no es ausencia: aun ahí, Él sigue obrando. Porque Dios todavía habla, y quien se acerca con un corazón sincero, descubre que nunca estuvo tan lejos como pensaba. 🤍