Iglesia Adventista del Séptimo día Fuente de Luz

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10/06/2023

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4 DE FEBRERO  2023«Estarás delante de mí»«Por tanto, así dijo Jehová: “Si te conviertes, yo te restauraré y estarás dela...
04/02/2023

4 DE FEBRERO 2023
«Estarás delante de mí»
«Por tanto, así dijo Jehová: “Si te conviertes, yo te restauraré y estarás delante de mí»» (Jeremías 15:19).
Crecí en una iglesia donde, quien no fuera diácono, no podía tocar el ventilador, porque ese aparato era sagrado; y si una mujer tenía la menstruación, no podía subir a la plataforma de la iglesia, porque la plataforma era sagrada.
Siendo ya pastor, le pregunté en una ocasión a una hermana de esa misma iglesia por qué enterraba el pan que había sobrado en la Santa Cena, y me dijo que lo hacía porque ese pan era sagrado. Supongo que hemos llegado a esas «santas» conclusiones al comparar nuestros templos de hoy con el antiguo santuario judío, puesto que allí había aceite santo, incienso santo, fuego santo… Si el pueblo de Israel tenía sus objetos santos, ¡nosotros no podemos quedarnos atrás! Creo que merece la pena echar un vistazo al concepto bíblico de la santidad.
Ciertamente las Escrituras nos advierten de no mezclar lo santo con lo profano: Moisés nos exhorta a «discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio» (Levítico 10: 10), puesto que la persona que se equivocara en esto simplemente sería «eliminada de su pueblo» (Levítico 19:8). No obstante, hemos de entender
que nuestra vida no está centrada en un santuario físico, como sucedía con los israelitas. Ahora el mayor énfasis no está en el objeto, sino en la persona. Aunque desde la época del Antiguo Testamento ya era así, el Nuevo Testamento abordó el asunto con mayor claridad.
Por ejemplo, el apóstol Pablo escribió «a los santos y fieles» de Éfeso (Efesios 1:1), «a los santos y fieles» de Colosas (Colosenses 1: 2), «a los llamados a ser santos» en Roma y en Corinto (Romanos 1: 7; 1 Corintios 1: 2). Además, pidió que su Carta a los de Tesalónica fuera leída «a todos los santos hermanos» (1 Tesalonicenses 5: 27). No hay duda de que el énfasis de Pablo con respecto a la santidad está en la persona.
En vez de empeñarnos tanto en velar por la santidad de los objetos, lo que debiéramos hacer es empeñarnos por vivir como lo que somos en Cristo: gente santa.
Nuestra mayor preocupación no debería ser la santidad de la ropa, sino la santidad del templo del Espíritu, que somos nosotros.
Reconozco que no siempre estamos a la altura de ese llamamiento a la santidad, que más de una vez hemos sido incapaces de separar lo precioso de lo vil. Si ese es nuestro caso, entonces he aquí esta maravillosa y grandísima promesa: «Por tanto, así dijo Jehová: «Si te conviertes, yo te restauraré y estarás delante de mí”» (Jeremías 15:19).
Y cuando estemos ante su presencia, disfrutaremos «la hermosura de la santidad» (Salmo 29: 2).

31 DE ENERO 2023«Te entregaré tesoros escondidos»«Yo te entregaré tesoros escondidos, riquezas guardadas en lugares secr...
31/01/2023

31 DE ENERO 2023
«Te entregaré tesoros escondidos»
«Yo te entregaré tesoros escondidos, riquezas guardadas en lugares secretos, para que sepas que yo soy el Señor» (Isaías 45: 3, DHH).
En el año 2010, Fenn Forrest, un magnate y excéntrico coleccionista de arte, escondió un cofre repleto de «cientos de piezas de oro y rubíes, ocho esmeraldas, dos zafiros de Ceilán, muchos diamantes, dos antiguas tallas de jade chinas y pulseras de oro precolombino…», valorado en dos millones de dólares. ¿Para qué? «Para que la gente se levante de sus sofás», según él mismo explicó. A fin de que los interesados pudieran encontrar este tesoro, dejó nueve pistas en un poema de veinticuatro versos, que publicó en el libro que contiene sus memorias: The Thrill of the Chase [La emoción de la búsqueda].
¡Y la gente se movió del sofá! Más de sesenta mil personas se lanzaron a la búsqueda del tesoro escondido. Muchos dejaron sus trabajos, otros gastaron todo lo que tenían e incluso hubo quienes murieron en el intento. Finalmente, en el año 2020, el mismo Forrest aseguró que un hombre había encontrado el tesoro en las Montañas Rocosas.
Esto me recuerda que Jesús dijo que el reino de Dios es como un «tesoro escondido», y que cuando uno lo encuentra debería estar dispuesto a vender «todo lo que tiene» (Mateo 13:44) con tal de adquirirlo. Pero ¿estamos interesados en encontrar el tesoro celestial? ¿O nos interesan más los tesoros terrenales? Creo que aquellos que se empeñaron en encontrar el tesoro de las Montañas Rocosas deberían inspirarnos pero no a ir tras las riquezas, sino a darle prioridad y relevancia al tesoro divino (el único y verdadero tesoro).
El profeta Isaías, inspirado por Dios, dejó escrita para nosotros esta extraordinaria promesa: «Yo te entregaré tesoros escondidos, […] para que sepas que yo soy el Señor» (Isaías 45: 3, DHH). Esos «tesoros escondidos» están a nuestro alcance a través de Cristo, puesto que en él «están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Colosenses 2: 3).
Si hubo gente que arriesgó hasta su vida para encontrar el tesoro de Fenn Forrest, ¿por qué nos resulta tan complicado entender que nada es más valioso que el tesoro del reino de los cielos? El tesoro terrenal se corrompe, se pierde, es pasajero… Lo más sabio es convertirnos en buscadores incansables de los tesoros del cielo, «donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar» (Mateo 6: 20, NVI).

30 DE ENERO 2023«Ni se hallará engaño en su boca»«El remanente de Israel; no cometerá iniquidad, no dirá mentiras, ni se...
30/01/2023

30 DE ENERO 2023
«Ni se hallará engaño en su boca»
«El remanente de Israel; no cometerá iniquidad, no dirá mentiras, ni se hallará engaño en su boca» (Sofonías 3:13, NVI).
Resulta interesante que todo el sufrimiento que hoy nos abate comenzara con una antigua y simple exageración por parte de la serpiente en el Edén: «¿Así que Dios les ha dicho que no coman del fruto de ningún árbol del jardín?» (Génesis 3:1, DHH). ¿Pero era eso realmente lo que el Señor había dicho? ¿No comer del fruto de ningún árbol del jardín?
Fijémonos bien en lo que dice Génesis 2:16, 17: «Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: “De todo árbol del huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás”». Solamente había un árbol del cual nuestros primeros padres no podían comer: el árbol del conocimiento del bien y del mal. Sin embargo, Satanás exageró y dijo que no se podía comer de «ningún árbol».
Eva, en su afán por ganarle el punto al diablo, respondió a la exageración de la serpiente con otra exageración: «Podemos comer del fruto de cualquier árbol, menos del árbol que está en medio del jardín. Dios nos ha dicho que no debemos comer ni tocar el fruto de ese árbol, porque si lo hacemos, moriremos» (Génesis 3: 2, 3, DHH). ¡¿Ni comer ni tocar?! Pero si no había en la prohibición divina nada relacionado con «tocar». Sin embargo, Eva exageró las cosas, le añadió el verbo «tocar» y lo presentó como una orden expresa del Señor. Y ya todos conocemos lo que sucedió después…
¡Qué peligroso es pensar que la exageración es solo un pequeño recurso retórico en el que simplemente se agrega algo a lo que es verdadero sin que por ello quede afectada la verdad! Sin duda, la exageración no solo es pecado, sino que fue lo que dio pie a la entrada del pecado en nuestro mundo.
Haríamos bien en recordar las célebres palabras del Señor: «Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado» (Mateo 12: 37). Lo que decimos está labrando, para bien o para mal, nuestra ruta hacia la eternidad.
Elena G. de White señala: «Solo Dios mide y conoce el resultado del modo de hablar descuidado y exagerado» (La voz: su educación y uso correcto, cap. 25, p. 142).
Aunque hemos de admitir que nos cuesta poder «domar la lengua» (Santiago 3: 8), Dios ha prometido capacitarnos para que en nosotros no se halle «lengua engañosa» (Sofonías 3:13). Ojalá que esta promesa sea una realidad en nuestra vida y digamos «¡no!» a la exageración.

El hermoso templo que nos obsequió El Señor💒Dirección: Nuestra iglesia está ubicada en Col. El Pedregalito.  Atrás de Fo...
30/01/2023

El hermoso templo que nos obsequió El Señor💒
Dirección: Nuestra iglesia está ubicada en Col. El Pedregalito. Atrás de Food Mall en el área de Comayagüela.
Horarios de culto:
Sábados: 8:45am- 12m
Viernes: 5:30pm-7pm
Si deseas pedir oración, consejería o una visita en tu hogar puedes dejarnos un mensaje y con mucho gusto te ayudaremos🫂❤️
"Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos.Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios,Que habitar en las moradas de maldad."
(Salmos 84:10)

29 ENERO 2023«Yo estaré contigo cuando hables»«Yo estaré contigo cuando hables, y te enseñaré lo que debes decir» (Éxodo...
29/01/2023

29 ENERO 2023
«Yo estaré contigo cuando hables»
«Yo estaré contigo cuando hables, y te enseñaré lo que debes decir» (Éxodo 4:12, DHH).
En el año 2016, tras finalizar un seminario en un congreso de jóvenes, un muchacho me pidió que le firmara un ejemplar de mi libro Visita mi muro. Mientras lo firmaba, el joven aprovechó para lanzarme una tremenda pregunta: «Pastor, acabo de completar la lectura de su libro y me he preguntado, ¿pone usted en práctica todo lo que ha escrito?». Tras pensar unos segundos, le respondí: «No, lamentablemente no siempre pongo en práctica todo lo que escribo. Más bien, escribo para motivarme a mí mismo a estar a la altura de las verdades que comparto con los lectores».
Tal vez mi respuesta inquietó un poco al joven, ya que probablemente él esperaba escuchar de mis labios que definitivamente existe una innegociable sintonía entre mi vida y mis escritos. Sin embargo, no quise ceder a mi congénita hipocresía, y decidí responder diciendo lo que soy: un ser humano lleno de imperfecciones infinitas e irritantes.
En su Segunda Carta a los Corintios, Pablo declaró que «no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor» (2 Corintios 4: 5), y luego agregó que somos como «vasos de barro» (versículo 7). A diferencia de un vaso de bronce o de plata, el de barro es débil, se quiebra con facilidad, es desechable; pero lo sorprendente es que el Señor decidió colocar su «tesoro» en nosotros, «vasos de barro», «para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros» (2 Corintios 4: 7). ¿Y cuál es el tesoro? ¡El evangelio de salvación!
El poder no radica en nosotros, sino en Dios, que nos ha dado el extraordinario privilegio de compartir su Palabra. Si nuestra labor contribuye con la edificación de alguien, no es porque nosotros seamos fuertes y dignos, sino porque Dios, por su gracia, ha decidido usarnos a pesar de nuestra indignidad. La grandeza no radica en los mensajeros, sino en el mensaje de un evangelio que «es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree» (Romanos 1:16).
Como Moisés, Jeremías, Isaías o Pablo, cualquiera de nosotros puede sentir que no está a la altura del solemne llamamiento que ha recibido en Cristo, que su vida refleja una inmensa debilidad. Si esa es tu experiencia, he aquí la promesa divina que necesitas entender: «Yo estaré contigo cuando hables, y te enseñaré lo que debes decir» (Éxodo 4:12).
¡Qué esperanzador es saber que el poder radica en el Dios que nos ha dado el mensaje, no en el mensajero que recibe el encargo de transmitirlo a un mundo en tinieblas!

28 ENERO 2023Yo estoy contigo  sábado, 28 ene. 2023  El temor de las parteras  Además, como las parteras temían a Dios, ...
28/01/2023

28 ENERO 2023
Yo estoy contigo
sábado, 28 ene. 2023
El temor de las parteras

Además, como las parteras temían a Dios, él les concedió su propia familia. Éxodo 1:21, NTV.

Cuando las parteras fueron interrogadas por desobedecer al faraón, su explicación pareció lógica y coherente y no fue cuestionada en absoluto. Las mujeres hebreas eran obligadas a realizar duras faenas al igual que los varones, habían desarrollado tal fortaleza que hasta el parto les parecía menos doloroso que la ardua labor a la que eran obligadas. Se volvieron robustas en medio de la servidumbre, de modo que no necesitaban tanta atención de las parteras, o estas quizá retardaban deliberadamente su llegada al momento del parto. En todo caso, estas mujeres jugaron un papel de intercesoras, arriesgando sus vidas para proteger a un pueblo.
Alguien podría cuestionar si Dios bendijo a las parteras por haber mentido al faraón, pues usaron la ética situacional, la cual sostiene que cualquier acción es justificada si el fin a alcanzar es noble. En realidad, Dios no premió la mentira de las parteras, sino su fidelidad de salvar la vida de los bebés hebreos. Se cree que las parteras eran mujeres estériles de la misma familia, por lo tanto, no es sorprendente que estas damas se negaran rotundamente a quitarles la vida a quienes representaban su más anhelado deseo.
El acto heroico de Sifra y Fúa, hecho en secreto, no pasó inadvertido a los ojos de nuestro compasivo Dios, sino que, complacido por su obediencia, las recompensó concediéndoles sus propios hijos. Cualquier cosa que hacemos a los demás regresa a nosotras. Procuremos hacer solamente obras de bien y así recibir de vuelta, no solo para nosotras sino para nuestra familia, la bendición retribuida. Lo loable es que estas mujeres no pusieron en riesgo su vida esperando ser premiadas, ellas estaban dispuestas a morir antes que ser desobedientes a Dios.
Ese mismo Dios que se agradó y recompensó a estas mujeres por salvar a los bebés recién nacidos se goza con cada acto de bondad que manifestamos a los pequeñitos de su reino. Algún día esa palabra de ánimo y bondad que dices a otros, esa pequeñita obra de caridad que has hecho y que solo Dios ha notado, será recompensada.
“Jamás se perderá ningún acto de servicio abnegado, no importa cuán pequeño o sencillo sea. Por medio de los méritos de la justicia imputada de Cristo, se preservará eternamente la fragancia de tales palabras y actos” (HHD, p. 272). Renueva hoy tu pacto de bondad hacia los demas.

27 DE ENERO 2023«No haré contigo como tú hiciste»«Yo no haré contigo como tú hiciste, que menospreciaste el juramento pa...
27/01/2023

27 DE ENERO 2023
«No haré contigo como tú hiciste»
«Yo no haré contigo como tú hiciste, que menospreciaste el juramento para invalidar el pacto. Antes bien, yo tendré memoria de mi pacto que concerté contigo en los días de tu juventud, y estableceré contigo un pacto eterno» (Ezequiel 16: 59, 60).
Si hay un capítulo desconcertante en la Biblia, ese es Ezequiel 16, el más largo de dicho libro. Mediante una bien elaborada alegoría, repleta de frases poéticas y de figuras del lenguaje, el Señor expresó su desencanto por la infidelidad de su pueblo. Lo primero que se le pide al profeta es que dé «a conocer a Jerusalén sus abominaciones» (versículo 2), una palabra que se repetirá once veces en el capítulo, y que alude a acciones despreciables, que causan horror y asco. El vocablo hebreo tô ´ebâ se refiere a lo «que es repugnante y aborrecible».
Luego, a lo largo del texto, Dios irá revelando todo lo que considera abominación: fabricar imágenes y fornicar con ellas (versículo 17); sacrificar sus hijos a dioses paganos (versículo 21); incluso ante la inmensa cantidad de fornicaciones con las naciones y dioses extranjeros, el Señor llamó «prostituta» a la nación escogida (versículo 35). Sin embargo, a pesar de sacar a relucir todos los pecados de Jerusalén, el Señor concluye el capítulo con las siguientes palabras: «Yo no haré contigo como tú hiciste, que menospreciaste el juramento para invalidar el pacto» (versículos 59).
Ezequiel aquí nos confronta con el misterio de la fidelidad divina ante la infame infidelidad humana. Mientras nosotros nos alejamos de Dios, él no se aleja de nosotros. Él no es como nosotros, él no nos abandona cuando lo abandonamos. Nosotros violamos el pacto, pero él se mantiene fiel al pacto. Él no hace con nosotros lo que nosotros hacemos con él. A pesar de nuestra maldad, él sigue buscando la manera de hacernos saber que nos perdona.
Una de mis citas favoritas de Elena G. de White, que me parece que resume adecuadamente el mensaje de Ezequiel 16, dice: «A menudo tenemos que postrarnos y llorar a los pies de Jesús por causa de nuestras culpas y equivocaciones; pero no debemos desanimarnos. Aun si somos vencidos por el enemigo, no somos desechados ni abandonados por Dios. No; Cristo está a la diestra de Dios e intercede por nosotros» (Promesas de los últimos días, p. 122).
Nosotros nos hemos alejado de Dios, pero él sigue estando a nuestro lado. No olvides esta promesa en el día de hoy, ni ninguno de los días de tu vida.

26 DE ENERO 2023«Será libertado»«El preso agobiado será libertado pronto; no morirá en la mazmorra ni le faltará su pan»...
26/01/2023

26 DE ENERO 2023
«Será libertado»
«El preso agobiado será libertado pronto; no morirá en la mazmorra ni le faltará su pan» (Isaías 51:14).
Según un artículo publicado en el diario argentino La Nación, un hombre murió tal y como vivió: en esclavitud. Dicho artículo hace referencia a un hombre que vivió hace nada más y nada menos que mil quinientos años. Sus restos asombraron a un grupo de arqueólogos porque «tras un intenso estudio, se determinó que podría tratarse de una persona esclavizada, lo que sería la primera evidencia científica de esclavos» en lo que era el antiguo Imperio romano. Lo que llamó la atención de estos expertos es que el hombre había sido sepultado con los grilletes puestos.
Se sabe que en Roma se solía atar a los esclavos a fin de que no olvidaran que eran personas sin derechos, sujetas a los designios y caprichos de sus dueños. Los amos podían atormentarlos, venderlos, abandonarlos o, incluso, matarlos, y nada de eso era considerado delito. De acuerdo con Michael Marshall, un especialista en hallazgos prehistóricos y romanos del Museo de Arqueología de Londres, que ese hombre haya sido enterrado con grilletes «demuestra que algunas de las consecuencias simbólicas del encarcelamiento y la esclavitud podrían extenderse incluso más allá de la muerte».
Hablando de la obra de Cristo, el libro de Hebreos declara: «Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre» (Hebreos 2:14,15). El texto presenta a Satanás como el emperador de la muerte y a nosotros estando «toda la vida sujetos a [su] servidumbre»; es decir, sujetos a sus grilletes, en la vida y en la muerte.
Sin embargo, la buena noticia es que Cristo nos libró de esa esclavitud destruyendo «al que tenía el imperio de la muerte». Jesús rompió para siempre las cadenas con las que el enemigo nos había mantenido oprimidos y esclavizados. Así que no pasaremos la eternidad arropados por el polvo de la muerte eterna y atados a grilletes eternos, ¡no! En Cristo Jesús, al ser «libertados del pecado», ahora somos «siervos de la justicia» (Romanos 6:18). La maravillosa promesa de Dios para nosotros es esta: «El agobiado será libertado» (Isaías 51: 14). Vivamos como lo que somos: ¡libres en el Señor!

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