29/08/2024
Hoy quiero compartir con ustedes un mensaje de unidad basado en las palabras de nuestro Señor Jesucristo, tal como se encuentran en el Evangelio de Juan 17, 20-21:
“No ruego solo por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.”
En este pasaje, Jesús nos revela su deseo más profundo para todos los creyentes: que seamos uno, como Él y el Padre son uno. Este llamado a la unidad no es solo una aspiración; es un mandato que refleja la naturaleza misma de Dios, quien es comunidad y amor perfecto en la Trinidad.
La unidad a la que Jesús nos llama no es una simple uniformidad o un acuerdo superficial. Se trata de una unidad en el amor, en la verdad, y en el propósito de hacer presente el Reino de Dios aquí en la tierra. Esta unidad es una señal poderosa para el mundo. Cuando vivimos en comunión unos con otros, mostramos al mundo el amor de Dios, un amor que une y que sana.
Pero, ¿cómo podemos vivir esta unidad?
Primero, necesitamos cultivar la humildad y la apertura de corazón. Debemos estar dispuestos a escuchar y a entender a nuestros hermanos y hermanas, a poner sus necesidades por encima de nuestras propias preferencias y deseos. La unidad requiere sacrificio, requiere que nos entreguemos a los demás como Cristo se entregó por nosotros.
Segundo, debemos estar arraigados en la oración. Jesús mismo nos mostró el camino al orar por la unidad de sus discípulos. Oremos continuamente por la unidad de la Iglesia, por la reconciliación de las divisiones y por la construcción de puentes de amor y comprensión.
Y finalmente, debemos vivir de acuerdo con el Evangelio. Nuestro testimonio de unidad solo será creíble si vivimos de acuerdo con los mandamientos de Cristo, amando a Dios con todo nuestro corazón y amando a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Esta es la base de nuestra unidad.
Queridos hermanos y hermanas, la misión de la Iglesia es proclamar el amor de Dios a todas las naciones, y este mensaje es más fuerte cuando estamos unidos. Que podamos responder al llamado de Cristo a ser uno, para que el mundo crea que Dios nos ha enviado. Amén.
Que el Señor nos bendiga y nos dé la gracia de vivir en unidad como movimiento Emaús, en el amor y en la verdad. Amén.
¡Jesucristo ha resucitado! ¡En verdad resucitó!