Pastoral

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05/04/2026
01/04/2026

Una de las preguntas más inquietantes del Evangelio es esta:

Si la traición de Judas ya estaba dentro del plan de Dios…
¿por qué no fue perdonado?

La respuesta no está en la traición…
sino en el corazón.

Dios, en su infinita sabiduría, puede sacar bien incluso del mal.
La Pasión de Cristo estaba anunciada… sí.
Pero eso no significa que Judas estuviera obligado a traicionar.

Aquí entra una verdad clave de la fe católica:
**Dios no quita la libertad humana.**

Judas eligió.
Eligió entregar a Jesús.
Pero también, después, eligió algo aún más grave:

no creer en la misericordia.

Porque el problema no fue solo su pecado…
sino su desesperación.

Mientras Pedro también negó a Jesús, lloró, se arrepintió… y volvió.
Judas, en cambio, se cerró.

No confió.
No esperó.
No regresó.

Y ahí está la diferencia.

Dios siempre está dispuesto a perdonar.
Siempre.

No hay pecado más grande que su misericordia.

Pero el perdón necesita una puerta abierta…
y esa puerta es el arrepentimiento.

Judas no fue rechazado por Dios.
Fue él quien no creyó que podía ser perdonado.

Y esto nos toca profundamente.

Porque muchas veces nosotros también fallamos, caemos, traicionamos con nuestras decisiones…
pero el peligro no es caer.

El peligro es no volver.

Hoy, la historia de Judas no es solo una advertencia…
es una invitación.

A confiar.
A arrepentirnos.
A regresar.

Porque mientras haya vida…
la misericordia sigue abierta.

🙏 Señor, líbranos de la desesperación y danos un corazón humilde que sepa volver a Ti. Que nunca dudemos de tu misericordia, por grande que sea nuestra caída. Amén.

30/03/2026

El silencio se rompió con el aroma.

En Betania, mientras todos estaban sentados a la mesa, María tomó un perfume de nardo puro —costoso, valioso, reservado para momentos únicos— y lo derramó sobre los pies de Jesús. Luego, en un gesto impensable para su tiempo, los secó con su propio cabello.

La casa se llenó de fragancia…
y también de incomodidad.

Judas protestó. Otros pensaron lo mismo: “¡Qué desperdicio!”.
Pero Jesús vio algo que ellos no pudieron ver.

María no estaba “gastando”… estaba amando.

Teológicamente, este gesto es profundamente revelador.

Primero, es un acto de adoración total. María no ofrece algo simbólico o superficial: entrega lo más valioso que tiene. El perfume representa su amor sin medida, sin cálculo, sin reservas. Así ama quien ha comprendido quién es Jesús.

Segundo, es un acto de humildad radical. Ungir los pies era tarea de esclavos. Y usar su cabello —símbolo de dignidad femenina— era un gesto de total entrega. María se abaja porque ha reconocido la grandeza de Cristo.

Tercero, es un acto profético. Jesús mismo lo dice: “Lo ha hecho para mi sepultura”. María, movida por el Espíritu, anticipa la Pasión. Mientras otros aún no comprenden lo que viene, ella ya está amando a Jesús en su entrega redentora.

Y cuarto, es una respuesta al amor recibido. María es la hermana de Lázaro, a quien Jesús resucitó. No ama desde la teoría… ama desde la gratitud. Quien ha experimentado la misericordia, ama así: sin medida.

Aquí está el punto que nos confronta:

Nosotros calculamos.
María se derrama.

Nosotros damos “un poco”.
María lo entrega todo.

Por eso Jesús defiende su gesto: porque el amor verdadero nunca es desperdicio.

Hoy, en una fe muchas veces tibia y cómoda, María nos recuerda que amar a Cristo implica entrega real, visible, incluso incomprendida.

Porque cuando entiendes quién es Él…
ya no te guardas nada.

Reflexión final:
¿Mi amor por Cristo es calculado… o desbordante? Señor, enséñame a amarte como María: sin reservas, sin miedo, sin medida.

30/03/2026

LUNES SANTO ,conocido también como LUNES DE AUTORIDAD, porque el Señor Jesús, en medio del trance de esta semana decisiva, revela en qué radica su autoridad sobre el género humano y toda la creación.

​Hoy recordamos el gesto profundo de María de Betania: ungir los pies de Jesús con perfume precioso.

Ella no escatimó. Entregó lo mejor que tenía.

Hoy, el Lunes Santo nos invita a preguntarnos: ¿Qué es lo mejor que puedo ofrecerle yo a Jesús y a mis hermanos esta semana?

​Que tu aroma de hoy no sea un perfume, sino un gesto. El aroma de la amabilidad, del perdón, de la escucha atenta.

¡Unge tu entorno con unción de amor y consuelo!
​Semana Santa es tiempo de entrega total.

29/03/2026

La multitud gritaba con fuerza:
“¡Hosanna!”

Palmas en alto, alegría, emoción… todo parecía una gran celebración.
Pero hay algo que muchos no saben:

“Hosanna” no empezó como un grito de alabanza… sino como un clamor desesperado.

La palabra viene del hebreo “Hoshia na”, que significa:
“¡Sálvanos ahora!” o “¡Te suplicamos, sálvanos!”

Es decir, cuando el pueblo gritaba “Hosanna” al ver a Jesús entrar en Jerusalén, no solo lo estaba alabando…
le estaba suplicando salvación.

Y aquí está lo impresionante:

Muchos esperaban una salvación política, un Mesías que los liberara del dominio romano.
Pero Jesús venía a ofrecer algo mucho más profundo:
liberarnos del pecado y abrirnos las puertas de la vida eterna.

Por eso, con el tiempo, la Iglesia comenzó a usar “Hosanna” también como un grito de alabanza, especialmente en la Misa:
“¡Hosanna en el cielo!”

Porque quien ha sido salvado… no puede dejar de alabar.

Hoy, cada vez que dices “Hosanna”, estás haciendo dos cosas al mismo tiempo:
Estás reconociendo que necesitas ser salvado…
y estás proclamando que Jesús es quien puede hacerlo.

No es solo una palabra bonita.
Es una oración viva.

¿Cuándo fue la última vez que dijiste “Hosanna” con el corazón… sabiendo que realmente necesitas a Dios?

Bendito el que viene en nombre del Señor ¡¡Hosana!!
29/03/2026

Bendito el que viene en nombre del Señor
¡¡Hosana!!

27/02/2026

Un domingo rezas: “Creo en un solo Dios…”
Otro día escuchas: “Creo en Dios, Padre todopoderoso…”

Y te preguntas: ¿por qué hay dos Credos?

La Iglesia conserva principalmente dos grandes fórmulas de fe: el Credo de los Apóstoles y el Credo Niceno-Constantinopolitano (comúnmente llamado Credo de Nicea).

El Credo de los Apóstoles es el más antiguo en su forma básica. Resume la fe que se transmitía en la Iglesia primitiva y se usaba especialmente en el Bautismo. Es más breve, sencillo y profundamente catequético.

El Credo de Nicea, en cambio, nació en los Concilios de Nicea (año 325) y Constantinopla (381). ¿Por qué? Porque surgieron herejías que negaban la divinidad de Cristo y del Espíritu Santo. La Iglesia respondió definiendo con mayor precisión lo que siempre creyó.

Por eso el Credo de Nicea es más detallado:
“Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero…”
No es repetición poética. Es defensa doctrinal frente al error.

Ambos Credos expresan la misma fe. No se contradicen. Uno es más breve y antiguo en su uso bautismal; el otro es más amplio y solemne, y por eso se reza habitualmente en la Misa dominical.

La Iglesia no cambia la fe. La protege, la formula y la proclama con claridad cuando es necesario.

La próxima vez que reces el Credo, no lo hagas mecánicamente. Estás proclamando verdades por las que muchos dieron su vida.

✝️ Dos fórmulas… una sola fe. Y esa fe es el fundamento que nos sostiene.

El amor duerme... ¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio porque el Rey duerme....
08/04/2023

El amor duerme...

¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio porque el Rey duerme. «La tierra temió sobrecogida» porque Dios se durmió en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios en la carne ha mu**to y el Abismo ha despertado.

Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere absolutamente visitar «a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte». El, que es al mismo tiempo Hijo de Dios, hijo de Eva, va a librar de su prisión y de sus dolores a Adán y a Eva...

🌿TRIDUO PASCUAL ✝️La palabra triduo en la práctica devocional católica sugiere la idea de preparación. A veces nos prepa...
07/04/2023

🌿TRIDUO PASCUAL ✝️

La palabra triduo en la práctica devocional católica sugiere la idea de preparación. A veces nos preparamos para la fiesta de un santo con tres días de oración en su honor, o bien pedimos una gracia especial mediante un triduo de plegarias de intercesión.

El triduo pascual se consideraba como tres días de preparación a la fiesta de pascua; comprendía el jueves, el viernes y el sábado de la semana santa. Era un triduo de la pasión.

En el nuevo calendario y en las normas litúrgicas para la semana santa, el enfoque es diferente. El triduo se presenta no como un tiempo de preparación, sino como una sola cosa con la pascua. Es un triduo de la pasión y resurrección, que abarca la totalidad del misterio pascual. Así se expresa en el calendario:

Cristo redimió al género humano y dio perfecta gloria a Dios principalmente a través de su misterio pascual: muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida.

El triduo comienza el Jueves Santo con la misa vespertina de la cena del Señor, alcanza su cima el Viernes con la celebración de la Pasión de Cristo y cierra con las vísperas del domingo de pascua (Vigilia Pascual en Sábado).

Esta unificación de la celebración pascual es más acorde con el espíritu del Nuevo Testamento y con la tradición cristiana primitiva. El mismo Cristo, cuando aludía a su pasión y muerte, nunca las disociaba de su resurrección. En el evangelio del miércoles de la segunda semana de cuaresma
(Mt 20,17-28) habla de ellas en conjunto: "Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen, y al tercer día resucitará".

Es significativo que los padres de la Iglesia, tanto san Ambrosio como san Agustín, conciban el triduo pascual como un todo que incluye el sufrimiento de Jesús y también su glorificación. El obispo de Milán, en uno de sus escritos, se refiere a los tres santos días (triduum illud sacrum) como a los tres días en los cuales sufrió, estuvo en la tumba y resucitó, los tres días a los que se refirió cuando dijo: "Destruid este templo y en tres días lo reedificaré". San Agustín, en una de sus cartas, se refiere a ellos como "los tres sacratísimos días de la crucifixión, sepultura y resurrección de Cristo".

Esos 3️⃣ tres días, que comienzan con la misa vespertina del jueves santo y concluyen con la oración de vísperas del domingo de pascua, forman una unidad, y como tal deben ser considerados .

🌿Por consiguiente, la pascua cristiana consiste esencialmente en una celebración de tres días, que comprende las partes sombrías y las facetas brillantes del misterio salvífico de Cristo. Las diferentes fases del misterio pascual se extienden a lo largo de los tres días como en un tríptico: cada uno de los tres cuadros ilustra una parte de la escena; juntos forman un todo. Cada cuadro es en sí completo, pero debe ser visto en relación con los otros dos.

Interesa saber que tanto el viernes como el sábado santo, oficialmente, no forman parte de la cuaresma. Según el nuevo calendario, la cuaresma comienza el miércoles de ceniza y concluye el jueves santo, excluyendo la misa de la cena del Señor 1. El viernes y el sábado de la semana santa no son los últimos dos días de cuaresma, sino los primeros dos días del "sagrado triduo".

El es el punto culminante de todo el año litúrgico. Durante el Triduo la Iglesia conmemora los grandes acontecimientos que jalonaron los últimos días del Señor.

La expresión Triduo Pascual aplicada a las fiestas anuales de la Pasión y Resurrección es relativamente reciente, pues no se remonta más allá de los años treinta del siglo XX; pero ya a finales del siglo IV san Ambrosio hablaba de un Triduum Sacrum para referirse a las etapas del misterio pascual de Cristo que, durante tres días .

De este modo, durante los primeros compases de la vida de la Iglesia, la Pascua del Señor se conmemoraba cíclicamente, a partir de la asamblea eucarística convocada el primer día de la semana, día de la resurrección del Señor (dominicus dies) o domingo. Y, muy pronto, apenas en el siglo II, comenzó a reservarse un domingo particular del año para celebrar este misterio salvífico de Cristo. Llegados a este punto, el nacimiento del Triduo Pascual era sólo cuestión de tiempo, cuando la Iglesia comenzase a revivir los misterios de Cristo de modo histórico, hecho que acaeció por primera vez en Jerusalén, donde aún se conservaba la memoria del marco topográfico de los sucesos de la pasión y glorificación de Cristo.

Cada celebración del Triduo presenta su fisonomía particular: la tarde del Jueves Santo conmemora la institución de la Eucaristía; el Viernes se dedica entero a la evocación de la pasión y muerte de Jesús en la cruz; durante el sábado la Iglesia medita el descanso de Jesús en el sepulcro. Por último, en la Vigilia Pascual, los fieles reviven la alegría de la Resurrección.

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