02/06/2026
Hay momentos que quedan grabados en el corazón de una congregación, no por la magnitud del evento, sino por la pureza del espíritu de quienes lo hacen posible. Al mirar esta imagen de celebración en la Misión Cristiana "Pacto de Fe", es imposible no recordar el legado de servicio, devoción y amor incondicional que la hermana Matilde Che sembró entre sus hermanos en Cristo.
Un recuerdo imperecedero de su participación activa nos lleva a un día de fiesta espiritual, similar al que evoca esta fotografía. La hermana Matilde no era de las que buscaba el protagonismo; su liderazgo nacía de la humildad.
El Servicio con Amor y Humildad
Presencia Constante: Ya fuera en la organización de los aniversarios del templo, en la preparación de los altares con ofrendas y flores, o en el recibimiento de las visitas con una sonrisa cálida, ella siempre estaba allí. Su fe no era de palabras, sino de acciones firmes.
Un Corazón Dadivoso: En momentos de gratitud y entrega de bendiciones —como el que se plasma en la imagen, donde la comunidad comparte obsequios y reconocimientos— la hermana Matilde destacaba por su generosidad. Siempre dispuesta a dar lo mejor de sí, a tender la mano al necesitado y a sostener en oración a los pastores y líderes de la iglesia.
Sostén de la Comunidad: Con sus vestes tradicionales, portando con orgullo su identidad y su fe, caminaba el altar no por orgullo, sino por gratitud. Su voz se unía a los coros e instrumentos con una devoción que contagiaba a los más jóvenes, convirtiéndose en un pilar y un ejemplo de perseverancia para las nuevas generaciones.
"Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos." — Salmo 116:15
Hoy, aunque la tristeza embarga a la comunidad por su partida física, queda el consuelo y la certeza de que la hermana Matilde Che partió a los brazos del Señor, habiendo peleado la buena batalla y acabado la carrera con fidelidad. Su recuerdo sigue vivo en cada rincón del templo, en cada alabanza y en el corazón de una iglesia