12/04/2026
Hay encuentros con Dios que no fueron dados para tu comodidad, sino para tu misión. No te visitó para que te encierres en la emoción, sino para que lleves fuego, noticia y verdad. Cuando el alma de verdad lo ve, ya no se queda quieta.
El que realmente se encuentra con Dios no se vuelve espectador. Se vuelve testigo. Sale, habla, sirve, anuncia. Porque la gracia verdadera no te adormece: te pone en camino.