26/05/2026
_DIOS Y YO_
FILIPENSES 2:5.
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.”
_NUESTRO GRAN MODELO A SEGUIR_
La mayoría de los seres humanos seguimos patrones o modelos en nuestra vida; sin embargo, muchas veces dejamos de lado el más grande y perfecto modelo que podemos tener: Jesucristo. El pasaje de hoy nos exhorta claramente a que exista en nosotros el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, invitándonos a mirar su vida, su carácter y su ejemplo, para imitarle con todo nuestro corazón.
Cuando observamos la vida de Cristo, encontramos un modelo perfecto de obediencia, humildad, amor, sumisión y entrega absoluta a la voluntad del Padre. La Escritura nos enseña que, siendo Dios, se humilló a sí mismo y vino a este mundo para rescatarnos. ¡Cuánto necesitamos nosotros esa misma humildad! Vivimos en una sociedad donde muchas veces el orgullo, el egoísmo y el deseo de hacer únicamente nuestra voluntad dominan el corazón humano.
Pero Cristo nos muestra un camino diferente: el camino de la entrega, de la obediencia y del amor verdadero.
El modelo de Cristo refleja todo aquello que hace falta en nuestra generación. Necesitamos aprender a vivir como Él vivió, amar como Él amó y obedecer como Él obedeció. El llamado del apóstol Pablo es profundo y desafiante: “Haya, pues, en vosotros este sentir”. Esto significa permitir que Cristo transforme nuestra manera de pensar, de actuar y de vivir.
Uno de los grandes problemas del ser humano es precisamente su naturaleza egoísta. Muchas veces queremos hacer únicamente lo que deseamos, buscando nuestro beneficio personal antes que la voluntad de Dios. Es allí donde la imitación de Cristo se vuelve un desafío constante, porque para parecernos a Él primero debemos despojarnos de nuestro orgullo, rendir nuestro “yo” y entregar completamente nuestra vida al Señor.
Estimado hermano o amigo, hoy es un buen momento para reflexionar acerca de nuestra condición espiritual.
Tal vez usted ya está procurando imitar a Cristo con su manera de vivir, pero también puede ser que aún esté lejos de ese modelo perfecto que Dios desea para su vida. Lo importante es reconocer nuestra necesidad de Dios y comprender que sin humildad y sin rendición jamás podremos reflejar verdaderamente a Cristo en nosotros.
Seguir el modelo de Jesús no significa alcanzar la perfección humana de un día para otro, pero sí implica caminar diariamente hacia una transformación continua. Cada día podemos crecer más, reflejar mejor el carácter de Cristo y permitir que la imagen de Dios sea formada en nuestra vida.
Qué maravilloso es saber que tenemos un modelo perfecto a quien seguir. Jesucristo sigue siendo el ejemplo supremo para todo creyente. Mientras más nos acerquemos a Él, más nuestra vida será transformada y más podremos parecernos a nuestro Salvador.
Que hoy podamos decir con sinceridad: “Señor, quiero vivir como Tú viviste y seguir Tu ejemplo cada día de mi vida.”
Que Dios les bendiga, amados hermano.
_Pastores Marroquín_