20/08/2026
𝐅𝐨𝐫𝐦𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧, 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐲 𝐦𝐮𝐥𝐭𝐢𝐩𝐥𝐢𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧:
𝐉𝐮𝐚𝐧 𝟏𝟕:𝟏𝟕-𝟏𝟗
Jesús, pocas horas antes de ir a la cruz, hizo una oración por sus discípulos. Y en ella encontramos un llamado profundo para nuestra vida: 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐫𝐧𝐨𝐬, 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐫𝐧𝐨𝐬 𝐲 𝐞𝐧𝐯𝐢𝐚𝐫𝐧𝐨𝐬.
La Palabra de Dios no fue dada solamente para informarnos, sino para cambiarnos. Cuando nos acercamos a ella con un corazón dispuesto, Dios forma nuestro carácter, renueva nuestra mente y nos enseña a vivir conforme a Su voluntad.
Ser santos no significa ser perfectos ni vivir en nuestras propias fuerzas. Ser santos significa pertenecer a Dios, estar apartados para Él y permitir que Él haga Su obra en nosotros.
Jesús es nuestro modelo. Así como Él se acercó al leproso y transformó su realidad con Su amor, también se acercó a nosotros cuando estábamos heridos, perdidos y necesitados. No fue nuestro esfuerzo el que nos salvó: fue Su gracia.
Pero la transformación no termina en nosotros.
Jesús dijo: “𝐂𝐨𝐦𝐨 𝐭𝐮́ 𝐦𝐞 𝐞𝐧𝐯𝐢𝐚𝐬𝐭𝐞 𝐚𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨, 𝐚𝐬𝐢́ 𝐲𝐨 𝐥𝐨𝐬 𝐡𝐞 𝐞𝐧𝐯𝐢𝐚𝐝𝐨 𝐚𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨.”
Fuimos bendecidos para bendecir. Fuimos alcanzados para alcanzar a otros. Fuimos formados para formar discípulos.
𝐋𝐚 𝐏𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚 𝐧𝐨𝐬 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚.
𝐋𝐚 𝐬𝐚𝐧𝐭𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐧𝐨𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚.
𝐋𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐧𝐨𝐬 𝐦𝐮𝐥𝐭𝐢𝐩𝐥𝐢𝐜𝐚.
Hoy la pregunta no es solamente: ¿Estoy escuchando la Palabra?
La verdadera pregunta es: ¿𝐋𝐚 𝐏𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐦𝐢 𝐯𝐢𝐝𝐚?
Y si Dios te ha transformado, no guardes lo que recibiste. Hay alguien que necesita escuchar que Jesús también puede cambiar su vida