24/08/2026
No todo hombre puede concluir que Cristo vino para salvarlo a él.
Aquellos a los que Cristo vino a salvar eran pecadores. Pero Cristo no salvará a todos los pecadores. Hay algunos pecadores que indudablemente se perderán porque rechazan a Cristo. Lo desprecian. No se arrepienten. Eligen su propia justicia. No se vuelven a Cristo, no aceptan ni Sus caminos ni Su amor. Para tales pecadores, no hay promesa de misericordia, ya que no existe ningún otro camino de salvación.
Cuando desprecias a Cristo desprecias tu propia misericordia. Si te alejas de Él habrás demostrado que Su sangre no es eficaz para ti. Desprécialo, y cuando lo desprecies, entonces muérete sin entregar tu alma en Sus manos y habrás dado muestras terribles que aunque la sangre de Cristo es todopoderosa, nunca te fue aplicada a ti, nunca fue rociada en tu corazón para quitar tus pecados.
Si quiero saber si Cristo murió por mí de tal manera que ahora puedo creer en Él y sentir mi salvación, debo responder a esta pregunta: ¿siento hoy que soy un pecador? ¿No lo digo simplemente por quedar bien, sino que lo siento realmente? En lo más profundo de mi alma ¿es ésa una verdad de Dios grabada con fuego en letras mayúsculas—YO SOY UN PECADOR? Entonces, si es así, Cristo murió por mí. Estoy incluido en Su propósito especial. El Pacto de la Gracia incluye mi nombre en el viejo libro de la elección eterna. Allí está incluida mi persona. Sin duda alguna seré salvo, si sintiéndome ahora un pecador, me arrojo sobre esa sencilla Verdad de Dios, y creo y confío en ella como mi ancla en los tiempos de tormenta.
Díganme, hermanos y hermanas, ¿no están preparados a confiar en Él? ¿Acaso no hay entre ustedes algunos capaces de decir que se reconocen pecadores?
¡Oh! Te suplico, quienquiera que seas, cree en esta gran Verdad de Dios que es digna de toda aceptación: Cristo Jesús vino para salvarte. Conozco tus dudas. Conozco tus temores, puesto que yo mismo los he tenido. Y el único camino por el cual puedo mantener vivas mis esperanzas es simplemente éste: cada día soy traído a la Cruz. Creo que hasta mi lecho de muerte no tendré otra esperanza sino ésta:
“Nada en mis manos llevo Simplemente a Tu Cruz me apego.”
Y la única razón por la que creo en este momento que Jesucristo es mi
Redentor es simplemente esta-yo sé que soy un pecador. Lo siento y me duele. Y a pesar que lo lamento mucho, cuando Satanás me dice que no puedo ser del Señor, s**o de mi misma lamentación la conclusión confortable que puesto que Él me ha hecho sentir que estoy perdido, no lo habría hecho a menos que tenga la intención de salvarme. Y puesto que me ha permitido ver que pertenezco a esa grandiosa clase de personas que Él vino a salvar, deduzco de ello, más allá de toda duda, que Él me salvará.
¡Oh! ¿pueden hacer ustedes lo mismo, ustedes almas que están golpeadas por el pecado, cansadas, tristes y desilusionadas para quienes el mundo se ha convertido en una cosa vana? Ustedes espíritus cansados, que han tenido su ronda de placer y ahora están exhaustos con aburrimiento o incluso con enfermedad y desean verse liberados — ¡oh! ustedes espíritus que están buscando algo mejor de lo que puede ofrecerles este mundo loco, yo les predico el bendito Evangelio del bendito Dios Jesucristo el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, que padeció bajo Poncio Pilato, que fue crucificado, mu**to y sepultado y que fue levantado de nuevo el tercer día para salvarlos a ustedes — sí, a ustedes, pues Él vino al mundo para salvar a los pecadores».
— Charles Spurgeon 🖊️
“El Evangelio Glorioso” / NO. 184
Sermón predicado el Domingo 21 de Marzo de 1858, por Charles Haddon Spurgeon, en Music Hall, Royal Surrey Gardens.
📌 “Fiel es esta palabra y digna de toda aceptación: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” (1 Timoteo 1:15).