07/06/2026
*ALTAR DE CORPUS CHRISTI*
Ante la llegada del Santísimo Sacramento por nuestras calles, la *Hermandad de la Borriquita y Nuestro Señor Resucitado* ha querido levantar este altar efímero como profesión pública de fe, homenaje de amor y testimonio vivo de la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
Preside el montaje de la venerable imagen de *San Ramón Nonato*, santo de la caridad y de la entrega absoluta a Dios, presentado como fiel servidor del Señor y custodio de los más necesitados. Su figura se alza entre espigas de trigo, símbolo del Pan de Vida que desciende del cielo para alimentar a su pueblo, recordándonos que toda santidad nace y florece junto al altar donde Cristo se entrega cada día.
Tras él se contempla la figura maternal de la Virgen María, reflejo de la Iglesia que acompaña, protege y conduce a sus hijos hacia el encuentro con Jesús Sacramentado. Su presencia envuelve la escena con ternura y silencio, como quien guarda en su corazón el misterio de Dios.
A los pies de San Ramón se reúnen las devociones más queridas de nuestro pueblo. Nuestra Patrona, la *Inmaculada Concepción*, aparece como la mujer vestida de gracia, el sagrario puro donde el Verbo se hizo carne. En Ella contemplamos la primera custodia de Cristo y el modelo perfecto de quien recibe a Dios con un corazón limpio y disponible.
Junto a Ella, Nuestro Patrón, el *Señor Ecce-Homo*, nos recuerda el rostro sufriente de Cristo, el mismo que en la Eucaristía continúa entregándose por amor a la humanidad. El Señor que fue presentado al pueblo coronado de espinas es hoy el Rey escondido bajo las especies sacramentales, humilde y cercano para todos.
También ocupa un lugar destacado la *Virgen del Carmen*, estrella que guía a los fieles en la travesía de la vida y amparo de quienes buscan refugio bajo su manto. Ella señala siempre a su Hijo y nos conduce hasta el misterio eucarístico, puerto seguro de salvación.
Presidiendo la mesa del altar se encuentra el *Niño Jesús Montañés*, imagen de la Encarnación y anuncio de la Redención. El Dios hecho Niño nos recuerda que la grandeza divina se manifiesta en la sencillez y que el mismo Cristo que nació en Belén se hace presente cada día en el Sacramento del Altar.
Las flores blancas que adornan el conjunto proclaman la pureza, la gloria y la victoria de Cristo Resucitado; las velas encendidas simbolizan la fe de un pueblo que permanece vigilante ante la presencia de Dios; el pan y las uvas evocan los dones que, transformados por el poder del Espíritu Santo, se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Las espigas que flanquean el altar anuncian la abundancia de la gracia y la fecundidad de la Eucaristía, verdadero alimento para el camino.
El cojín dispuesto ante el altar invita a la adoración y a la humildad. Es la llamada silenciosa a doblar la rodilla ante el Rey de reyes que pasa por nuestras calles. Porque en el Corpus Christi no es el pueblo quien recibe un homenaje, sino Cristo quien visita a su pueblo para bendecirlo, santificarlo y quedarse entre nosotros.
Que este altar sea oración hecha belleza, catequesis hecha símbolo y fe hecha testimonio. Y que, al paso de Jesús Sacramentado, nuestros corazones se conviertan también en altares vivos donde Dios encuentre siempre morada.
¡Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar! Sea por siempre bendito y alabado.