13/02/2026
La tradición de rezar por los difuntos se remonta al Antiguo Testamento y numerosos santos han recibido visitas de ánimas que les pedían oraciones para poder entrar en el Cielo.
«La añoranza de Dios», el mayor tormento.
Santa Faustina Kowalska, la santa que propagó la devoción a la Divina Misericordia, explicaba su visita al Purgatorio del siguiente modo: “En aquel tiempo le pregunté a Jesús: ¿Por quién debo rezar todavía? Me contestó que la noche siguiente me haría conocer por quién debía rezar.
Vi al Ángel de la Guarda que me dijo seguirlo. En un momento me encontré en un lugar nebuloso, lleno de fuego y había allí una multitud de almas sufrientes. Estas almas estaban orando con gran fervor, pero sin eficacia para ellas mismas, solo nosotros podemos ayudarlas. Las llamas que las quemaban, a mí no me tocaban. Mi Ángel de la Guarda no me abandonó ni por un solo momento. Pregunté a estas almas ¿cuál era su mayor tormento? Y me contestaron unánimemente que su mayor tormento era la añoranza de Dios. Vi a la Madre de Dios que visitaba a las almas en el Purgatorio. Las almas llaman a María “La Estrella del Mar”. Ella les trae alivio. Deseaba hablar más con ellas, sin embargo mi Ángel de la Guarda me hizo seña de salir. Salimos de esa cárcel de sufrimiento. [Oí una voz interior] que me dijo: ‘Mi misericordia no lo desea, pero la justicia lo exige’. A partir de aquel momento me uno más estrechamente a las almas sufrientes” (Diario, 20).
Santa Faustina también vio el in****no, del que dijo después de describirlo: “Habría mu**to (…) si no me hubiera sostenido la omnipotencia de Dios. Lo escribo por orden de Dios para que ningún alma se excuse [diciendo] que el in****no no existe y que nadie estuvo allí ni sabe cómo es. (…) Lo que he escrito es una débil sombra de las cosas que he visto. (…) Cuando volví en mí no pude reponerme del espanto (…). Por eso ruego con más ardor todavía por la conversión de los pecadores, invoco incesantemente la misericordia de Dios para ellos” (Diario, 741).
Mientras que el in****no es un estado irreversible, las almas del purgatorio están salvadas, y llegarán a presencia de Dios tras un proceso de purificación. Por ello se habla de tres “Iglesias”: la Iglesia triunfante, que es aquella que ya se encuentra en presencia de Dios; la Iglesia purgante, constituida por los que están pasando la purificación del Purgatorio antes de ir al Cielo; y la Iglesia militante o peregrina, integrada por los que aún caminamos en la tierra.
Por tanto, la oración de la Iglesia militante tiene un fruto para la purgante, y los vivos podemos rezar por las ánimas del Purgatorio.