Emaús

Emaús Encuentros con Jesús en nuestro particular camino a Emaús (Lc. 24:13ss.). Abrazos, Ignacio Simal

Oro, y espero, que lo que escribo cada mañana sea de ánimo a las personas que me lean en el camino de la fe en Jesús.

La mesa de Jesús es una mesa a la que son invitadas la personas heridas, aquellas que se saben imperfectas. El tomar del...
08/02/2025

La mesa de Jesús es una mesa a la que son invitadas la personas heridas, aquellas que se saben imperfectas. El tomar del pan y beber de la copa, nos introduce en el abrazo sanador de la gracia de Jesús, nuestro único Señor y Maestro.

12/12/2023

Nos suele ocurrir de vez en cuando. Ocurre que hay momentos en los que lo esperado (escatologia) lo experimentamos como si se estuviera realizando ya. Y entonces, no cabemos en nosotros mismos debido a que la alegría y la felicidad nos desbordan. Puede ser una experiencia de segundos, en los que nos parece que nos toca un ángel, ya que sentimos olor y sabor a eternidad. Pero nos es suficiente para saber lo que nos espera al otro lado de esta vida…

27/01/2023

“Autocontaminación”

Bien nos enseña el Resucitado que ”nada de lo que viene de afuera puede contaminar a una persona. Más bien, lo que sale de la persona es lo que la contamina” (‭‭Marcos‬ ‭7‬:‭15‬ ‭NVI‬‬). De ahí que podamos afirmar que de alguna manera somos nosotros mismos los que nos contaminamos, ya que lo que sale de la persona es lo que la contamina. Porque de dentro del corazón salen los malos pensamientos…” (‭‭Marcos‬ ‭7‬:‭20‬, 21 ‭NVI‬‬).

De ahí que, seremos personas sabias si seguimos el consejo del apóstol Pablo, discípulo de Jesús, cuando escribió, ”pensad en todo lo que es verdadero, en todo lo honesto, en todo lo justo, en todo lo puro, en todo lo amable, en todo lo que es de buen nombre: si hay en ello alguna virtud, si hay algo loable, pensad en ello” (Filipenses ‭4‬:‭8‬ ‭RV2020‬‬). Si seguimos de forma perseverante su consejo, nos construiremos como personas cabales e integras, que ni se contaminan, ni son fuente de contaminación. Siempre será verdad que las victorias existenciales se fraguan en nosotros mismos; lo sé, lo sabemos por propia experiencia.

Ignacio Simal

26/01/2023

Entonces dijo Dios: — ¡Que exista la luz! Y la luz existió” (‭‭Gén. ‭1:3‬ ‭BTI‬‬)

Vivimos tan acostumbrados a vivir entre penumbras, que pensamos que ello es la inevitable normalidad dentro de la existencia humana. Sin embargo, el testimonio de las Escrituras confiesa que Dios es luz, que no hay tinieblas en Él, de tal manera que el que vive y es en Dios, su luz ilumina todas las estancias de su existencia. Ya no le es necesario acudir a luces artificiales, porque la Luz de la vida, por fin, alumbra su camino, posibilitando así la visión de todo el bosque socioexistencial por el que transita.

No olvides que el Espíritu eterno del Dios, padre de Jesús de Nazaret, habita en tu interior en forma de luz, de luz interior. Déjate alumbrar, atiende a su voz, y tu existencia jamás será un erial, sino Evangelio hecho carne, buena noticia en estado puro.

25/01/2023

El apóstol Pablo escribió en una de sus cartas que nuestra ciudadanía está en los cielos. Con ello no quería decir, en mi opinión, que debiéramos abdicar a trabajar creativamente en la construcción de un mundo mejor, sino tomar fuerza en la gracia para hacer "mundo nuevo" aquí y ahora desde la perspectiva del "reinado" que anunció Jesús de Nazaret.

Donde estaba el profeta galileo se hacía visible la configuración del mundo según el corazón de Dios, donde estamos las seguidoras y seguidores de Jesús debiera suceder los mismo. Por ello somos convocados a vivir y hacer como ciudadanos del otro mundo posible que traerá de forma definitiva el mismo Dios en su venida. Y en su venida toda la creación dejará de gemir en esperanza porque supondrá la reconciliación de todas las cosas.

¡Bendita esperanza!

23/01/2023

“Sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte” (‭‭1 Jn ‭3:14‬); “Acogeos, pues, unos a otros, como Cristo os acogió para gloria de Dios” (‭‭Ro ‭15:7 ‭BTI‬‬)

“Acoger” es un verbo que solo saben conjugar correctamente las personas que aman incondicionalmente. Su capacidad para conjugar ese verbo es una gracia que se les concede mediante el encuentro-experiencia del amor de Dios: Cristo nos acogió siendo “pecadores”, no siendo “santos”, y eso siempre irrita a los que se creen justos sin serlo.

Es en la acogida, como vengo diciendo de diferentes maneras, que sentimos pasar de muerte a vida, ya que en la experiencia del amor se derriban todas las fronteras que otrora experimentábamos como inexpugnables y nos procuraban un constante desasosiego interior.

Cuando conjugamos correctamente el verbo “acoger”, recibimos a nuestro prójimo allí donde está, no donde quisiéramos que estuviera. No existen fronteras para la persona que hace de la acogida el “leitmotiv” de su existencia. Acoger incondicionalmente es evangelizar a la manera de Jesús, y ello hace manifiesta la gloria de Dios.

Sola Gracia

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22/01/2023

Cada día de nuestra existencia debemos hacernos conscientes de que “en él vivimos, nos movemos y somos”, y desde esa conciencia dirigirnos a Dios. Y lo hacemos sin confiar en nuestros méritos, —más bien pocos—, sino en su misericordia. Nos situamos en medio del trono de su gracia; ese trono que abarca toda la realidad, tanto la que vemos como la que no. De tal manera que entendemos vivir nuestra existencia sumergidos en esa gracia. Y en ello, exclusivamente en ello, reside nuestra confianza.

De ahí que, a la manera del publicano de la parábola, apenas nos atrevemos a levantar nuestra mirada al cielo, sabedores de nuestras imperfecciones, pero aún así, solicitamos a Dios que sea propicio a nosotros. Apelamos a su gracia y a su misericordia. ¿A qué otra cosa podemos apelar…?

Y así oramos, “Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; Haga resplandecer su rostro sobre nosotros” (Sal. 67:1). Deseamos tener a Dios de cara, de tal manera que su luz ilumine nuestro camino, nuestra existencia. Y no lo deseamos de una manera egoísta, sino como personas, hombres y mujeres, que ansían ser fieles a su voluntad de vida para con todos los seres humanos.

Deseamos bendición, no tanto para que nos vaya bien —que también—, como para poder ser testimonios visibles de su gracia, y que nuestra vida no la ponga en entredicho. Deseamos que nuestra existencia sea una proclamación visible a todo el mundo de la salvación de Dios: “para que sea conocido en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salvación” (Sal. 67:2), y así todos los pueblos alaben a Dios, le den gloria” (Sal.67:3; Mt. 5:16). Deseamos que su gloria, no la nuestra, sea puesta de manifiesto a través nuestro. ¡Perseguimos la gloria de Dios, no la nuestra!

Desear su gloria, es desear la alegría de todos los pueblos, al experimentar, al igual que nosotros, el acompañamiento pastoral de Dios: «Alégrense y gócense las naciones, porque juzgarás los pueblos con equidad, y pastorearás las naciones en la tierra” (Sal. 67:4).

Creedme que cuando, a lo largo del día, nos sumergimos en estos pensamientos, sin dejarlos ni un momento, nuestra alma se experimentará empapada en gracia y misericordia, y palabras de paz y de misericordia para con todos los seres humanos surgirán de nuestra boca. Nuestro vivir y nuestro decir será auténtico evangelio de la gracia de Dios. ¡Aleluya, amén!

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21/01/2023

“Bel se ha caído, Nebo se desploma; son sus estatuas carga para animales, llevadas a cuestas por bestias cansadas. Se desploman y caen a la vez, no pueden salvar a quien los carga, ellos mismos van al destierro” (Isaías 46:1,2)

Cargamos sobre nuestros hombros, como si fuéramos animales de carga, dioses de factura humana. Nos prometen, de entrada, la felicidad, pero realmente nos conducen al destierro de nuestra humanidad y nos arrojan a la infelicidad.

Y así, desterrados de nuestra humanidad solo pensamos en nosotros mismos, independientemente de que podamos derramar algunas lágrimas –presuntamente solidarias- al observar el mal ajeno. Dioses que nos hacen radicalmente egoístas, y que logran que sucumbamos bajo su ciclópeo peso.

¡Qué diferencia del Dios de Jesús! Un Dios que nos busca, y cuando nos encuentra, nos coloca sobre sus hombros (a diferencia de los dioses de este mundo) y nos conduce así a lo largo de la existencia (Lc. 15:1-7).

Ahora bien, el Dios de Jesús nos enseña, a partir de que nos coloca sobre sus hombros, que -en palabras de Leon Tolstoy- "el verdadero sentido de la vida humana no está en la felicidad personal, sino en el hecho de servir a los demás”.

Y en la realización de esa noble tarea, abriremos caminos en medio de la historia que proclamen el mundo nuevo según Dios, un mundo con rostro humano. Es el mundo que desde la fe cristiana esperamos cuando oramos diariamente, “venga tu reino. Que se haga tu voluntad, como en el cielo, también aquí en la tierra”.

Soli Deo Gloria

20/01/2023

El camino de la existencia, inevitablemente, tiene tramos inhóspitos que atraviesan el reino de las sombras y de la desesperanza. Cuando los transitamos lo hacemos vestidos de pena. Nos sentimos superados por las circunstancias.

Somos humanos, y por serlo ocurre que cuando atravesamos el "valle de sombra de muerte" es cuando más nos vemos urgidos a recurrir al Dios, padre de Jesús. El clamor y el grito dirigidos a Dios surgen espontáneamente: “Señor, desde lo más hondo a ti clamo. Dios mío, escucha mi grito; que tus oídos atiendan mi voz suplicante” (Sal 130:1-2 BTI).

En el momento del clamor y el grito entra en el escenario nuestra conciencia. Vienen a nuestra mente nuestros errores y nuestros pecados. Y necesariamente relacionamos los que nos ocurre con nuestros yerros, y nos sentimos abrumados. Ello hace que el clamor y el grito se sonrojen, tal vez enmudezcan de vergüenza. Nos vemos desprovistos de derechos para clamar a Dios. Sin embargo recordamos que el Dios de Jesús de Nazaret es un Dios perdonador, y todavía con el sonrojo en nuestros rostros le decimos: “Señor, si recuerdas los pecados, ¿quién podrá resistir, Dios mío? Pero eres un Dios perdonador y eres por ello venerado” (Sal 130:3-4 BTI).

Es entonces, cuando todavía andamos vestidos de pena y desasosiego, que se manifiesta en nosotros el Cristo, la Palabra de Dios, que inunda nuestro corazón de esperanza. Una esperanza que pausadamente, sin prisas, reconquistará nuestro corazón, ahora invadido por la angustia, e inopinademente de nuestros labios surgirán palabras fundamentadas en la promesa del Dios a quien hemos gritado nuestra pena diciendo: “En el Señor espero, espero y confío en su palabra; yo anhelo a mi Dios más que los centinelas la aurora. Israel, confía en el Señor pues en el Señor está el amor y de él viene la plena redención. Él liberará a Israel de todos sus pecados” (Sal 130:5-8 BTI).

A posteriori, una vez que hayamos atravesado el tramo inhóspito que nos vistió de luto, confesaremos: “Puse mi esperanza en el Señor, él se inclinó hacia mí y escuchó mi lamento. Me sacó de la fosa desolada, del fango cenagoso; me alzó sobre una roca afianzando mis pasos. Puso en mi boca un canto nuevo, una alabanza a nuestro Dios; cuantos lo ven, lo veneran y confían en el Señor” (Sal 40:2-4 BTI).

Soli Deo Gloria

19/01/2023

«¡Qué espléndido es tu amor, Señor! Bajo tus alas se refugian los humanos. Con los manjares de tu casa se sacian, con el río de tus delicias apagas su sed. Pues la fuente de la vida está en ti, por tu luz vemos nosotros la luz.» (Sal. ‭36‬:‭8‬-‭10‬ ‭BTI‬‬)

Sin duda, el amor de Dios en Jesús de Nazaret, el Mesías, ¡es espléndido! Bajo sus “alas” hallamos refugio seguro para atravesar las inclemencias del tiempo presente.

Dios sacia nuestro hambre y sed de justicia con “pan del cielo” (Mt 5), y los “ríos de agua viva que, por el Espíritu, corren en nuestro interior” (Jn 7). ¡Él es la fuente de nuestra vida, y su luz ilumina señalando el camino a transitar. Pisamos el sendero que Jesús, nuestro Sanador, transito antes que nosotros.

En esta mañana de enero exclamamos, ¡Qué espléndido es tu amor, Señor! aleluya

18/01/2023

Esta mañana recordamos unas palabras que nos navegar con los vientos del Imperio en contra. Son esas palabras de Jesús de Nazaret, nuestro sanador, cuando nos dijo, "amad, desead y haced el bien a aquellos que quieren vuestro mal".

El amor, tan vulnerable él, busca mediante su acción que el enemigo vuelva en sí, y deje de serlo. Amor que no busca la destrucción, sino la incorporación-resocialización del enemigo al otro mundo posible que muchos, no todos, soñamos.

El amor sólo cuenta con la palabra y la acción que le corresponde. ¡Cuánta ingenuidad! La ingenuidad de la fe cristiana que busca el “reinado de Dios” a través de la palabra y la acción creadora de realidades alternativas a la vigente. Amén

17/01/2023

«”Tú los arrastras al sueño de la muerte… Setenta años dura nuestra vida, durará ochenta si se es fuerte; pero es su brío tarea inútil, pues pronto pasa y desaparecemos.” (Sal.‬ ‭90:5, 10‬)

Desde que nacemos emprendemos un viaje hacia el sueño de la muerte. Cada año que cumplimos nos hace más conscientes de ello. Es más, cuando una muerte inesperada ocurre a nuestro lado, nos damos cuenta de que la vida, nuestra vida, pende de un hilo. De ahí que la sabiduría bíblica nos enseñe que no somos dueños del tiempo de nuestra vida, y por ello debemos exprimirlo al máximo. Y no en beneficio propio, sino en el despliegue, por la gracia de Dios, del mundo nuevo según Jesús de Nazaret. Ello implica cultivar la relación orante y meditativa con aquel nos ama desde antes de fundación del mundo, y poner nuestra vida a disposición de nuestras hermanas y hermanos.

Permitidme que lo diga de otra manera: debemos aprovechar cada minuto de la existencia en poner sonrisas en el rostro de los tristes, y esperanza en el corazón de los desesperanzados. Y eso implica dar a Dios a Dios lo que es de Dios, es de decir la totalidad de la vida. En el seguimiento de Jesús no vale la doble militancia.

Soli Deo Gloria

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