06/09/2026
📖 Con el comentario al Evangelio (Lc 1, 26-38) por Fr. José Rodríguez Carballo, ofm.
Arzobispo de Mérida-Badajoz
- 1 Cro 15, 3-4. 15-16; 16, 1-2. Metieron el arca de Dios y la instalaron en el centro de la tienda que David le había preparado.
- Sal 112. R. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre.
- Ga 4, 4-7. Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer.
- Lc 1, 26-38. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando a su presencia, dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamara Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”.
Y María dijo al ángel: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”
El ángel le contestó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible”.
María contestó: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.
Y la dejó el ángel.