29/04/2026
En estos tiempos que estamos viviendo, no podemos ignorar una realidad que duele en el corazón del pueblo de Dios: en lugar de unidad, muchas veces encontramos división. Diferencias por denominaciones, opiniones o formas han levantado barreras donde debería haber amor, comprensión y un mismo sentir.
La Palabra de Dios nos enseña que somos un solo cuerpo en Cristo, y que cada uno de nosotros, sin importar el lugar donde congreguemos, formamos parte de una misma familia espiritual. Sin embargo, en los últimos años se ha evidenciado un enfriamiento espiritual, un desánimo que ha debilitado la fe de muchos y ha apagado el fervor que antes ardía en nuestros corazones.
Hoy más que nunca, en medio de tiempos difíciles y desafiantes, es cuando debemos volver nuestra mirada a Dios con humildad. Es momento de dejar a un lado las diferencias y unirnos en clamor, en búsqueda sincera, en arrepentimiento y compromiso.
Como dice la Escritura:
"Si mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, se humillare, y orare, y buscara mi rostro, y se convirtiere de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra."
Este es el tiempo de levantarnos como un solo pueblo, con un mismo propósito: buscar la presencia de Dios. No es tiempo de competir, es tiempo de unirnos. No es tiempo de señalar, es tiempo de amar. No es tiempo de enfriarnos, es tiempo de avivar el fuego del Espíritu.
Que nuestro clamor sea uno solo, que nuestra fe se fortalezca juntos, y que podamos caminar en una misma dirección, guiados por el amor de Cristo y el poder de su Espíritu.
SCB.@