14/10/2026
Todos conocemos la diferencia entre lo que se ve a simple vista y lo que realmente existe, aunque permanezca oculto. Jesús usa, en medio de este pasaje, una imagen curiosa: sepulcros que no se ven, sobre los cuales la gente pasa sin darse cuenta de que ahí hay algo real, aunque invisible a los ojos.
Jesús usa esta imagen para advertir sobre una apariencia externa que no coincide con lo que realmente hay dentro. Pero la imagen misma, más allá de su advertencia original, revela algo interesante: existen realidades invisibles, que la gente atraviesa todos los días sin notarlas, y que sin embargo, están completamente presentes, aunque nadie las vea directamente.
Hoy, cuando mides tu propio impacto solo por lo que alcanzas a observar directamente a tu alrededor, esta misma idea de lo invisible puede leerse también en clave esperanzadora: así como existen realidades ocultas que la gente atraviesa sin notarlas, también existe una enorme red de personas sembrando esperanza, invisible a tus ojos, pero tan real como cualquier otra cosa que sí puedes ver directamente.
Si existen realidades invisibles que la gente atraviesa cada día sin notarlas, ¿qué cambiaría en tu manera de ver tu propio esfuerzo si creyeras que también formas parte de una red igualmente real, aunque invisible, de personas sembrando esperanza al mismo tiempo que tú?
Lo que no se ve directamente no deja de ser real; la cadena de esperanza a la que perteneces, aunque invisible a tus propios ojos, es tan real como cualquier gesto concreto que hoy puedas observar con tus propias manos.