San Agustín de Hipona

San Agustín de Hipona Obispo de Hipona y Doctor de la Iglesia (354-430)

02/09/2024

SERMÓN 15

Traductor: Pío de Luis, OSA

Comentario al Sal 25,8 ( 26, 8 )

1. 1. Amamos la hermosura de la casa de Dios y el lugar del tabernáculo de su gloria 1, si lo somos también nosotros. ¿Cuál es, entonces, la hermosura de la casa de Dios y el lugar del tabernáculo de su gloria, sino su mismo templo, del cual dice el Apóstol: Pues el templo de Dios es santo, templo que sois vosotros? 2Como vuestra vista corporal se recrea en los edificios construidos por el hombre 3, cuando son elegantes y suntuosos, del mismo modo, cuando las piedras vivas 4 -los corazones de los fieles-se sujetan con el vínculo de la caridad, se da la hermosura de la casa de Dios y el lugar del tabernáculo de su gloria 5. Por lo tanto, aprended qué debéis amar para que podáis amarlo. Pues no hay duda de que quien ama la hermosura de la casa de Dios ama a la Iglesia, no por sus paredes y bóvedas artísticamente construidas, ni por el esplendor de sus mármoles y artesonados de oro, sino por las personas fieles, santas, que aman a Dios con todo su corazón, y con toda su alma y con toda su mente, y su prójimo como a sí mismas 6.

2. 2. Pero en la asamblea cristiana, por lo que se refiere a la participación y a la comunión en los sacramentos, se han multiplicado por encima del número 7. Por tanto, una cosa es el número y otra cosa es el exceder el número. El número se refiere a aquellos de los que dice el Apóstol: El Señor conoce a los suyos 8. Al exceder el número, en cambio, se refieren estas palabras: Porque en una casa grande no solamente hay vasos de oro y plata, sino también de madera y de barro; unos para usos nobles, otros para usos viles 9. En consecuencia, el número son los vasos para usos nobles; el exceso en el número, los vasos para usos viles. Existiendo estas dos clases de vasos, ¿dudamos, por ventura, en dónde se halla la hermosura de la casa de Dios 10? Por tanto, si quieres amar la hermosura de la casa de Dios, haciendo realidad lo que has cantado: la hermosura de la casa de Dios y el lugar del tabernáculo de su gloria, busca los vasos para usos nobles. Y no quiero que digas: «Los busqué y no los encontré». Pues, si los buscaste y no los encontraste, se debe a que tú no eras aquello que buscabas. Lo semejante se adhiere a lo semejante y lo desemejante se aparta de lo desemejante. Si fueras vaso para uso vil, sin duda alguna te resultaría dificultoso incluso ver el vaso para uso noble. ¿No oyes lo que algunos dicen de otro: nos es penoso hasta el verlo 11? ¿Cómo va a estar a tu vista para que lo encuentres lo que te resulta molesto ver? Pues estos vasos pertenecen al interior del hombre. Ciertamente, el hecho de ver al justo no implica reconocerle como justo. Tanto el justo como el injusto tienen el mismo aspecto externo. Ambos son hombres, pero no son ambos casa de Dios. Y, aunque uno y otro se llamen cristianos, aunque uno y otro sean vaso, no son ambos vasos para honor: uno es vaso para uso noble, y otro es vaso para ignominia.

3. 3. ¿Acaso hay que abandonar la casa grande a causa de los vasos malos? Dios, es decir, el Señor de la gran casa, sabe utilizar de los vasos para usos nobles y de los vasos para usos viles 12. Así como es propio de los malos el usar mal hasta de los bienes, es propio de Dios el usar bien hasta de los males. ¡De cuántas cosas buenas usan los malos! Toda criatura de Dios es buena 13. ¿Cómo usan mal de ella los malos? Ved como los increpa severamente la Escritura al decir: Pedís y no recibís, porque pedís mal; para gastarlo en vuestras pasiones. ¿Qué nombre han recibido esos que usan mal de los bienes de Dios? A continuación los llama adúlteros. ¿Por qué adúlteros? ¿No sabéis que el amigo de este mundo se convierte en enemigo de Dios? 14. Adúlteros -dice-. Hay almas adúlteras, almas fornicarias: examinémoslas. Son almas fornicarias las que en cierto modo se prostituyen con muchos dioses falsos; las adúlteras son las que, ya unidas como en legítimo matrimonio, no mantienen la castidad a este legítimo matrimonio. Para decirlo más claramente: el alma del pagano es fornicaria; la del mal cristiano es adúltera. El alma fornicaria del pagano no tiene marido legítimo y está corrompida al prostituirse con diversos demonios; ¿por qué es adúltera, en cambio, el alma del mal cristiano? Porque ni ama la castidad ni abandona al marido. No digas, pues: «¿Por qué se hallan estas en la casa de Dios?» Se te responde: son vasos para usos viles. Dios sabe usar de ellas; el que las creó no se equivoca, porque quien pudo crearlas sabe también integrarlas en un orden: tienen su propio lugar en la gran casa. Y si me preguntas cómo Dios usa bien de ellas, confieso que, en cuanto hombre que soy, no puedo explicar lo que está en la mente de Dios. Sé, sí, sentir asombro igual que el apóstol Pablo; también él, al considerarlo, se llenó de asombro y, asombrado, exclamó: ¡Oh profundidad de las riquezas de la ciencia y de la sabiduría de Dios! ¡Cuán inescrutables son sus juicios y cuán irrastreables sus caminos! Pues ¿quién conoció el pensamiento del Señor?, o ¿quién fue su consejero?, o ¿quién le dio a él en primer lugar, y se le retribuirá? Porque de él, por él y en él están todas las cosas; a él le sea dada la gloria por los siglos de los siglos 15. A nosotros sólo nos queda la reflexión, la admiración, el temblor, la exclamación pues no cabe penetrar en ello. Y a él ¿qué se le debe? La gloria por los siglos de los siglos. Ya sea con motivo de los vasos para usos nobles, ya con motivo de los vasos para usos viles: a él la gloria por los siglos de los siglos. A unos corona, a otros condena, pero en ninguno de ellos se equivoca; a unos los prueba, de los otros se sirve para probar, a todos los integra en un orden.

4. 4. ¿Qué hacen -dice- en este mundo los hombres malos? - Respóndeme: ¿Qué hace la paja en el horno del platero? Creo que la paja no está sin razón en el lugar en que se acrisola el oro. Consideremos todas las cosas que hay allí: hay un horno, hay paja, hay oro, hay fuego y hay un orfebre; pero las tres primeras: el oro, la paja y el fuego, están en el horno 16; el orfebre junto al horno. Considera también este mundo: el mundo es el horno, la paja son los hombres malos, el oro son los hombres buenos, el fuego es la tribulación, el orfebre Dios. Sigue atento y advierte: el oro no se purifica si no arde la paja. Mira el oro también en este salmo, en el que amamos la hermosura de la casa del Señor y el lugar del tabernáculo de su gloria 17, la voz del oro. Mira en él el oro, advierte su voz; desea purificarse: Pruébame, ¡oh Señor!, y tiéntame; abrasa mis riñones y mi corazón. Pruébame, Señor -dice-, y tiéntame. El que debió temer la tentación, la pide. Pruébame, Señor -dice-, y tiéntame. Y mira si no busca el fuego: Pruébame y tiéntame; abrasa mis riñones y mi corazón 18.-¿No temes desfallecer en el fuego? -No, dice. - ¿Por qué? Porque tu misericordia está ante mis ojos 19. He aquí -dice- por qué suplico con seguridad: Pruébame, Señor, y tiéntame; abrasa mis riñones y mi corazón:no porque sea yo capaz de soportar el fuego de la tentación con mis propias fuerzas, sino porque tu misericordia está delante de mis ojos. Tú -dice- que me concediste el ser probado como el oro 20, ¿permitirás que perezca en el horno? Por el contrario, me arrojas al horno para purificarme y me sacas purificado. El Señor guarde tu entrada y tu salida 21: advierte aquí la salida, advierte la entrada en el horno. Juzgad como un gran gozo, hermanos míos, el sufrir diversas pruebas 22.Ve que acabas de oir mencionado el ingreso; busca la salida. Pues si entrar es algo fácil, salir es algo grande. Pero no temas: Dios es fiel. En efecto, porque habías entrado pensabas ya en la salida. Dios es fiel que no permite que seáis probados por encima de lo que podéis soportar; sino que con la prueba os dará también la salida misma. ¿Qué significa la salida? Que podáis soportar la prueba 23. Entraste, te llegó la tentación; la soportaste, saliste de ella.

5. 5. La abundancia de los malos es una gran oportunidad de purificación para los buenos. Pues, aunque los buenos se hallen mezclados entre la multitud de los malos, el Señor conoce a los suyos 24. Bajo la habilidad de tan gran orfebre no puede perecer ni siquiera una mota de oro entre la abundante paja. ¡Cuánta paja hay allí y cuán poco oro! Pero no temas: el orfebre es tan cualificado, que puede purificar el oro, sin echarlo a perder. Contempla cómo es probado con dificultades el Apóstol, cual oro, en el horno de este mundo; así llegamos a los vasos para usos viles que hay dentro de la gran casa, de los que sabe usar bien el Señor de ella. ¿Qué decía el Apóstol cuando era probado en las dificultades? Peligros en el mar, peligros en el desierto, peligros de parte de mi linaje, peligros de parte de los gentiles. Todos estos peligros eran externos. Pero atiende ahora a los internos: peligros de parte de los falsos hermanos 25. Me dirijo, pues, al oro de Dios, me dirijo los vasos para usos nobles, me dirijo a los granos que se fatigan entre la paja en la trilla de la era. Me dirijo a ti, quienquiera que estés escuchando no a mí, sino a quien habla por mí. Sé bueno, tolera al malo. No digas: «¿Quién es bueno?» Mejor, quiero que lo digas, porque, por bueno que seas, no carecerás de algún mal. Por eso se dice con toda razón: Nadie es bueno sino el único Dios 26. Pero Dios es aquel bueno que hace las cosas buenas 27. Por tanto, si bueno es Dios que hace cosas buenas y sólo él es el buen hacedor de cosas buenas, ¿cómo es hacedor de cosas buenas si ningún hombre es bueno? Así, pues, según un modo adecuado a él también el hombre es bueno. Si no lo fuese, no diría el Señor mismo: El hombre bueno saca del buen tesoro de su corazón las cosas buenas 28.

6. 6. Sé, pues, bueno y tolera al malo. Sé bueno de un único modo y tolera al malo de dos maneras. El bueno sólo lo es en su interior, porque, si no lo es en su interior, en ningún lugar lo será. Sé, por tanto, bueno dentro, tolera al malo fuera y dentro. Tolera fuera al hereje, tolera al pagano, tolera al judío; tolera también dentro al mal cristiano, puesto que los enemigos del hombre son los de su propia casa 29. Aguantando dentro a muchos malos te incomodas, te indignas como si ya hubiese llegado el tiempo de la bielda 30. Te hallas en la trilla, aún estás en la trilla, aún se trilla; aún se amontonan en la era granos y gavillas cuando aceptan la fe los gentiles. ¿Piensas que, en cuanto trigo, puedes estar solo en la era? Te equivocas. Gime en la era para g***r en el granero 31. Muchas cosas malas hacen los malos cristianos; los que están fuera de la Iglesia y se niegan a hacerse cristianos, encuentran motivos de excusa. Al que le exhorta a creer le responde de esta manera: «¿Pretendes que yo sea como aquel y aquel otro cristiano?» Y va nombrando a uno y a otro. Y a veces lo que dice es verdad. Mas cuando no le es posible hallar algo verídico, ¿le es acaso difícil calumniar? Como no teme inventar calumnias, hace que otro sospeche lo que no está viendo. Cuando tú oigas a alguien que dice estas cosas, porque quizá sabes que tus hermanos son malos, dices para ti mismo: «Es verdad lo que dice». Peligros de parte de los falsos hermanos 32. Pero no desfallezcas; sé tú lo que él busca. Sé buen cristiano para convencer al pagano difamador.

7. 7. Pero el pagano difama, acusa de cosas falsas a los buenos y la mayor parte de las veces se le da crédito. ¿Qué hace el oro? Por todas partes está la paja, el fuego. Elimina las manchas, no la fe; hazte más limpio; que la misma prueba te haga más limpio. Considera al fuego un valor para ti porque elimina lo que te ensucia más, sin dañarte en tu ser oro. Porque si desfalleces, pereces entre la paja; y si pereces entre la paja, no eras oro, sino que fingías serlo. El Señor conoce a los suyos 33. En cuanto a los malos de dentro de los que te avergüenzas cuando te hallas entre los malos de fuera, recuerda que en la gran casa en la que te encuentras tú no son vasos para usos nobles, sino para usos viles 34. Una vez que ya te instruyó el Apóstol, ¡que Dios dirija tus pasos! 35. Si no hubiera habido malos por quienes orar, ¿cuándo se nos habría dicho: Orad por vuestros enemigos? 36. ¿O acaso queremos tener como enemigos a los buenos? ¿Cómo puede ser eso? No tendrás como enemigo a un bueno, a no ser que tú seas malo; pero si eres bueno, enemigo tuyo no será nadie sino el malo. Orad por vuestros enemigos. Siendo buenos, orad, pues, por los malos 37. Vuelve a tu corazón, ¡oh, tú que eres probado en este horno! y mira si pudo ser tuya aquella súplica: Pruébame, oh Señor, y tiéntame; abrasa mis riñones y mi corazón, porque tu misericordia está delante de mis ojos 38. Ea, vuelve a tu corazón. Estás bajo Dios; a él has de rogar. Aquel que te hirió, aquel que te oprimió, aquel que te despojó, aquel que te encarceló, ese tal te sale ahora a tu encuentro. ¡Ea, atiende a tu corazón! ¡Mira a tu Señor! Ve que tu enemigo es malo, ve que tu Señor es bueno: si tu enemigo te daña, ora por él, te dice tu Señor bueno 39. Puesto entre tu enemigo malo y tu Señor bueno, ¿qué vas a hacer? ¿Pedirás un mal para el primero, u obedecerás al segundo?

8. 8. El precepto de tu Señor te manda orar por tu enemigo malo. ¿Qué has de hacer? El Señor te lo ha mandado: te ha mandado algo duro, pero te ha prometido algo grande. ¿Qué te ha mandado que sea duro? Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian, y orad por los que os persiguen 40. Es algo duro, pero en atención a las palabras de tus labios yo he mantenido tus caminos ásperos 41. ¿De dónde te vino el mantener esos ásperos caminos, sino de qué tu misericordia está ante mis ojos? 42.He aquí que mandó cosas penosas, mandó cosas amargas; ved lo que prometió. Orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos 43. Si te dijera: ora por tu enemigo para que seas hijo de tu padre, para que no te desherede tu padre biológico, que va a dejarte lo que no va a llevarse consigo de aquí, tendrías miedo y lo harías. A cambio de estas cosas duras se te promete ser hijo del Altísimo 44: piensa en el Padre y reconoce la herencia. Dilo, pues; comienza a orar por ese gran enemigo tuyo que te causó tantos males, que tantos males acumuló contra ti; comienza a orar por él y advierte que tu corazón litiga contigo mismo. Así, pues, lo que quieres, lo que te agrada, lo que te deleita según el hombre interior, esto es, obedecer a tu Señor y orar por tu enemigo, es oro; en cambio, el que, al comenzar a orar, tu debilidad carnal empieza a litigar contigo, son las impurezas de que Dios te quiere purificar en el horno.

9. 9. Ejercítate en medio de los malos, ¡oh hombre bueno!, si es que lo eres; ejercítate en medio de los malos, no por ti mismo, ¡oh bueno que fuiste malo!, sino por dádiva de quien nunca es malo. Y tampoco quiero que me digas: «En el caso de que, para probarnos, sean necesarios los malos, que al menos sean pocos ellos y muchos los buenos». ¿No te das cuenta de que si los malos fuesen pocos no perjudicarían a muchos buenos? ¡Oh varón sabio!, piensa que sí hubiese muchos buenos y pocos malos, los pocos malos no se atreverían a perjudicar a los muchos buenos. Y si no se atreviesen, los buenos no se ejercitarían. Pero como existen muchos malos, los pocos buenos se fatigan entre los muchos malos; y cuando uno se fatiga, suda, y con el sudor se purifica el oro. Por tanto, contribuye a la hermosura de la casa del Señor 45. Tu debilidad ya entró en litigio contigo en tu interior; invoca a Dios para vencerla. ¡Qué te asista Dios, que te ayude quien te manda! Ya has vencido tu debilidad, ya recibiste el valor y el fruto de orar por tu enemigo 46. Advierte qué gran bien es; compara al enemigo contigo. Él trama insidias, pero tú derramas súplicas; él, si daña, daña a las claras; si tú oras por él, sólo lo sabe Dios; el enemigo no lo cree, porque no puede escudriñar tu corazón. Así, pues, cuando él te daña abiertamente, tú oras ocultamente. Considera si en esta almazara -puesto que la Iglesia ha sido comparada a ella 47- no es alpechín que fluye al descubierto el que te ofende a la luz del día. El alpechín fluye al descubierto; el aceite, por el contrario, va por canales ocultos al lugar que le corresponde. Y, en el hecho de fluir ocultamente, se manifiesta su gran valor. Pues, ¡cuántos, hermanos míos, cuántos en medio de esta situación de lucha, en medio de la maldad de este mundo, entre tantos malos, se aparataron de ellos, y se convirtieron a Dios, dijeron adiós al mundo y, de forma inesperada, comenzaron a donar sus bienes 48 los que poco antes robaban los ajenos! Pero todavía se manifiestan en público muchos ladrones, usurpadores, atracadores: son alpechín que fluye por las plazas. Otros, sin embargo, uno que viniendo de aquí, otro de allí, unidos en el corazón, se avergüenzan de permanecer siendo malos y de hacer el mal, piensan en las amonestaciones de Dios, desprecian la esperanza mundana y aguardan la esperanza celestial, cambian de amores y de costumbres: son aceite de santidad en la almazara, vasos para usos nobles en la gran casa 49, oro en el horno 50 y grano en el granero 51. Ahí está la hermosura de la casa de Dios.

Referencias:

1 Cf Sal 25,8

2 1Co 3,17

3 Cf Hch 17,24

4 Cf 1P 2,5

5 Cf Sal 25,8

6 Cf Mt 22,37-39

7 Sal 39,6

8 2Tm 2,19

9 2Tm 2,20

10 Cf Sal 25,8

11 Sab 2,15

12 Cf 2Tm 2,20

13 1Tm 4,4

14 St 4,3-4

15 Rm 11,33-36

16 Cf Pr 17,3; 27,21; Si 2,5

17 Cf Sal 25,8

18 Sal 25,2

19 Sal 25,3

20 Cf Sab 3,6

21 Sal 120,8

22 St 1,2

23 1Co 10,13

24 2Tm 2,19; Cf Nm 16,5

25 2Co 11,26

26 Mc 10,17; Lc 18,19

27 Cf Gn 1,31

28 Lc 6,45

29 Mi 7,6; Mt 10,36

30 Cf Mt 3,12

31 Cf Mt 13,30

32 2Co 11,26

33 2Tm 2,19

34 2Tm 2,20

35 Cf Sal 118,133

36 Mt 5,44

37 Cf Mt 5,44

38 Sal 25,2-3

39 Cf Mt 5,44

40 Mt 5,44

41 Sal 16,4

42 Sal 25,3

43 Mt 5,44-45

44 Cf Si 4,11; Lc 6,35

45 Cf Sal 25,8

46 Cf Mt 5,45; Lc 6,35

47 Cf Sal 8,1; 55,1; 83,1

48 Cf Hch 4,34-35

49 Cf 2Tm 2,20

50 Cf Sab 3,6

51 Mt 3,12; Lc 3,17

San Agustín de Hipona, Ruega por nosotros. 🙏🙏🙏
28/08/2024

San Agustín de Hipona, Ruega por nosotros. 🙏🙏🙏

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,y así por de fuera ...
28/08/2023

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,
y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,
si no estuviesen en ti, no existirían.

Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera;
brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo;
gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;
me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.

¡San Agustín de Hipona, Ruega Por Nosotros!

03/04/2023

SERMÓN 14 A ( = Dolbeau 20 )

Comentario de Sal 17,36

1. Hermanos, atendamos a lo que hemos cantado. De donde el salmo está dicho, de allí está propuesto el salmo. Con la ayuda del Señor algo hable yo de lo que está escrito y que está reciente en voces y oídos: Tu disciplina me ha enderezado al fin y esa disciplina tuya me enseñará 1. Buscamos, en efecto, a qué fin somos dirigidos, qué disciplina es la que nos dirige y cuál es la doctrina de esta cosa. Queremos ser dirigidos y tal vez inquirimos a dónde somos dirigidos. Hemos oído: al fin. Ahora bien, cuando se dice fin, este vocablo tiene que ver o con la consunción o con la consumación. La consunción hace no existir, la consumación hace estar ultimado. Se acaba el alimento comiendo, se acaba un vestido tejiendo. Comiendo se acaba el alimento, de forma que no existe; tejiendo se acaba el vestido, de forma que está ultimado. Sin duda, pues, buscamos ser dirigidos a un fin tal que nos ultime, no por el que sea consumido.

2. ¿Cuál es, pues, ese fin, y cuál la disciplina? El fin es Cristo, la disciplina es la Ley. Oye al Apóstol: Fin de la Ley es Cristo, para justicia a favor de todo el que cree 2. Esto, pues -por decir ya y exponer yo clarísimamente lo que hemos cantado-, o sea, Tu disciplina me ha enderezado al fin 3, significa lo mismo que «Tu Ley me ha dirigido al fin»: tu Ley me ha enderezado a Cristo. Tienen la Ley los judíos, pero no los ha enderezado al fin. En efecto, vinieron al fin porque vieron a Cristo; pero, tropezando contra la piedra 4 final pasaron al lado opuesto, tropezando contra Cristo se derrumbaron y cayeron fuera del fin, pues reprobaron 5 a ese al que debieron llegar. Por eso, para quienes no creen, ese fin mismo vino a ser piedra de traspié; para los creyentes, piedra angular: Para vosotros, asevera el apóstol Pedro, que habéis creído 6, la piedra 7 que reprobaron los edificadores, ésta vino a ser cabeza de ángulo; en cambio, para quienes no creen, piedra de traspié y roca de tropiezo 8.

3. Sabemos quién es el fin; el domingo pasado he dicho ya qué significa ser dirigido al fin. En efecto, ser dirigido al fin es venir a Cristo, esto es, creer en Cristo. ¿Acaso ha de repetirse frecuentísimamente lo mismo? En efecto, se os ha de aconsejar, no se os ha de abrumar, aunque deciros a vosotros lo mismo ciertamente no me da pereza; en cambio, para vosotros es seguro 9. Expuse, de hecho -por esos que, por suponer que creyendo serán salvos y que viviendo mal no van a perecer, suponen que les basta creer y aman vivir mal-, expuse, pues, que entre la fe de los cristianos y la fe de los demonios debe haber esta diferencia, porque también ellos creen: dijeron a Cristo sabemos 10 quién eres 11. Creyeron que es el Cristo, pero no creyeron en Cristo. ¿Por qué, pues, se distingue quien cree que es el Cristo, de quien cree en Cristo? Porque todo el que cree en Cristo, lógicamente cree sin duda que es el Cristo; en cambio, no se sigue que crea en Cristo quien cree que es el Cristo. Ahora bien, el Hijo de Dios ha definido toda la obra de Dios, de forma que dijo: Esta es la obra de Dios: que creáis en ese al que él ha enviado 12. ¿Con qué fin, sino él en persona? No busques un fin fuera de su persona, no sea que buscando un fin fuera de su persona seas consumido, no quedes consumado. En efecto, ¿qué es un fin, sino a donde queremos llegar, mantenernos firmes y no buscar más? En realidad, si vienes pero aún buscas, todavía no has llegado al fin. Llegar, pues, al fin es llegar allí donde digas: «Basta».

4. Como Felipe supusiera que esa realidad es el Padre solo, y dijese: Señor, muéstranos al Padre y nos basta 13, el Señor le muestra que el fin es Dios, pero el Dios Trinidad. Por ende, cuando dices «El fin es Cristo» 14, no separas de ahí a Dios Padre ni, cuando dices «El fin es Dios Padre», separas de ahí a Cristo. El que quiso como separar, por haber supuesto que Cristo es sólo lo que conocía con los ojos, gozoso asevera: Muéstranos al Padre, y nos basta. ¿Qué significa «nos basta»? Allí está el fin del deseo, nada ulterior requeriremos, allí estará nuestra saciedad, allí diremos: «Basta, nada más quiero». ¿Por qué esto? Porque ya te conocemos, muéstranos al Padre, ya que, cuando te vemos, mas a él no le vemos, no nos basta. Gozamos porque te vemos, pero muestra su persona y nos basta: nada más requeriremos. Y el Señor a aquél, porque él en persona es el fin y porque también él en persona es saciante, para retirarle lo que suponía -pues suponía que él no veía al Hijo de Dios cuando veía la forma de esclavo 15-, pregunta a Felipe: Tanto tiempo estoy con vosotros ¿y no me habéis conocido? 16. Cuando buscas el fin y no ves lo que ves, por eso, sí, buscas el fin porque no ves que el fin está apostado ante ti. ¿No crees -pregunta- que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? 17

5. A esto exhorto también yo mediante la lectura que sigue, la que hoy se ha públicamente del evangelio: Ésta es la voluntad del Padre: que, quien viere al Hijo y creyere en él, tenga vida eterna. Y yo lo levantaré en el último día 18. Buscabas el fin: ¿buscas algo más que la vida eterna? Ésta es la voluntad del Padre: que, quien viere al Hijo y creyere en él, tenga vida eterna. Y yo lo levantaré en el último día 19. ¿Qué diré, hermanos míos? ¿Qué ojos buscamos para esta visión? Ved, en efecto, otra definición que hoy ha de ser mostrada, similar ciertamente a la pretérita, de la que ya he hablado: Ésta es la obra de Dios: que creáis en ese a quien él ha enviado 20. Y aquí ¿qué asevera? Ésta es la voluntad del Padre 21, como si dijese Ésta es la obra de Dios, ya que, quien hace la obra de Dios hace la voluntad de Dios. Ésta es la voluntad del Padre: que, quien viere al Hijo y creyere en él, tenga vida eterna. Dos cosas ha dicho. Ésta es la obra de Dios: que creáis en ése a quien él ha enviado 22. Mas aquí ha añadido: el que viere y creyere 23. Vieron los judíos, pero no creyeron; tuvieron una cosa, faltó la otra; sin la otra ¿cómo pudieron llegar a la vida eterna? Si, pues, esos que vieron no llegaron porque no creyeron 24, nosotros, que hemos creído 25, mas no hemos visto -si merecen la vida eterna esas dos cosas, ver y creer, y esos a quienes falta una no llegan a la paga de la vida eterna- ¿qué haremos? Una faltó a los judíos, la otra nos falta a nosotros. Tuvieron el ver, pero les faltó creer. Nosotros tenemos el creer, mas nos falta ver. Verdaderamente, en cuanto que tenemos el creer, mas nos falta ver, el Señor en persona nos ha felicitado en profecía porque, cuando Tomás, uno de los Doce 26, palpó las cicatrices, examinándolas.

Referencias:

1 Sal 17,36

2 Rm 10,4

3 Sal 17,36

4 Cf Rm 9,32

5 1P 2,7

6 Cf 1P 2,7

7 1P 2,6

8 1P 7-8

9 Cf Flp 3,1

10 Cf Jn 6,70

11 Mc 1,24

12 Jn 6,29

13 Jn 14,8

14 Rm 10,4

15 Flp 2,7

16 Jn 14,9

17 Jn 14,10

18 Jn 6,40

19 Jn 6,40

20 Jn 6,29

21 Jn 6,40

22 Jn 6,29

23 Jn 6,40

24 Cf Jn 20,29

25 Cf Jn 6,70

26 Cf Ibid. 20,24

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31/12/2022

En paz descanse nuestro querido Papa Emerito Benedicto XVI.
Dios te acoja en su santo reino para que puedas interceder por nosotros que quedamos en este mundo corrompido y en un momento de crisis.

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25/12/2022

Al hacerse carne, la Palabra del Padre que hizo los tiempos hizo para nosotros en el tiempo el día de su nacimiento. Por su nacimiento humano quiso reservarse un día aquel sin cuya voluntad divina no transcurre ni un solo día. Existiendo junto al Padre, precede a todos los siglos; al nacer de madre, se introdujo en este día en el curso de los años. Se hizo hombre quien hizo al hombre. De esa manera toma el pecho quien gobierna los astros; siente hambre el pan, sed la fuente; duerme la luz; el camino se fatiga en la marcha; falsos testigos acusan a la verdad, un juez mortal juzga al juez de vivos y mu***os, gente injusta condena a la justicia; la disciplina es castigada con azotes, el racimo coronado de espinas, la base colgada de un madero; la fortaleza aparece debilitada, la salud herida, la vida mu**ta. Ni él que por nosotros sufrió tantos males hizo mal alguno, ni nosotros que por él recibimos tantos bienes merecíamos bien alguno. Con todo, para librarnos a nosotros, a pesar de ser indignos, aceptó sufrir tales ignominias y otras parecidas. Con esa finalidad, el que existía como hijo de Dios desde antes de los siglos sin un primer día, se dignó hacerse hijo del hombre en los últimos días. Y nacido del Padre sin ser hecho por él, fue hecho en la madre que él había hecho. Comenzó a existir aquí al nacer de aquella que nunca y en ningún lugar hubiera podido existir a no ser por él.

*Sermón 191, 1*
*San Agustín de Hipona*

Feliz Navidad.

17/08/2022

El que persevere hasta el final se salvará.

San Agustín de Hipona.
Sermón Caillau Saint-Yves 2, 92

Todas las aflicciones y tribulaciones que nos sobrevienen pueden servirnos de advertencia y corrección a la vez. Pues nuestras mismas sagradas Escrituras no nos garantizan la paz, la seguridad y el descanso. Al contrario, el Evangelio nos habla de tribulaciones, apuros y escándalos; pero el que persevere hasta el final se salvará. Pues, ¿qué bienes ha tenido esta nuestra vida, ya desde el primer hombre, que nos mereció la muerte y la maldición, de la que sólo Cristo, nuestro Señor, pudo librarnos?
No protestéis, pues, queridos hermanos, como protestaron algunos de ellos - son palabras del Apóstol-, y perecieron víctimas de las serpientes. ¿O es que ahora tenemos que sufrir desgracias tan extraordinarias que no las han sufrido, ni parecidas, nuestros antepasados? ¿O no nos damos cuenta, al sufrirlas, de que se diferencian muy poco de las suyas? Es verdad que encuentras hombres que protestan de los tiempos actuales y dicen que fueron mejores los de nuestros antepasados; pero esos mismos, si se les pudiera situar en los tiempos que añoran, también entonces protestarían. En realidad juzgas que esos tiempos pasados son buenos, porque no son los tuyos.
Una vez que has sido rescatado de la maldición, y has creído en Cristo, y estás empapado en las sagradas Escrituras, o por lo menos tienes algún conocimiento de ellas, creo que no tienes motivo para decir que fueron buenos los tiempos de Adán. También tus padres tuvieron que sufrir las consecuencias de Adán. Porque Adán es aquel a quien se dijo: Con sudor de tu frente comerás el pan, y labrarás la tierra, de donde te sacaron; brotará para ti cardos y espinas. Éste es el merecido castigo que el justo juicio de Dios le fulminó. ¿Por qué, pues, has de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor que los actuales? Desde el primer Adán hasta el Adán de hoy, ésta es la perspectiva humana: trabajo y sudor, espinas y cardos. ¿Se ha desencadenado sobre nosotros algún diluvio? ¿Hemos tenido aquellos difíciles tiempos de hambre y de guerras? Precisamente nos los refiere la historia para que nos abstengamos de protestar contra Dios en los tiempos actuales.
¡Qué tiempos tan terribles fueron aquéllos! ¿No nos hace temblar el solo hecho de escucharlos o leerlos? Así es que tenemos más motivos para alegrarnos de vivir en este tiempo que para quejarnos de él.

SERMÓN 14 Comentario del Sal 9,14 (10, 14) 1. 1. Hemos cantado al Señor y le hemos dicho: A ti se ha abandonado el pobre...
14/01/2021

SERMÓN 14

Comentario del Sal 9,14 (10, 14)

1. 1. Hemos cantado al Señor y le hemos dicho: A ti se ha abandonado el pobre, tú serás la ayuda del huérfano 1. Busquemos al pobre, busquemos al huérfano. No os parezca extraño el que os exhorte a buscar personas que vemos y experimentamos que tanto abundan. ¿Acaso no está todo lleno de pobres y de huérfanos? Sin embargo, busco al pobre, busco por doquier al huérfano. Pero ante todo he de demostrar a vuestra caridad que no es precisamente lo que buscamos aquello en que pensamos. Pues aquellos que se llaman pobres y lo son, a los que se dan las limosnas ordenadas por Dios 2, con referencia a los cuales confesamos que se escribió: Encierra la limosna en el seno del pobre, y ella rogará por ti al Señor 3..., este tipo de hombres abunda ciertamente. Pero hay que pensar en otra categoría más elevada de pobre. Este pobre forma parte de aquella categoría de la que se dijo: Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos 4. Hay pobres que carecen de dinero, que apenas encuentran el alimento suficiente para el día, y que necesitan de tal modo de los bienes del prójimo y de su misericordia, que no se avergüenzan de mendigar 5. Si es de ellos de los que se ha escrito: A ti se ha abandonado el pobre 6, ¿qué hacemos nosotros si no pertenecemos a este género de pobres? Entonces nosotros, que somos cristianos, ¿no nos hemos abandonado a Dios? 7 ¿Y qué otra esperanza nos queda si no nos hemos abandonado a aquel que no nos abandona? 8

2. Aprended, pues, a ser pobres y a abandonaros al Señor, ya que sois pobres como yo. Uno es rico, es orgulloso. En efecto, en estas riquezas, a las que el vulgo llama así, a las cuales se opone lo que vulgarmente se entiende por pobreza; en estas riquezas -digo- de nada hay que precaverse tanto como de la enfermedad del orgullo. El que no tiene dinero, carece de grandes posibilidades, no tiene de qué enorgullecerse; por tanto, al que no tiene de qué engreírse no se le alaba por no engreírse; al que lo tiene hay que alabarlo si no se enorgullece. Entonces, ¿por qué alabo al pobre humilde que no tiene de qué enorgullecerse? ¿Quién tolera a uno que, además de pobre, es orgulloso? 2. Alaba al rico humilde, alaba al rico pobre. Así los quiere el Apóstol, que, escribiendo a Timoteo, dice: Manda a los ricos de este mundo que no sean orgullosos 9. Sé lo que digo: mándales esto. Pues poseen riquezas que les impulsan internamente al orgullo; poseen riquezas, por lo que les resulta difícil ser humildes. Dame un Zaqueo, dueño de grandes riquezas, jefe de alcabaleros, que reconoce sus pecados, pequeño de estatura y más pequeño de espíritu, que sube a un árbol para ver pasar al que por él había de pender en un madero 10. Dame uno que diga: Doy a los pobres la mitad de mis bienes 11. ¡Pero eres muy rico, Zaqueo, eres demasiado rico! Veo que vas a dar la mitad de tus bienes, ¿por qué te reservas la otra mitad? Porque, si defraudé en algo a alguno, le devolveré el cuádruplo 12.

3. Pero un mendigo, el que sea, agotado por su debilidad, cubierto de harapos, extenuado por el hambre, me dice; me responde y me dice: «A mí se me debe el reino de los cielos, pues soy semejante a aquel Lázaro que yacía ulceroso a la puerta del rico, cuyos perros lamían sus llagas, y que quería saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico. Yo soy más semejante a él que nadie -dice-. Es a nuestro gremio al que se debe el reino de los cielos y no al que se viste de púrpura y lino y banquetea cada día de manera opulenta. Pues así era aquel ante cuya puerta yacía el pobre ulceroso». Contempla el término de uno y otro. Sucedió que murió el pobre y fue transportado por los ángeles al seno de Abrahán; a su vez murió el rico y fue sepultado. Tal vez el pobre no llegó a ser sepultado. ¿Qué sucedió después? Que estando el rico en los tormentos infernales, levantó sus ojos y vio al pobre, a quien había despreciado, descansando tranquilo en el seno de Abrahán. Y deseó una gota de agua de aquel que había deseado una migaja; pero, como amó la opulencia, no encontró misericordia. El siempre insensato y tardíamente misericordioso quiso que se acudiera en socorro de sus hermanos, pero no consiguió nada de lo que pidió 13.

3. 4. Así, pues -me dice- distingamos a quienes son pobres de quienes son ricos. - ¿Por qué me invitas a que asigne a esos términos nuevos significados? A la vista están los pobres y a la vista están los ricos. - Escúchame, ¡señor pobre!, acerca de lo que me has propuesto. Pues cuando dices que tú eres aquel santo ulceroso 14, mucho me temo que, por tu orgullo, no seas lo que dices ser. No desprecies a los ricos misericordiosos, a los ricos humildes; y para decir en una palabra lo que antes anuncié: no desprecies a los ricos pobres. ¡Oh pobre, sé tú también pobre; pobre, esto es, humilde! Pues si un rico se ha hecho humilde, ¿cuánto más debe ser humilde el pobre? El pobre no tiene de qué enorgullecerse; el rico tiene contra qué luchar. Escúchame, pues: sé verdadero pobre, sé piadoso, sé humilde. Pues, si te glorías de tu harapienta y ulcerosa pobreza, porque así fue el pobre que yacía ante la casa del rico 15, atiendes únicamente a que fue pobre y no miras a otra cosa. «¿A qué -dices- he de mirar?». Lee las Escrituras y encontrarás lo que digo. Lázaro fue pobre, pero aquel a cuyo seno fue conducido fue rico. Dice la Escritura: Sucedió -dice- que murió el pobre y fue conducido por los ángeles 16. ¿A dónde? Al seno de Abrahán, es decir, al lugar recóndito donde estaba Abrahán. No entendáis esto de manera física, como si el pobre hubiera sido llevado a la faltriquera de la túnica de Abrahán. Era «seno» porque era un lugar oculto, al igual que se dice en el salmo: Devuelve a nuestros vecinos a su seno 17. ¿Qué significa a su seno? A sus lugares recónditos. ¿Qué quiere decir: devuélvelos a su seno? Tortura su conciencia. Lee o, si no puedes leer, escucha lo que se lee, y advierte que Abrahán fue muy rico en tierras, oro, plata, siervos, ganados y posesiones 18. Sin embargo, este hombre rico fue pobre, porque fue humilde: Creyó Abrahán a Dios y se le imputó a justicia 19. Fue justificado por la gracia de Dios, no por su propia presunción. Era creyente, obraba con rectitud. Se le mandó inmolar a su propio hijo, y no dudó en ofrecer lo que había recibido a aquel de quien lo había recibido 20. Fue probado por Dios y puesto como ejemplo de fe. Dios ya lo conocía, pero tenía que mostrárnoslo a nosotros. No se envaneció con las buenas obras como si fuesen suyas, porque este rico era pobre. Y para que te des cuenta de que no se envaneció de las obras buenas como si fueran suyas -sabía en verdad que todo lo que poseía lo había recibido de Dios, y no se gloriaba en sí mismo, sino en el Señor 21- escucha al apóstol Pablo: Si Abrahán fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no delante de Dios 22.

4. 5. Estáis viendo que, aunque abundan los pobres, con motivo buscamos al pobre; lo buscamos en medio de una muchedumbre (de pobres), y apenas lo hallamos. Me sale al encuentro un pobre, y yo busco al pobre. Mientras tanto, tiende la mano al pobre que te ha salido al paso. A quien buscas, le buscas con el corazón. Tú dices: «Soy pobre como Lázaro». Sin embargo, este mi rico humilde no dice: «Soy rico como Abrahán». Por consiguiente, tú te enalteces y él se humilla. Así, pues, tú te enorgulleces, él se humilla. ¿Por qué te envaneces y no le imitas? «A mí -dice- en cuanto pobre, me llevan al seno de Abrahán». ¿No te das cuenta de que el rico recibió al pobre? ¿No te das cuenta de que es un rico el que acoge al pobre? Si te enorgulleces contra los que tienen dinero y les niegas la pertenencia al reino de los cielos, cuando posiblemente se halle en ellos una humildad que no existe en ti, ¿no temes que, después de la muerte, te diga Abrahán: «Apártate de mí porque me has injuriado»?

6. Dirijamos, pues, a nuestros ricos la misma exhortación del Apóstol. Este es su consejo: No sean orgullosos ni pongan su esperanza en riquezas inseguras 23. Las riquezas que consideráis llenas de placeres, están más llenas aún de peligros. Cuando era pobre, dormía más seguro; el sueño se hacía presente con más facilidad en la dura tierra que en el lecho plateado. Estad atentos a las preocupaciones de los ricos y comparadlas con la tranquilidad de los pobres. Pero escuche este rico para que no se enorgullezca ni ponga su esperanza en las riquezas inseguras. Use del mundo como quien no usa de él 24. Sepa que está de camino y que ha entrado en estas riquezas como en una posada. Repare sus fuerzas, como viandante que es; repóngase y prosiga su viaje, sin llevar consigo lo que encuentra en la posada. Vendrá otro viajero, que lo poseerá también, pero sin llevárselo. 5. Todos han de dejar aquí lo que aquí adquirieron. Desnudo -dice Job- salí del vientre de mi madre y desnudo he de volver a la tierra. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó 25. No se lo quitó, puesto que a ti se ha abandonado el pobre 26. Desnudo salí del vientre de mi madre, desnudo he de volver a la tierra.

7. Escucha a otro pobre: Nada hemos traído a este mundo y nada podemos llevarnos de él. Teniendo vestido y alimento, con eso estemos contentos. Pues los que quieren hacerse ricos caen en la tentación y en una multitud de deseos necios y nocivos que sumergen a los hombres en la muerte y en la perdición. La avaricia es la raíz de todos los males; los que la apetecieron se extraviaron lejos de la fe y se enredaron en muchos dolores 27. ¿Quiénes son éstos que se extraviaron lejos de la fe y se enredaron en muchos dolores? Los que desean hacerse ricos. Que me conteste ahora el pobre andrajoso. Veamos si no quiere hacerse rico. Veámoslo, preguntémosle si no quiere enriquecerse. Conteste sin mentir. Oigo lo que dice su lengua, pero yo pregunto a su conciencia. Diga si no quiere hacerse rico. Mas, si quiere, cayó ya en la tentación y en una multitud de deseos necios y nocivos. No hablo de riquezas, sino de deseos. ¿Por qué? Porque anhela hacerse rico. Y de eso, ¿qué se deriva? Una multitud de deseos necios y nocivos que sumergen a los hombres en la muerte y en la perdición 28. ¿Adviertes en qué situación te encuentras? ¿Por qué me muestras que careces de bienes si yo te declaro convicto de tan ardientes deseos? Mira, compara ya a estos dos hombres. El uno es rico, el otro es pobre. El rico ya lo es, no quiere serlo: es rico, bien por sus padres, bien por haber recibido donaciones o herencias. Supongamos, admitamos que su riqueza es fruto de sus maldades; pero ya no quiere amontonar más riquezas, se ha impuesto un tope, ha fijado límites a la codicia; ahora milita su corazón al servicio de la piedad.

6. 8. Es rico -dices-. Te contesto: es rico. De nuevo, en tono acusador, replicas y dices: «Es rico por su maldad». ¿Y qué, si se hace amigos con las riquezas conseguidas con la maldad? El Señor sabía lo que decía; sin duda no estaba equivocado cuando mandaba: Granjeaos amigos con la riqueza de la maldad, para que también ellos os reciban en las moradas eternas 29. Si el rico hace esto, ¿qué decir? Ya pone fin a su codicia, ejercita la piedad. Tú no tienes nada, pero quieres ser rico: caes en la tentación. Quizá te hiciste extremadamente pobre y necesitado porque, teniendo no sé cuantos bienes paternos con los que te sustentabas, te los arrebató la calumnia de algún rival. Oigo tus lamentos; acusas los tiempos que corren; pero, si estuviera en tus manos, harías lo mismo que lamentas (haber sufrido). ¿Acaso no lo vemos? ¿No se dan a diario ejemplos de estos casos? Ayer gemía el que perdía sus bienes; hoy, perteneciendo ya a una clase superior, roba lo ajeno.

9. Hemos hallado al verdadero pobre, al piadoso y humilde que no confía en sí mismo; al pobre verdadero, miembro del pobre que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros 30. Contemplad a nuestro rico que, siendo rico, se ha hecho pobre por nosotros; contempla a este rico: Todo fue hecho por él, y sin él nada fue hecho 31. Es más crear el oro que poseerlo. Eres rico en oro, plata, ganados, siervos, fincas y frutos; pero no has podido crearte todas esas cosas. Contempla a aquel rico: Todo fue hecho por él. Contempla a aquel pobre: La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros 32. ¿Quién pensará adecuadamente en sus riquezas? ¿Quién pensará en forma debida cómo hace las cosas 33 el que no es hecho, cómo crea el que no es creado; cómo forma el no formado, cómo hace cosas mutables el inmutable y cosas temporales el eterno? ¿Quién puede pensar debidamente en sus riquezas? 7. Pensemos en su pobreza, por si, tal vez, al ser pobres, al menos comprendemos esta. Fue concebido en el seno virginal de una mujer 34, encerrado en las entrañas maternas. ¡Oh pobreza! Nace en un albergue angosto; envuelto como bebé en pobres pañales, se le pone en un pesebre 35, y se convierte en alimento para sus pobres monturas; luego, el Señor del cielo y de la tierra, el creador de los ángeles, el hacedor y autor de todas las cosas visibles e invisibles mama, llora, se alimenta, crece 36, soporta la edad y oculta la majestad. Después es apresado, despreciado, flagelado, burlado, escupido, abofeteado, coronado de espinas, colgado de un madero 37 y traspasado con una lanza 38. ¡Oh pobreza! He aquí la cabeza de los pobres que yo busco, de la cual es miembro 39 el verdadero pobre.

10. Busquemos rápidamente al huérfano, ya que nos hemos fatigado en la búsqueda del pobre. ¡Oh Señor Jesús! Busco al huérfano, y lo busco fatigado. Respóndeme pronto a fin de que lo encuentre. No llaméis -dice- a nadie Padre en la tierra 40. El que es huérfano en la tierra, encuentra un Padre inmortal en el cielo. No llaméis -dice- a nadie padre en la tierra. Hemos encontrado al huérfano. ¡Que ore este huérfano! Escuchémosle e imitémosle. ¿Cuál es su oración?: Porque mi padre y mi madre me abandonaron. Mi padre -dice- y mi madre me abandonaron; pero el Señor me tomó a su cargo 41. Luego, si son dichosos los pobres en el espíritu porque de ellos es el reino de los cielos 42, a ti se ha abandonado el pobre. Simi padre y mi madre me abandonaron, el Señor me acogió; tú serás la ayuda del huérfano 43.

Referencias:



1 Sal 9,14

2 Cf Tb 4,7; Si 7,10; Mt 6,2-4; Lc 11,41; 12,33

3 Si 29,15

4 Mt 5,3

5 Cf Lc 16,3

6 Cf Sal 9,14

7 Sal 10,14

8 Cf 1R 6,13

9 1Tm 6,17

10 Cf Lc 19,1-4

11 Lc 19,8

12 Lc 19,8

13 Cf Lc 16,19-31

14 Cf Lc 16,20

15 Ibid.

16 Lc 16,22

17 Sal 78,12

18 Cf Gn 13,2

19 Gn 15,6; Rm 4,3; Ga 3,6

20 Cf Gn 22, 1-10

21 Cf 1Co 4,7

22 Rm 4,2

23 1Tm 6,17

24 Cf 1Co 7,31

25 Jb 1,21

26 Sal 9,14

27 1Tm 6,7-10

28 1Tm 6,9

29 Lc 16,9

30 Cf 2Co 8,9

31 Jn 1,3.

32 Jn 1,14

33 Cf Jn 1,3

34 Mt 1,18

35 Cf Lc 2,7

36 Cf Lc 2,40

37 Mt 26,36-27-36 y par

38 Cf Jn 19,34

39 Cf Rm 12, 4-5; 1Co 6,15; Ef 4,25

40 Mt 23,9

41 Sal 26,10

42 Mt 5,3

43 Sal 9,14

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