12/11/2021
El éxtasis profético, del cual son notables ejemplos los recién citados, era, evidentemente, el ver algo espiritualmente, una iluminación sobrenatural en la cual el ojo natural estaba, o bien cerrado, (comp. Núm. 24:34) o bien, se suspendían sus funciones ordinarias y los sentidos in-ternos se apoderaban vívidamente de la escena que se les presentaba o de la palabra que se les revelaba. No es menester, con Delitzch, entrar en prolijas clasificaciones, dividiendo este éxtasis divino en tres formas, el místico, el profético y el de carisma. Todo éxtasis es místico y el éxtasis de carisma puede haber sido profético; pero aún podemos, con ese autor, definir el éxtasis profético como consistiendo esencialmente en esto: en que el espíritu humano es cogido y rodeado por el Espíritu Divino que escudriña todas las cosas, aun las profundas de Dios, y asido con una energía tan elevadora que, siendo apartado de sus condiciones ordinarias de limitación en el cuerpo, se transforma completamente en ojo vidente, oído oyente, sentido perceptor que se da cuenta perfectamente vívida de las cosas del tiempo y la eternidad, según son presentadas por el poder y sabiduría de Dios.
(Fuente: Hermenéutica II, Maestría en Teología, Shalom Theological University)