30/10/2015
Hay muchos pensamientos incorrectos respecto al amor. A veces nos concentramos más en las palabras que en las acciones y nos volvemos demasiado sentimentales.
Entonces nos ofendemos por cualquier cosa y necesitamos que nos digan constantemente cuánto nos aman. Claro que decirlo es importante, pero demostrarlo es mucho mejor.
Así que debemos aprender a manejar nuestros sentimientos y sentimentalismo. En el deporte, por ejemplo, vemos que hay rudeza entre los jugadores y muchas veces el entrenador ofrece las instrucciones con palabras directas, incluso agresivas, pero nadie se lo toma como una ofensa personal. Por el contrario, en la iglesia, donde supuestamente debemos estar convencidos del amor de Dios y de los hermanos, nos ofendemos por cualquier cosa. Esto debe cambiar en la medida que aprendamos sobre el verdadero amor.
Jesús nunca le dijo directamente a alguien “te amo”, pero lo demostró con Su vida. Lo que sí pidió fue que nos amáramos unos a otros como Él nos ha amado, así que expresó con palabras y obras que nos amaba, aunque no abrazaba constantemente a las personas.
Ser cariñoso y romántico es bello, Pero a veces nuestra convicción sobre el amor de alguien es tan débil que necesitamos más de las palabras y cariños que de las acciones concretas. Entonces vemos esposas que se deprimen si el esposo no les dice constantemente que las ama y si ellos se lo dicen, ¡ellas piden que se los juren! Ese tipo de conductas revelan una gran inseguridad.
No ahogues a tu pareja con exigencias, mejor dedícate a amarla y verás que recibirás lo mismo a cambio. Además, ama sin condiciones o manipulaciones. En la iglesia sabemos que la expresión: “Quiero decirte algo en el amor de Cristo”, significa que nos dirán algo desagradable para lo que debemos prepararnos. No utilices el amor de Dios para manipular a las personas, expresa lo que debas decir en tu nombre, no en nombre del Señor.
Jesús vino a romper la idea del amor que debe expresarse más con palabras que con acciones. Él nos enseña que el verbo amar debe complementarse con circunstanciales como: fidelidad, lealtad y respeto. Cónyuges, padres, hijos, amigos, todos debemos conjugar el verbo amar con esas expresiones concretas que lo hacen realidad.
El amor de Dios es eterno
Jeremías 31:3 aclara: Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.
~Bethy Perez~