22/11/2025
Elías y la Fe en la Loma
En las lomas de Jarabacoa, donde el verdor es más intenso que un café colado por la abuela y el aire fresco te llena el pulmón de esperanza, vivía Elías. No era un profeta de los tiempos bíblicos, sino un hombre de este tiempo, con las mismas luchas que cualquiera en nuestro campo o en la capital. Su concho se había dañado por un hoyo inesperado, el colmado le fiaba poco y la situación en la casa apretaba más que la tapa de un mangú bien hecho. Elías sentía que su vida estaba en un callejón sin salida, como cuando uno busca un motoconcho y no encuentra ni uno solo.
Cada atardecer, Elías subía a una loma cercana, no con la prisa de ir a una fiesta, sino con la sed de encontrar paz. Mientras el sol se despedía pintando el cielo con los colores de nuestra bandera y la brisa le traía el olor a tierra mojada, abría su Biblia, esa que le regaló su mamá, buscando una señal, una palabra de aliento.
Un día, mientras leía un pasaje que hablaba de cómo Dios abrió el Mar Rojo, una paloma blanca, más pura que el agua de un río en Constanza, bajó del cielo. Se posó cerquita de él, y en ese instante, una calma que no sentía desde niño lo invadió. Las palabras que leía se le metieron en el alma: "¡DIOS ABRE CAMINOS DONDE NO LOS HAY! ¡CONFÍA EN SU PLAN DIVINO!"
En ese momento, Elías entendió. No se trataba de romperse la cabeza buscando una solución por su cuenta, como si él solo pudiera resolverlo todo. Se trataba de soltar esa carga y confiar en que el Señor, que sabe más que un viejo refrán, ya tenía un camino para él, aunque ahora mismo lo viera más oscuro que un café sin azúcar. Comprendió que sus "callejones sin salida" eran solo una invitación para que Dios se luciera, ¡para que hiciera un milagro a lo dominicano!
Con el corazón más liviano que un bollo de pan en el desayuno y una fe más fuerte que el merengue en carnaval, Elías regresó a su casa. Las deudas no se esfumaron como por arte de magia, pero la chispa en sus ojos volvió. Empezó a orar con más ganas que un fanático en un partido de pelota, a buscar la dirección de Dios en cada paso y a actuar con la certeza de que el "Altísimo" estaba con él.
Y poco a poco, de la forma más inesperada, como cuando te sale un billete en un pantalón viejo, las cosas comenzaron a arreglarse. Un vecino le ofreció una oportunidad de trabajo, el mecánico le dio un "break" con el concho y, al final, ese camino que parecía cerrado se abrió de par en par, más bonito y sorprendente de lo que jamás imaginó. ¡Dios siempre tenía un "plan B" mejor!
La historia de Elías es un recordatorio de que, no importa cuán "apretada" esté la situación, Dios siempre tiene una salida. Solo necesitamos buscar Su Palabra, sentir Su Espíritu y, sobre todo, ¡CONFÍAR EN SU PLAN DIVINO!