17/05/2026
del Señor
“Lo vieron levantarse hasta que una nube lo quitó de la vista”. Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse escuchan: “¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? Os ha dejado para subir al cielo y volverá...” Con qué sencillez Lucas nos presenta, nada más comenzar el libro de los Hechos de los Apóstoles, el acontecimiento resurrección-ascensión de Jesús.
Pablo a los efesios con un lenguaje más teológico presenta a Dios, el Padre de la Gloria “que con la eficacia de su fuerza poderosa resucita a Jesús de entre los mu***os y y lo sienta a su derecha en el cielo”. “Todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos”.
Hay personas de buena voluntad que han aportado mucho a la humanidad y, sin embargo, abandonan este mundo sin haber encontrado sentido a su paso por la tierra. El Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 1959 Severo Ochoa (1905-1993) decía un poco antes de morir: “siento irme de este mundo sin saber exactamente dónde he estado”.
Por su parte, el filósofo rumano Emile Cioran (1911-1995), que aborrecía ser Ilamado filósofo y aseguraba que no aguantaría ni un solo día en el paraíso, se preguntaba: “¿Cómo explicar entonces la nostalgia que tengo de él?” Y añadía: “No la explico; vive en mí desde siempre, estaba en mi antes que yo”.
Jesús comprende las dificultades para ver más hondo y elevar la vista más arriba y más allá de lo que se ve o se toca. No rechaza a nadie y admite a los que le siguen con paso vacilante: entre los que asisten a su despedida, algunos vacilaban.
La Ascensión de Jesús nos invita a mirar más allá de lo inmediato. Al despedirse, Jesús deja a los suyos el encargo de no quardarse para sí el tesoro que han recibido. Les anima a hacer discípulos, es decir, a facilitar a las personas el encuentro con el Maestro; a enseñar a guardar todo lo que os he mandado, o sea, a vivir y transmitir los valores evangélicos vividos con él, que nos hacen más humanos y construyen una humanidad mejor.
Concédenos, Jesús Resucitado, el vivir la experiencia profunda de tu presencia en la vida sencilla de cada día. Que la sepamos contagiar. Gloria Ti Señor. Aleluya. Amén.
Santuario de la Caridad Pinar del Río
Diócesis de Pinar del Río