Conferencia de Obispos Católicos de Cuba

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San Agustín de Canterbury, Apóstol de los Ingleses.Monje benedictino formado en Roma, fue enviado por el Papa Gregorio M...
27/05/2026

San Agustín de Canterbury, Apóstol de los Ingleses.

Monje benedictino formado en Roma, fue enviado por el Papa Gregorio Magno para anunciar el Evangelio en tierras lejanas. Con humildad y paciencia, Agustín llegó a Inglaterra y logró la conversión del rey Etelberto de Kent, abriendo el camino para que la fe cristiana echara raíces en aquel pueblo.

Fundó la sede de Canterbury, que se convirtió en el corazón del cristianismo inglés, y fue su primer arzobispo. Su misión no estuvo exenta de dificultades, pero su confianza en Dios y su espíritu misionero le dieron la fuerza necesaria para perseverar.

Recordado como el “Apóstol de los Ingleses”, San Agustín nos enseña que la evangelización requiere valentía, mansedumbre y una fe que se apoya en la gracia divina.

Conoce más detalles de su historia en nuestra página web: https://iglesiacubana.org/santo_del_dia/san-agustin-de-canterbury-27-de-mayo/

27/05/2026
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27/05/2026
27/05/2026

MENSAJE RADIAL DE MONSEÑOR W***Y, ARZOBISPO DE CAMAGÜEY, EL DOMINGO DE PENTECOSTÉS, 24 DE MAYO DE 2026

(REPIQUE DE CAMPANAS) ¡Muy buenos días a todos y feliz domingo! Comenzamos nuestro encuentro dominical haciendo despacio la señal de la cruz y mencionando el nombre santo de Dios.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. AMÉN. Que la alegría, la paz y la fuerza de Jesucristo resucitado de entre los mu***os estén hoy y siempre con todos ustedes. Y CON TU ESPÍRITU.
Canto: Siempre es Pentecostés.

Queridos hijos e hijas: Hoy celebramos la fiesta del Espíritu Santo. En la letra del canto que escuchábamos quizás alguno oyó por primera vez la palabra “Pentecostés”. Es un término griego que significa “cincuenta”. Y es que, durante 50 días, hemos celebrado la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Hemos vivido siete semanas de alegría y alabanza, en las que renovamos nuestra fe en la presencia de Cristo Resucitado en medio de nosotros. Al igual que les sucedió un día como hoy a María y los discípulos, el Espíritu Santo nos levanta de nuestro desaliento, ilumina nuestra oscuridad, fortalece nuestra debilidad, nos llena de su santa alegría y nos enciende en su fuego de amor. El Espíritu Santo será la resurrección continuada.
Escuchemos a continuación el relato de la Biblia donde se nos narra lo sucedido aquel día de Pentecostés. Hoy me acompaña nuevamente en los micrófonos Carlos Ojeda, de los Hermanos de San Juan de Dios, que trabaja en el Hogar Padre Olallo, de esta ciudad, y a quien le pido hacernos la lectura.

LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES, capítulo 2, versículos 1 al 13: “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos los discípulos reunidos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en distintos idiomas, según el Espíritu los movía a expresarse. Se encontraban por entonces en Jerusalén judíos piadosos venidos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Todos, sorprendidos y admirados, decían: ‘¿No son de Galilea todos los que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua materna? Los que vivimos en Mesopotamia, Judea y Capadocia, el Ponto y Asia Menor, en Frigia y Panfilia, Egipto y la parte de Libia que limita con Cirene, los romanos que estamos de paso, partos, medos y elamitas, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las grandezas de Dios’.
Todos estaban asombrados y sin saber qué pensar y se preguntaban: ‘¿Qué significa todo esto?’. Pero algunos, burlándose, decían: ‘Es que están borrachos’. PALABRA DE DIOS. TE ALABAMOS SEÑOR.

Cincuenta días después de la Resurrección, los discípulos están como congelados y, además, con las puertas cerradas y con mucho miedo a la gente que había crucificado a Jesucristo. Y todo ello a pesar de que habían visto cada domingo al Señor Resucitado que les había mostrado sus llagas, había compartido con ellos, les había deseado la paz un montón de veces, etc… Es verdad que en cada encuentro dominical con el Resucitado ellos se alegraban… pero no cambiaban. Todavía dudaban. No solo estaban paralizados sus cuerpos sino también sus almas. Afortunadamente van a salvarse porque se han mantenido juntos y en oración, acompañados por María, la madre de Jesús. El cambio se dio, un día como hoy, cuando el Espíritu Santo, que Jesucristo les había prometido como el que los llevaría a la verdad completa y a entenderlo todo, viene sobre ellos. Como hemos escuchado, hubo viento, ruido externo, signos sensibles de la presencia interna y operante del Espíritu. Va a empezar la vida de la Iglesia bajo el impulso del Espíritu que todo lo penetra y lo transforma.
Aquellos apóstoles que salieron huyendo el Viernes Santo, aquel Pedro que negó tres veces conocer a Jesús, aquellos que querían tener los primeros puestos, aquel Tomás que tuvo dudas de la resurrección de Jesús… todos ahora salieron a la calle y hablaban abierta y valientemente a la gente llamándolos a la fe en el Resucitado.

Era el nacimiento de la Iglesia. Y para este comienzo, los dones o regalos del Espíritu Santo fueron especiales, extraordinarios, como fue el hablar en distintas lenguas pero que todos entendieran, curaciones múltiples, profecías, etc. Fueron regalos necesarios a la hora de poner los cimientos de la naciente Iglesia. Después, a la hora de continuar el edificio, cuando aparecieron otras necesidades, el Espíritu Santo regaló, y sigue regalando hoy, otros dones llamados ordinarios o comunes, que también iluminan, instruyen y aprovechan. Más que hablar en lenguas, invitan a la caridad, a la fidelidad callada, a la bondad abnegada, a la fortaleza en las tentaciones, a la fervorosa perseverancia en la oración, a la paciencia en el dolor o la enfermedad.

El Espíritu lleva siglos invitándonos a hablar “otro idioma” que entiendan todos los que vivimos en este mundo, pero que sea un idioma distinto del que escuchamos a nuestro alrededor, y que más bien crea confusión. Quedamos confundidos cuando escuchamos frases como éstas: “el que la hace que la pague”, “lo hice talco”, “lo planché”, “perdono, pero no olvido”, “murió para mí”, “ese no levanta más la cabeza”, etc. etc.

Pero ¡qué distinto se vuelve todo cuando hablamos, y escuchamos hablar a nuestro alrededor, el “idioma” del amor, el idioma que nos inspira el Espíritu Santo! Del amor con palabras y con obras, del amor sin fingimientos, que no busca su propio interés, que no espera nada a cambio. ¡Cuánto anima oír el “idioma” que se esconde en una sonrisa, una palabra de aliento, un apretón de manos, una palmadita en el hombro, un guiño con el ojo, un dedo pulgar levantado hacia arriba! Uno piensa que si hasta los animales saben distinguir muy bien quién los quiere y quién no, ¡cuánto más notarán eso las personas! Pidámosle hoy al Espíritu Santo ser de aquellos que hablen el “idioma” que construye, para que podamos entendernos los unos a los otros.

También en nuestra vida diaria hay momentos imprevistos y repentinos en los que cometer un pecado o vencer la tentación de cometerlo se vuelve algo dramático. Igualmente hay momentos en que un cristiano se ve precisado a tener que dar la cara por Jesucristo, que nos lo había advertido diciendo: “Cuando a ustedes los lleven a los tribunales por mi causa, hagan el propósito de no preparar por el camino su defensa, porque el Espíritu Santo será quien hable por ustedes” (Mc 13, 11). Es, en esas circunstancias especiales, que el Espíritu Santo nos brinda, como ayuda para salir airosos, sus dones de la piedad, sabiduría, entendimiento, ciencia, fortaleza, consejo y temor de Dios.

Queridos todos: No son únicamente estos siete dones los regalos que nos brinda el Espíritu Santo. Son muchos más los que Él da a sus hijos. Cada persona, ustedes y yo, y los demás, hemos recibido algunos de ellos y cada persona debe ponerlos al servicio de todos, porque ésta es la hora del Espíritu. San Pablo nos enseña en la Biblia: “En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común” (1 Cor. 12, 7). En la misma comunidad a la que ustedes pueden pertenecer, el Espíritu Santo se manifiesta de muchas maneras: hay quien tiene el don de la música, de la atención a los enfermos, de la asistencia a los ancianos y necesitados, de los que ayudan a los presos y a sus familiares, de los misioneros que llevan el Evangelio casa por casa, de los que mantienen el templo abierto, de los catequistas, etc. Lo importante es poner esos dones al servicio de los demás.
Si tú perteneces a alguna comunidad, hoy también es el día de preguntarte: ¿Qué hago yo por mi comunidad? ¿Voy a la iglesia con mentalidad de dar o sólo de recibir? ¿Soy realmente comunidad? ¿Conozco a los demás y los demás me conocen a mí? Si faltara a Misa un solo domingo, ¿alguien se daría cuenta de que falté? ¿Tendré yo enterrados los dones que he recibido del Espíritu Santo? ¿Qué más podría hacer yo por los demás?
Los invito a que, con el canto, le pidamos al Señor que nos ilumine con su Espíritu.

CANTO: Ilumíname, Señor, con tu Espíritu.

UNA ENSEÑANZA PARA SU VIDA

En muchas ocasiones se representa al Espíritu Santo de distintas formas. Se utilizan símbolos que nos ayudan a comprender mejor la presencia y el poder del Espíritu Santo en nuestras vidas. Cada una de estas imágenes nos recuerda la importancia de abrirnos a la guía y la influencia del Espíritu Santo en todo lo que hacemos. Éstas son las representaciones más comunes del Espíritu Santo:

La paloma: Una de las representaciones más conocidas y utilizadas del Espíritu Santo es la paloma. Esta imagen se basa en el relato bíblico del bautismo de Jesús, donde el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma de una paloma. La paloma simboliza la paz, la pureza y la dulzura del Espíritu Santo.

Una llama de fuego: Otra representación común del Espíritu Santo es una llama de fuego. Esto se relaciona con el relato del día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos de Jesús en forma de lenguas de fuego. La llama de fuego simboliza la pasión, el poder y la transformación que el Espíritu Santo trae a nuestras vidas.

Una nube: En algunas representaciones artísticas, el Espíritu Santo se muestra como una nube brillante o luminosa. Esta imagen se basa en la nube que guió al pueblo de Israel durante su éxodo en el Antiguo Testamento. La nube simboliza la presencia divina y la guía del Espíritu Santo en nuestras vidas.

El viento: El Espíritu Santo también se representa como un viento suave o poderoso. Esta representación se basa en la idea de que el Espíritu Santo es invisible pero poderoso, como el viento. El viento simboliza el soplo divino que trae vida y renovación a nuestras almas.

LA PREGUNTA DEL DÍA

Es un problema muy personal que me atrevo a plantearle. Entre las personas que me rodean hay alguien a quien, literalmente, no soporto. Me molesta, incluso, oir su voz. Y esta situación es muy molesta para mí y supongo que los demás se dan cuenta. ¿Es una situación que tiene remedio? Discúlpeme. Gracias

Querido oyente: Siempre hay alrededor de nosotros, una persona “difícil” a la que nos cuesta querer. Quizás, para buscar a esa persona “difícil” no tenemos ni que salir de nuestra propia casa. Allí mismo está, porque podría ser un cuñado o un suegro que también viven en la misma casa.
Puede incluso que haya alguna persona a la que no le hablamos por algo que pasó, quizás hace años. Le recomendaría que usted hoy mismo tomara una decisión valiente que cambie para bien esta desagradable situación que, como usted reconoce, es muy molesta.
Si tiene algo que perdonarle a esa persona, hágalo, que usted va a salir ganando. Y también saldrán ganado la persona difícil, su familia, los vecinos o compañeros de trabajo. Y hasta Cuba entera.
Si lo que tiene que soportar es su mal carácter, porque en realidad a usted no le ha hecho nada, entonces pídale a Dios que el corazón suyo no se quede frío ante esta situación. Trate de comprender por qué es así. Tal vez, desde niño, no se sintió querido por sus padres, o siempre estaban elogiando a sus hermanos y no a él, etc., etc. Y nuestro buen Dios, que es Padre de todos, y demuestra su fuerza “perdonando y teniendo misericordia” se pondrá muy contento. Porque Él es el padre de todos, de usted y también del “difícil”.
Y una última observación que, espero, sepa comprender. ¿Y cuando somos nosotros los “difíciles” para otras personas? Entonces quisiéramos que nos comprendieran…

Queridos todos: Vamos a presentar ahora nuestras peticiones, a las que responderemos diciendo: ENVÍANOS TU ESPÍRITU SANTO

• Para que el Espíritu Santo, con su don de la sabiduría, acompañe a los responsables en el gobierno de los pueblos para que busquen y encuentren lo que conduce a la paz y al progreso, roguemos. ENVÍANOS TU ESPÍRITU SANTO.
• Para que el Espíritu Santo, con su don del consejo, ilumine a los responsables de las distintas Iglesias para que avancen en el camino de la unidad, roguemos. ENVIANOS TU ESPÍRITU SANTO.
• Para que el Espíritu Santo, con su don del entendimiento, descienda sobre todos los que buscan la verdad y el sentido de la vida, para que encuentren la respuesta en Dios, roguemos. ENVÍANOS TU ESPÍRITU SANTO.
• Para que el Espíritu Santo, con su don de ciencia, alcance a todos los que se dedican al estudio y a la investigación, para que siempre lo hagan al servicio de los demás, roguemos. ENVÍANOS TU ESPÍRITU SANTO.
• Para que el Espíritu Santo, con su don de la fortaleza, acompañe a los que se sienten débiles en su fe, y temen caer en pecado, roguemos. ENVÍANOS TU ESPÍRITU SANTO.
• Para que el Espíritu Santo, con su don de la piedad, nos haga a todos verdaderos testigos de la misericordia de Dios, roguemos. ENVÍANOS TU ESPÍRITU SANTO.
• Para que el Espíritu Santo, con su don del temor de Dios, nos ayude a todos a respetarnos unos a otros y a que tomemos a Dios en serio, roguemos. ENVÍANOS TU ESPÍRITU SANTO.

Los invito a que escuchemos ahora y recemos esta oración al Espíritu Santo. No sabemos con exactitud quién fue su autor. Se dice que fue un Arzobispo de Carterbury, o un Rey de Francia a quien le llamaban “el piadoso”, o el Papa Inocencio III. Lo cierto es que, quien la redactó, estaba inspirado por Dios. Piensen en los verbos que escucharemos que se convierten en una petición nuestra al Espíritu Santo: Ven, entra, mira, riega, sana, lava, calienta, doma, guía, reparte tus dones, salva. Recemos:

• Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.
• Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
• Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
• Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
• Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito, salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén”.

Queridos hijos e hijas: Recemos ahora con gozo la oración del Padrenuestro que Jesús nos enseñó: PADRE NUESTRO… Y también, como siempre, nos ponemos en las manos maternales de la Virgen de la Caridad, rezando el Ave María: DIOS TE SALVE, MARÍA.
Concluyo dándoles a todos la bendición de Dios, en especial a las madres ancianas y enfermas, a los matrimonios que no han podido tener hijos, a los cubanos que viven o trabajan en otros países, a los presos, a los deambulantes, a los que se sienten solos, y a los que, con razón, se desaniman por tener que hacer tantas gestiones para resolver algún problema. Bendición que alcance también a los sacerdotes, religiosas, diáconos y seminaristas de nuestra Iglesia. Inclinen, por favor, sus cabezas.

Jesucristo, el Señor Resucitado, esté siempre a su lado para defenderlos. AMÉN. Que él vaya delante de ustedes para guiarlos, y detrás de ustedes para protegerlos. AMÉN. Que él vele por ustedes y los sostenga. AMÉN. Y que la bendición de Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos ustedes y los acompañe siempre. AMÉN

Les recuerdo que, con el favor de Dios, nos volveremos a encontrar el próximo domingo, a las 9 de la mañana, y por esta emisora provincial. Los animo a convertir este canto final en una oración.

¡QUE TENGAN UNA BUENA SEMANA!

CANTO FINAL: Ven, Espíritu de Dios, sobre mí.

27/05/2026
San Felipe Neri, el Apóstol de Roma.Nacido en Florencia, Felipe Neri se distinguió desde joven por su alegría contagiosa...
27/05/2026

San Felipe Neri, el Apóstol de Roma.

Nacido en Florencia, Felipe Neri se distinguió desde joven por su alegría contagiosa y su amor a Dios. Tras trasladarse a Roma, dedicó su vida al servicio de los pobres y a la formación espiritual de los jóvenes, convirtiéndose en un verdadero padre para muchos.

Con sencillez y buen humor, enseñaba que la santidad no consiste en gestas extraordinarias, sino en vivir cada día con confianza en Dios y caridad hacia los demás. Fundó la Congregación del Oratorio, donde la oración, la música y la predicación se unían para acercar las almas al Evangelio.

Su sonrisa y su humildad fueron su mejor catequesis: recordaba que “la alegría es signo de un corazón que ama a Dios”. Canonizado en 1622, su memoria sigue inspirando a quienes buscan vivir la fe con gozo y autenticidad.

Su fiesta se celebra el 26 de mayo.

Puedes leer más en nuestra página web: https://iglesiacubana.org/santo_del_dia/san-felipe-neri-26-de-mayo/

25/05/2026
25/05/2026
25/05/2026

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