26/05/2026
Fallece esta madrugada Rubén Rodríguez Hurtado en Santiago de Cuba.
El 20 de Julio de 1950 nace Rubén Rodríguez Hurtado, en el seno de una familia humilde que vivía en Manigüero, Bayate, provincia de Guantánamo.
Hijo de Vidalina Hurtado y Alberto Rodríguez, llegó como el 6to de diez hermanos.
Desde pequeño conoció el mensaje de salvación predicado por la iglesia adventista, ya que su familia profesaba esta fe. Convencido de la verdad del regreso de Jesús y de la vida abundante que radica en obedecerle, Rubén se bautiza a la edad de 12 años en la iglesia de El Dajao, donde colaboraba como director de jóvenes y director de cantos, entre otras funciones.
El 17 de agosto de 1986 contrae matrimonio con Ana Emilia Dufrand Ceidé en el templo de Veguita de Galo; y así completa su núcleo familiar junto a su único hijo, Elías Rodríguez Guerrero.
Desde su llegada a Santiago de Cuba fue captado por algunos amigos de la iglesia, para formar parte del equipo de cocina, por su gran talento para dar delicioso sabor y excelente textura a los alimentos.
Decenas y aún cientos de eventos ocurridos a lo largo de décadas en la iglesia y en innumerables puntos geográficos del oriente cubano, recordarán el aroma y el sabor agradable de los alimentos que preparaba junto al resto del equipo; y la enorme responsabilidad que sentía de que hasta la última persona quedara felizmente saciada.
Sirvió durante muchos años además como diácono, maestro de Escuela Sabática, como anciano de iglesia; también fungió como tesorero y administrador de la iglesia de manera eficiente y responsable; laboró como cocinero de la entonces Misión, y actual Asociación del Amanecer.
Durante la construcción del nuevo y actual Templo de Veguita de Galo en los años 1994 - 1995 formó parte activa del equipo de la obra edificadora, con todo entusiasmo.
Desde muy joven Rubén comenzó a padecer de reumatismo. Hace ya años empezó a enfrentar diversas situaciones de salud. Fue sobreviviente de una cirugía a corazón abierto y de otras cuatro intervenciones quirúrgicas; pero nada le impedía seguir trabajando sin cansancio para dar de comer a cientos de personas que pasaban por la iglesia; levantaba calderos y cargaba grandes cantidades de víveres, con aquellas nuevas fuerzas que Dios promete a los que esperan en él.
Rubén fue, como todos, un ser humano; pero con una fe indiscutible en Dios y una entrega sacrificada y constante a la iglesia. No conocía de tiempos o de horarios cada vez que su iglesia necesitaba de su presencia. Él es parte de los pasillos, bancos y departamentos de ese templo; porque ahí ofreció largo tiempo de vida.
Muchos albergamos recuerdos hermosos de su gran hospitalidad y placer en el servicio. Ha sido grandemente amado por su esposa y por su hijo; también por su familia enorme, - los Hurtado: familia fundadora del adventismo en Cuba-, que año tras año se junta en alguna parte para celebrar las maravillas de Dios-. También está su familia de la fe, que está hoy en las honras fúnebres que se llevan a cabo en el templo de Veguita de Galo, cumpliendo con el deseo de Rubén; y están también en muchas partes de Cuba ahora con el corazón de luto.
Hoy, luego de una lucha con complicaciones de lo que fuera su última cirugía, el Cielo determina que durante un tiempo Rubén descanse de las luchas y cargas de esta tierra. Sabemos que Dios hace bien su trabajo de salvar a los que se aferran a su misericordia; y creemos con convicción que así lo ha hecho con Rubén.
La próxima vez que Rubén Rodríguez Hurtado esté donde se esté sirviendo comida, él estará feliz; y ya no será él quien sirva a los demás; el servido será él.
Porque Jesús mismo lo sentará en su mesa celestial enorme; se ceñirá y le servirá alimento celestial; dándole la bienvenida a la eternidad, junto a muchos otros que a pesar de las tormentas, se levanten una y otra vez para seguir a Dios.
Cada uno está invitado a comer hasta saciarse en esa mesa. El dolor de hoy se viste de esperanza eterna. Dios hará todas las cosas nuevas. Hay un abrazo, una corona y un comienzo de vida plena.