01/09/2026
Hoy hablare sobre una santera mayor la cual soy fiel seguidora
FERMINITA GOMEZ PASTRANA
Nacida el 12 de octubre de 1844, Ferminita, como le llamaban de niña, fue traída a Cuba con su madre para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar. Ambas se convirtieron en propiedad de hombres blancos con el apellido Gómez, y así fue como obtuvo su nombre. Siendo aún una niña, sufrió la pérdida de su madre debido al duro trabajo al que eran sometidos los esclavos africanos. Su último deseo fue que su hija fuera iniciada en los cultos y costumbres religiosas africanas. Esto fue cumplido por los parientes que quedaron al cuidado de la niña huérfana y para ser iniciada recibió el llamado Santo Parado, un ritual ahora conocido como el asiento del santo. En esta ceremonia se le entrega el Orisha de la familia, en este caso Oshún, con un juego de caracoles y Elegguá.
Entre los 25 y 30 años de edad, Fermina comienza su propia entrada al mundo Yoruba, al ser coronada Oshún por un santero africano conocido como Ño José.
Algún tiempo después, la conocida santera africana Ma Monserrate González, originaria de Egbadó (una ciudad que formaba parte del Imperio Oyó) la acoge como su madrina (no sabemos cómo comienza esta relación) y le transmite todo su conocimiento sobre los Orishas Egbadós. Es de manos de Oba Tero (el nombre de santo de Ma Monserrate) que Fermina recibe a Olokun, un ritual reservado exclusivamente a los babalawos, convirtiéndose en la primera persona en recibirlo en la isla. Para quienes conocen poco de la religión yoruba, Olokun es el orisha del océano y representa al mar en su estado más temible.
Sin embargo, la fortaleza y disciplina de Fermina la hicieron digna de esta entrega y demostró durante muchos años hasta su muerte, ser digna del culto a Olokun. Este legado marca un hito en la historia de la Santería cubana, porque con Fermina comienza la larga tradición de entregar esta fundamentación. De hecho, ella es la responsable de la continuación del culto a Olokun, comienza con ella y evoluciona gracias a ella. De ahí que a menudo se diga que "todos los Olokun vienen de la Iyalosha Fermina Gómez".
Luego, Oba Tero le "viró el oro", lo que significa ponerle otro santo en la cabeza, en este caso, Monserrate coronó a Yemayá y Fermina fue renombrada como Osha Bi (orisha nace). Así fue como Gómez Pastrana comenzó su vida como Iyalosha (madre de Osha, madrina santera) y al ser la primera santera en suelo cubano en recibir el secreto de Olokun, su fama creció rápidamente. Su inteligencia y carisma le valieron notoriedad en la ciudad de Matanzas, estuvo cerca de los babalawos más famosos de la época quienes la respetaban como a uno de los suyos.
Años después, fundó el Cabildo Egbadó, donde se practicaba la Santería tradicional traída por los esclavos africanos. Muchas cualidades asombrosas se le atribuyen a Osha Bi, entre ellas, el poder de volverse invisible cuando estaba en el cuarto del santo, solo si ella quería, era posible verla. Su conocimiento de la religión yoruba era irrefutable, era conocedora de los cultos más secretos y su liderazgo en el culto a Olokun la hizo famosa y solicitada en toda Cuba.
Se dice que muchos políticos y empresarios de la época se acercaban a ella para pedirle favores. En una de estas visitas, Fermina preparó junto con una sobrina y una ahijada un enorme Olokun, de un metro y cincuenta de alto, para favorecer a un político en su carrera. Y, como en efecto, lo que Fermina daba nunca fallaba. El político solo fue en ascenso y estuvo en el ojo público durante muchos años. Asimismo, miles de cubanos de todas partes asistían a sus ceremonias de Olokun. Las celebraciones comenzaban el 24 de septiembre y duraban tres días, donde se practicaban ritos comunes y ritos solo para los elegidos. Durante las ceremonias se tocaban los Ilú Olokun (tambores del orisha), un ritual iniciado por Fermina, así como se realizaban bailes para el orisha con máscaras.
Fermina guardaba su Olokun en un cuarto cerrado. Su altar estaba compuesto por siete telas de diferentes tonalidades de azul, rodeado de arena, estrellas de mar, arrecifes, caballitos de mar disecados, mangle y algunas herramientas de pesca, todo en honor al orisha. Otra de sus contribuciones al culto de Olokun, que aún se mantiene hoy, es darle de comer al santo en alta mar, un rito que tuvo sus antecedentes en África. La primera vez que lo realizó fue en 1944 y asistió un gran número de babalawos.
Su devoción a su Olokun fue tan grande que él le correspondió con una salud envidiable, tanto así que consagró al santo a su último ahijado cuando tenía 86 años. La Iyalosha Fermina murió a los 107 años, el 27 de septiembre de 1950, después de dedicar toda su vida a la religión africana. Dejó este mundo y se unió al Ará Onú, junto a los Eggún y los espíritus del pasado a los que siempre sirvió. Miles de personas asistieron a su ceremonia fúnebre, entre ellas distinguidas personalidades de la época, así como hermanos y hermanas descendientes de su África natal.
Actualmente, el Cabildo Egbadó se encuentra en la calle Salamanca 104 entre Manzaneda y 2 de Mayo. Allí, aún podemos presenciar los tesoros más preciados de la Iyalosha: su Olokun, su Agogó (campana de bronce de Olokun), los cuatro tambores consagrados al orisha, únicos en toda América, las máscaras utilizadas en los bailes, su Yewá y Oduduwá (ambos orishas egbadós) y el Shangó de su madrina Ma Monserrate.
Su Olokun ha sido el origen de toda una descendencia. Fermina Gómez, sin duda, revolucionó la religión yoruba de culto africano.
Lamentablemente, todos estos elementos únicos están en peligro de perderse, ya que la estructura del edificio amenaza con derrumbarse. Están bajo la custodia de un personaje muy peculiar llamado El Chino y de uno de los descendientes de Fermina, su sobrino y ahijado Alfredo Calvo Cano, quien tiene coronado Aggayú y es conocido como Obba Tola. La propia Fermina le entregó Olokun cuando tenía 9 o 10 años. Ahora tiene 76 años y es Oriaté (maestro de ceremonias). Su fama se extiende hasta La Habana.
La Iyalosha Fermina Gómez Pastrana ha dejado un legado lleno de tradición, renovación y dedicación a los cultos de origen africano. Su Ashé vive en sus descendientes, quienes tienen la responsabilidad de no dejar morir nunca el legado de Fermina, una mujer fuerte, inteligente, carismática, digna de todos los poderes que le fueron otorgados.