04/01/2026
A lo largo de la historia bíblica, Dios instruye a las personas de muchas maneras, pero dos maestros, Moisés y Jesús, se convierten en los instructores humanos principales. Moisés fue el único que tuvo una experiencia con Dios cara a cara (Éxodo 33:11) y Jesús es Dios mismo encarnado. En el Sermón del Monte en Mateo, a través de Jesús, Dios aparece como un nuevo Moisés, que llega para rescatar no solo a todo Israel, sino a toda la humanidad.
Como tal, Mateo presenta a Jesús no solo como un nuevo Moisés, sino también como un Moisés aún mayor. A pesar de que a través de su discurso Jesús nunca le dice a la gente que lo respete ni que se incline ante él, la multitud reconoce una fuerte autoridad en las palabras de Jesús. Su enseñanza parece tener un viso de verdad y concuerda con la instrucción de la Biblia hebrea que ellos ya conocían, sin embargo quedan totalmente atónitos (Mateo 7:28).
Jesús trastorna las expectativas comunes de su mundo. La enseñanza de Moisés también trastornó las expectativas comunes del Imperio egipcio y sus esclavos hebreos. Moisés le enseñó a un pueblo esclavizado a ser libre, no lo hizo recurriendo a la violencia, sino dirigiendo su atención a Dios y siguiendo su dirección (confiando en su instrucción), lo cual se convierte en un tema central de la narrativa del Éxodo. Eso debió parecer una locura a la gente esclavizada. ¿Simplemente sigue a Dios y confía en que él se va a ocupar de tus enemigos? Sin embargo lo hicieron y Dios los liberó como había prometido.
Al igual que la mayoría de nosotros a lo largo de la historia, la multitud que escuchaba a Jesús suponía que la maldad puede ser erradicada de nuestro mundo con un fuerte poder militar y la riqueza que se necesita para construir ejércitos. Pero Jesús no recurre a nada de eso en absoluto, ni tampoco a una idea que dependa de la fuerza, la coacción o la violencia. Él promete con su vida que el poder del amor de Dios, junto con aquellos que elijan aceptarlo, finalmente superará y acabará con toda la maldad en todas partes.
No luchen contra la maldad con el poder de la maldad, dice Jesús. Por el contrario, únanse a Dios para crear bondad en toda la tierra. Si los seguidores de Jesús escuchan sus palabras, comenzarán a ver a sus enemigos como su prójimo y también milagros de Dios dignos de amor. Toda la maldad y todos los opresores serán finalmente derrotados, enseña Jesús, no con espadas, sino con el amor creativo y renovador de Dios.