07/06/2026
Por Deleitarse en su Cuerpo.
Nos cuenta Santa Brigida; que ella vio en una visión como se abrió una profundidad terrible y tenebrosa en la que había un horno ardiendo interiormente y el fuego no tenia otro combustible que demonios.
Y las almas vivas que estaban abrazándose, sobre aquel horno estaba esta afligida alma; tenia los pies fijos en el horno y lo demás levantado como si fuera una persona, y no estaba ni en lo más alto ni en lo más bajo del horno, la figura que tenia era terrible y espantosa, el fuego parecía salir debajo de los pies del alma y venir subiendo como cuando el agua sube por un caño y comprimiéndose violentamente le pasaba por encima de la cabeza de modo que por todos sus poros y venas corría un fuego abrazador, las orejas echaban fuego como el defragua que con el continuo soplo le atormentaba todo el cerebro, los ojos los tenia torcidos y hundidos como si estuvieran fijos en la nuca, la boca la tenia abierta y la lengua sacada por las aberturas de las narices, y colgando hasta los labios los dientes eran agudos como clavos de hierro fríos en el paladar, los brazos tan largos que llegaban a los pies, las manos estaban llenas y comprimianse, el cutis que cubría el alma era una sucia y asquerosa piel tan fría que solo de verla causa temblor y de ella salía materia como de una ulcera corrompida y con un hedor horrible que no puede compararse con nada más asqueroso.
Después de ver este tormento, oyó la Santa una voz que salía de lo intimo de aquella alma y dijo:
“Ay de mi” “Que tan poco ame a Dios por sus supremas virtudes y por las gracias que me concedió”. “Ay de mi que no temí como debía a la justicia de Dios, ay de mi que ame el deleite de mi cuerpo y de mi carne pecadora, ay de mi que me deje llevar de la vanidad y la soberbia”… “ay de mi porque conocí estos santos y no los escuche”.