30/03/2026
Dios no me llamó por ser perfecto, sino porque Él es perfecto. Tomó mis debilidades y las convirtió en instrumento para su propósito.
Cuando el Señor tocó mi corazón, no vio mis limitaciones como un impedimento, sino como una oportunidad para mostrar que su obra no depende de la capacidad humana, sino de su voluntad soberana. Yo dudé, tuve miedo, incluso cuestioné si era digno… pero Él ya había decidido usarme.
Así como está escrito que Dios usa personas imperfectas para cumplir propósitos perfectos, hoy puedo decir que mi llamado no es el resultado de mis méritos, sino de su misericordia. Él tomó mi vida ordinaria y la convirtió en un instrumento para su gloria.
Por eso camino confiado, no en mí mismo, sino en Aquel que me llamó. Porque si Él llama, también capacita; si Él envía, también sostiene; y si Él comienza la obra, es fiel para perfeccionarla.
Hoy entiendo que no se trata de quién soy yo, sino de quién es Dios en mí, por eso mi confianza no está en mí sino en aquel que me llamó de las tinieblas a su luz admirable.