18/03/2026
MI HERMANO MAYOR
Juancho se fue. Después de varios días de luchar con una condición crítica en su salud, partió. Quizás luchó esos días por volver, pero la hermosura de su nuevo estado lo sedujo más. Es curioso que mientras pensábamos que en esa clínica la vida se le iba lentamente, lo que realmente estaba ocurriendo es que la estaba recibiendo a plenitud. Ya se acabaron las caminatas con un bastón, ya volviste a hablar con la claridad de antaño, ya no hay tropiezos, ni caídas, ni temblores... Todo eso se acabó. Ese tabernáculo exterior que te sostenía se había debilitado demasiado, pero ya terminó. Atrás quedaron todos los achaques, toda debilidad y todo dolor terminó. Nunca estuviste mejor.
Crecimos juntos en medio de una permanente competencia. Peleábamos todo el tiempo, pero cuando la amenaza venía de afuera, siempre surgía el hermano mayor. Debo confesar que, por muchos años, crecí entre sentimientos de admiración y envidia. He conocido pocas personas tan talentosas como tú. Cuando de niños jugábamos fútbol, y era casi imposible quitarte el balón. Si esas fracturas recurrentes no se hubieran interpuesto en tu camino, seguramente hubieras sido un gran futbolista. La fragilidad de tus huesos te obligó a retirarte muy temprano.
Lo otro fue ese impresionante talento musical. En unas clases de guitarra que se dieron en la iglesia como por 3 o 4 sábados, nos inscribimos muchos con la ilusión de aprender a tocar este instrumento. En solo unos días ya estabas tocando con una destreza asombrosa. Yo solo aprendí 3 posiciones con mi mano izquierda, y nunca pude pasar de la una a la otra en forma fluida.
Que recuerde, esa fue tu única formación musical. Pero bastaba con que un instrumento cayera en tus manos, para después de unos minutos, hacerlo sonar con una facilidad única. Muchos a tu alrededor no creían que era la primera vez que lo interpretabas.
Hacías todo lo que te proponías sin problema alguno. Era muy difícil no experimentar ese sentimiento de envidia. Es muy curioso, nunca fuimos muy cercanos, pero siempre hubo una conexión, que nos permitió saber que contábamos el uno con el otro.
La enfermedad te visitó desde muy joven y sus secuelas fueron cada vez más dramáticas. El paso del tiempo fue minando muchas cosas en ti de manera inclemente. Pero todo el tiempo fuiste un Padre único. Sin lugar a dudas el rol que mejor te asentó en la vida. Tus dos hijas disfrutaron de un papá amoroso y siempre preocupado por ellas.
Todo esto sin contar que siempre fuiste el favorito de mi papá y mi mamá. Ellos se esforzaban porque no nos diéramos cuenta, pero la preferencia era evidente, que le vamos a hacer.
Saber que te fuiste, nos recuerda que nuestro tiempo aquí es cada vez menos, y que debemos aprovecharlo al máximo, disfrutando, sobre todo, de las personas que Dios ha puesto a nuestro alrededor y más aún, las que conforman ese círculo cercano que llamamos familia. Saludes a mi papá y nos veremos cuando nos corresponda cruzar la meta.
Gracias por el tiempo que serviste en esta congregación, en el Colegio de las Américas y por ser el hermano mayor, mi hermano mayor.
A Martha su esposa, a sus hijas, un abrazo de fortaleza y esperanza. A la iglesia Central gracias por sus oraciones y su solidaridad durante este tiempo complicado. A mis colegas pastores por sus palabras de aliento y consuelo y al dador de la vida, toda mi gratitud y adoración por el regalo de Juancho, mi hermano mayor. Hasta siempre.