01/07/2016
Articulo Semanal.
1/Jul/2016
Ligeros de Equipaje
P. Santino Sacramento Vitola
Hace algunos años, cuando trabajaba como formador de seminario, uno de los fenómenos que más me llamaba la atención era ver cómo los seminaristas cuando llegaban a su primer año lo hacían con una pequeña maleta donde estaban guardadas todas sus pertenencias y al finalizar el tiempo de formación, después de más de siete años, cuando debían abandonar el seminario, necesitaban un camión de mudanzas para poder cargar con todas las cosas que habían acumulado durante su estadía en la casa de formación.
En los evangelios, cuando los discípulos son enviados a la misión, Jesús recomienda que vayan ligeros de equipaje, que no se carguen de muchas cosas para que puedan realizar de una mejor manera el servicio. El Maestro de Galilea sabía que las cosas entretienen y distraen y un misionero debe ante todo estar concentrado en dar testimonio de la Palabra. Muchas cosas son mucho peso y mucho peso no sólo cansa sino que hace más difícil el caminar.
Una vez mi consejero espiritual al verme cansado y ojeroso me sugirió que desocupara mi habitación de aquello que no fuera estrictamente indispensable. Me dijo, además, que por indispensable entendiera aquello sin lo cual yo no podría vivir sin afectar seriamente el proyecto de Dios que me quería realizado y feliz. Recuerdo que acepté la sugerencia y empecé a sacar cosas de mi cuarto. Después de un rato había sacado casi todo y seguía sacando. Por último, quedé solo en mi cuarto casi vacío y pasó varias veces por mi mente el deseo, para terminar el ejercicio, incluso de sacarme a mí mismo de la estancia. Ese día aprendí la lección y entendí que la vida no puede ser un proceso mediante el cual uno se va llenando de cosas externas sino todo lo contrario; la vida debe ser sobre todo una experiencia humilde de desprendimiento, de abandono y sencillez. Ahí se encuentra la razón de porqué la gente más feliz no es la que más tiene cosas sino la que es más desprendida y libre; la que viaja más liviana, la que no le entrega el corazón ni pone su felicidad a lo pasajero y trivial sino en aquello que verdaderamente perdura para la eternidad.
Existe en algunos países del denominado “primer mundo” una tendencia que motiva a los padres a no dejar una herencia material a los hijos. A diferencia de nuestros ambientes, donde la mayor preocupación de unos padres “responsables” es trabajar y trabajar para que a los hijos no les falte nada y cuando ellos falten tengan el máximo número de comodidades, allá se preocupan principalmente por dotar a los hijos de una muy buena educación y de la trasmisión y enseñanza de valores religiosos, morales y culturales. Al final, los hijos no se quedan esperando con cierto morbo que sus padres se mueran para disfrutar de una posiblemente herencia material sino que cuando ellos, sus padres falten, desarrollarán el camino de la vida sin tanto peso exterior pero nutridos de una serie de situaciones interiores que tienen mucho más valor y significado.
Tal vez nos haga falta cambiar de paradigma, tal vez sea necesario un cambio de mentalidad, tal vez sea urgente utilizar otro método y en vez de caer en el juego que propone vivir llenándonos de cosas, apostarle con decisión a una vida en lucha fuerte y frontal contra la tentación de aferrarse a cosas viviendo de manera permanente en función de ellas.