25/05/2026
Domingo 17
“Cuando regresaron adonde estaban los demás discípulos, vieron que los rodeaba una gran multitud y que algunos maestros de la ley religiosa discutían con ellos. Cuando la multitud vio a Jesús, todos se llenaron de asombro y corrieron a saludarlo.
—¿Sobre qué discuten?—preguntó Jesús.
Un hombre de la multitud tomó la palabra y dijo:
—Maestro, traje a mi hijo para que lo sanaras. Está poseído por un espíritu maligno que no le permite hablar. Y, siempre que este espíritu se apodera de él, lo tira violentamente al suelo y él echa espuma por la boca, rechina los dientes y se pone rígido. Así que les pedí a tus discípulos que echaran fuera al espíritu maligno, pero no pudieron hacerlo.
Jesús les dijo: «¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho».
Así que se lo llevaron. Cuando el espíritu maligno vio a Jesús, le causó una violenta convulsión al muchacho, quien cayó al piso retorciéndose y echando espuma por la boca.
—¿Hace cuánto tiempo que le pasa esto?—preguntó Jesús al padre del muchacho.
—Desde que era muy pequeño
—contestó él—. A menudo el espíritu lo arroja al fuego o al agua para matarlo. Ten misericordia de nosotros y ayúdanos si puedes.
—¿Cómo que “si puedo”?—preguntó Jesús—. Todo es posible si uno cree.
Al instante el padre clamó:
—¡Sí, creo, pero ayúdame a superar mi incredulidad!
Cuando Jesús vio que aumentaba el número de espectadores, reprendió al espíritu maligno. «Escucha, espíritu que impides que este muchacho oiga y hable—dijo—. ¡Te ordeno que salgas de este muchacho y nunca más entres en él!».
Entonces el espíritu gritó, le causó otra convulsión violenta al muchacho y salió de él. El muchacho quedó como mu**to. Un murmullo recorrió la multitud: «Está mu**to», decía la gente. Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó, y el muchacho se puso de pie.
Más tarde, cuando Jesús quedó a solas en la casa con sus discípulos, ellos le preguntaron:
—¿Por qué nosotros no pudimos expulsar ese espíritu maligno?
Jesús contestó:
—Esa clase solo puede ser expulsada con oración.@
Marcos 9:14-29