06/10/2021
Miércoles con san José
Los misterios de San José
Los misterios de San José proceden de la Santa Infancia y se elevan como una nube de incienso. Él pertenece exclusivamente a esta época. Fuera de ella, no sabemos nada de él. Perece ser esa la única finalidad para la cual Dios lo creó y adornó con una santidad tan maravillosa, la única obra que le fue asignada. José permanece completamente al margen de la Pasión, la cual ni siquiera proyecta sobre él las sombras que extiende por anticipado sobre la Madre de los Dolores. ¿Qué digo? Aun antes de que hubiera dejado la santa casa de Nazaret para ir a ejercer su ministerio público, José ya había ido a reunirse con sus padres en la tumba. Consumido en la llama del amor divino, había mu**to en un dulce éxtasis, apoyado sobre el pecho de Jesús, teniendo a María a su lado, y, para decirlo todo en una palabra, en presencia de lo más hermoso, más santo, más celestial que había sobre la tierra... Su infancia se pierde en la oscuridad. Pero ¿quién puede dudar de que todo haya sido dispuesto para que fuera una preparación digna de la alta dignidad que Dios debía conferirle? ¿Quién puede dudar de que todo haya tendido a formarlo y a darle la consagración que convenía al padre nutricio del Verbo encarnado? .Como él pertenece exclusivamente a la Santa Infancia, no nos sorprenderemos de encontrar que el espíritu de devoción hacia él es también el espíritu de devoción de la santa Infancia, si bien con circunstancias que lo hacen más conmovedor aún.
Y, primeramente, es por San José por el que estamos presentes en el establo de Belén, en su estancia en Egipto, en la casa de Nazaret. Toda esta intimidad y esta familiaridad a la cual el Salvador niño se digna darnos un derecho y un título por su encarnación, todos estos pequeños servicios que él condesciende en recibir de nuestro amor y de nuestra devoción, toda esta alegría y esta serenidad que la vista de su debilidad derrama en nuestro corazón, en fin, toda esta adoración inmersa en santo temor que la presencia de su divinidad nos exige, todas estas cosas, José está allí para recibirlas o darlas, sentirlas o mostrarlas y, por decirlo de algún modo, en nuestro nombre. El esposo de María está allí como el representante de todas las generaciones futuras de fieles y sobre todo de aquellos cuyos corazones, en virtud de un atractivo particular, tienden a dirigirse hacia los primeros misterios de Jesús.
San José está en Belén, en Egipto, en el desierto y en Nazaret, como la sombra del Padre Eterno. Es eso lo que constituye su sublime dignidad. La incomunicable y siempre bendita paternidad de Dios le es comunicada de una manera figurativa. Él es el padre putativo de Jesús : a los ojos del mundo exterior, pasa por su verdadero padre. El ejerce la autoridad y cumple con el niño todos los deberes del afecto y de la solicitud de padre. ¿Qué digo ? en su naturaleza humana, nuestro Señor está subordinado a San José, Él que, en su naturaleza divina, no podía estar nunca subordinado al Padre Eterno. Los inefables tesoros de Dios, Jesús y María, son confiados al cuidado de San José; y él mismo es un tesoro, al mismo tiempo que es el guardián de los tesoros de Dios. Él ocupa un lugar en el plan de la Redención. Como Jesús y como María, tiene sus personajes típicos, sus precursores y sus profetas en el Antiguo Testamento. José presta su concurso a Dios para guardar secreto el misterio de la Encarnación; y, en su calidad de representante del Padre Eterno, él nos hace presente constantemente, en su ministerio junto al Santo Niño, el recuerdo de su divinidad. Por las funciones que cumple, San José nos impide olvidar que Jesús es verdadero Dios e Hijo del verdadero Dios. Por eso, enseñándonos la más tierna familiaridad hacia Jesús, nos enseña al mismo tiempo el más profundo respeto. Por un lado, nos anima a acercarnos y a venir a besar los pies de Jesús; y por otro, nos manda caer de rodillas y adorar profundamente al eterno Recién Nacido ( P. Faber ).
En honor de San José: Ser fiel a la meditación de los misterios de nuestra fe por el rezo diario del Rosario.