Parábolas Del Alma

Parábolas Del Alma Cuando no pude hablar,
Dios me hizo escribir. Aquí florece lo que el alma no gritó.

07/05/2026

PROYECCIÓN:

No soy psicóloga.
Sin embargo, a través de la lectura, la observación, el aprendizaje y el constante ejercicio de autoevaluación, he comprendido algo que considero profundamente humano:

Muchas personas no reaccionan al mundo tal como es, sino a aquello que no han resuelto dentro de sí mismas.

En términos psicológicos, esto se conoce como proyección: un mecanismo de defensa mediante el cual el individuo desplaza hacia otros emociones, impulsos, conductas o conflictos internos que le resultan difíciles de reconocer en sí mismo.

Quien reprime hostilidad suele percibir ataques en todas partes.
Quien vive desde el engaño desarrolla sospecha constante.
Quien no tolera su propia sombra termina condenándola en otros.

La mente posee una extraordinaria capacidad para proteger la imagen que construimos de nosotros mismos, incluso a costa de deformar la percepción de la realidad. Y es allí donde nace gran parte del conflicto humano: no en lo que vemos, sino en aquello que nos negamos a ver dentro.

He aprendido que la autocorrección requiere un nivel de honestidad que no siempre es cómodo. Implica abandonar la necesidad de proyectar culpas, revisar el ego, confrontar heridas y asumir responsabilidad emocional sobre nuestros actos, pensamientos y reacciones.

Como está escrito:

“¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?”
Mateo 7:3

La verdadera madurez no consiste en aparentar pureza moral, sino en desarrollar la valentía de examinarse a uno mismo con verdad y humildad.

Porque aquello que no somos capaces de reconocer internamente, inevitablemente terminará manifestándose en la forma en que juzgamos a los demás.

Y quizá una de las formas más altas de libertad sea dejar de huir de uno mismo.

WTR🖋️

16/02/2026

DEVOCIONAL — La casa donde Jesús descansa

“Jesús amaba a Marta, a María y a Lázaro.”

— Juan 11:5

I. Un amor que no se gana

Lázaro no fue parte del círculo apostólico.
No predicó sermones.
No levantó multitudes.
No hizo milagros.

Y, sin embargo, el Evangelio se detiene para dejar constancia de algo eterno:

“Jesús amaba a Marta, a María y a Lázaro.”

No dice que los admiraba.
No dice que los necesitaba.
No dice que los usaba.

Dice que los amaba.

Este versículo confronta nuestra forma de entender la relación con Dios, porque solemos pensar que el amor divino se activa por el desempeño, por el servicio o por la entrega visible.

Pero Jesús amó a Lázaro antes del milagro.
Antes de la tumba.
Antes de la resurrección.

Lo amó sin que hubiera nada que demostrar.

“Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.”
— 1 Juan 4:19

II. Una casa distinta en medio del ruido

Jesús vivía rodeado de multitudes.
Personas que querían sanidad.
Personas que querían respuestas.
Personas que querían ver señales.

Pero había un lugar al que volvía.

“Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.”
— Lucas 10:38

Esa casa no era un escenario.
No era un altar.
No era una plataforma.

Era un hogar.

Allí Jesús no tenía que explicar quién era.
No tenía que probar su autoridad.
No tenía que enseñar.

Allí podía sentarse.

“María… se sentaba a los pies de Jesús y oía su palabra.”
— Lucas 10:39

Eso es intimidad:
no correr,
no impresionar,
no producir…
solo permanecer.

III. El descanso que Jesús elige

Hay algo profundamente revelador en esto:

Jesús eligió descansar en esa casa.

No porque estuviera agotado como nosotros,
sino porque allí encontraba algo que no se compra ni se exige:
un espacio de comunión.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
— Mateo 11:28

Pero aquí ocurre algo aún más profundo:
Jesús no solo da descanso…
también lo recibe.

Porque el Reino no se trata solo de lo que Dios hace por nosotros,
sino del lugar que le damos en nuestra vida.

“Si alguno me ama, guardará mi palabra; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.”
— Juan 14:23

Dios no busca visitas ocasionales.
Busca morada.

IV. El milagro nació antes de la tumba

Cuando Lázaro enfermó, sus hermanas enviaron un mensaje breve:

“Señor, he aquí, el que amas está enfermo.”
— Juan 11:3

No hubo reproches.
No hubo exigencias.
Solo confianza.

Ellas sabían algo:
la relación precede al milagro.

Y aunque Jesús llegó después de la muerte,
no llegó tarde.

Porque el propósito no era solo resucitar a Lázaro,
sino revelar algo mayor:

“Yo soy la resurrección y la vida.”
— Juan 11:25

Ese nivel de revelación no se entrega a la multitud.
Se revela en la intimidad.

V. La pregunta que nos alcanza

Aquí el texto deja de ser historia y se vuelve espejo.

Tal vez no rechazamos a Jesús.
Tal vez solo lo usamos.

Lo buscamos cuando algo se rompe.
Lo llamamos cuando hay dolor.
Oramos cuando ya no hay opciones.

Pero…
¿lo dejamos entrar cuando todo está en calma?

¿Tiene Jesús un lugar en nuestra mesa…
o solo un espacio en nuestra emergencia?

“Cercano está Jehová a todos los que le invocan,
a todos los que le invocan de veras.”
— Salmos 145:18

Invocarlo “de veras” es más que pedir.
Es habitar con Él.

VI. Abrir la casa hoy

Abrir la casa no es un acto religioso.
Es una decisión diaria.

Es permitirle entrar:
• en la rutina
• en el silencio
• en las conversaciones internas
• en las decisiones pequeñas
• en los temores que no decimos

Es dejar de vivir para Dios
y empezar a vivir con Dios.

“Permaneced en mí, y yo en vosotros.”
— Juan 15:4

Porque el fruto nace de la permanencia,
no del esfuerzo.

ORACIÓN FINAL

Señor,
Tú que conoces los corazones
y escudriñas lo más profundo del alma,
hoy me presento delante de Ti sin máscaras.

No quiero buscarte solo cuando me falta algo,
ni llamarte solo cuando el dolor aprieta.

Quiero abrirte mi casa,
mi tiempo,
mi interior.

Entra, Señor, y haz morada en mí.
Si hay ruido, trae silencio.
Si hay cansancio, trae reposo.
Si hay distancia, tráeme de vuelta.

Enséñame a permanecer en Ti,
como el sarmiento en la vid,
porque separado de Ti nada puedo hacer.

Que mi vida no sea solo un lugar de peticiones,
sino un espacio donde Tú te sientas honrado, amado y bienvenido.

Haz de mi corazón una casa donde descanses.
En el nombre de Jesús yo oro.
Amén.

WTR

Parábolas Del Alma

10/02/2026
⸻🤍 UN LLAMADO DESDE EL CORAZÓN DE DIOS 🤍Este mensaje no nace de la condenación,sino del amor de un Padreque aún llama a ...
09/02/2026



🤍 UN LLAMADO DESDE EL CORAZÓN DE DIOS 🤍

Este mensaje no nace de la condenación,
sino del amor de un Padre
que aún llama a Sus hijos.

Es una invitación a detenernos,
a examinarnos delante de Dios
y a volver a la fuente que da vida.

Lee con un corazón humilde,
permite que el Espíritu Santo ministre tu vida
y escucha con atención.

WTR

Parábolas Del Alma
Así dice el Señor:
👇🏼👇🏼👇🏼

“La Voz que Juzga No Es la Voz que Salva”No todo lo que se dice en el nombre de Dios refleja el corazón de Dios.Hemos ap...
05/02/2026

“La Voz que Juzga No Es la Voz que Salva”

No todo lo que se dice en el nombre de Dios refleja el corazón de Dios.
Hemos aprendido a poner etiquetas donde Cristo pone nombres,
a señalar heridas donde Él ve procesos,
y a juzgar caminos donde Él aún está obrando.

Este mensaje no es cómodo.
Es una llamada al arrepentimiento del corazón religioso
y al regreso al evangelio vivo que restaura, no excluye.

Si alguna vez te hicieron creer que una condición, un error o una lucha
definía tu identidad, este mensaje es para ti.
Y si alguna vez usaste la fe para señalar en lugar de amar,
también es para ti.

Porque el Reino no se defiende con odio,
se manifiesta con verdad y gracia.
Y cuando Cristo habla, las etiquetas se caen.

——

Las personas te dieron una etiqueta y tú hiciste de ella tu identidad.
Ser autista no te define, tener VIH no te define, ser homosexual no te define.
Tu identidad no está en lo que digan que eres; está en Cristo, y Él sigue a la puerta.

Lo que se tuerce, Él lo endereza.
Lo que se daña, Él lo restaura.
Lo que se pierde, Él sale a buscarlo.

La única identidad que determina tu existir es el Dios al que decides obedecer.
Que la gente no te defina, que los errores no te controlen, que el señalamiento no te dé miedo y, sobre todo, que la sociedad no te limite.

No fuimos llamados a señalar; fuimos llamados a reflejar el amor de Cristo, para que otros también quieran ser testigos de Él.
Mientras vivamos hablando con odio de lo que no entendemos, más que producir fruto, generaremos distanciamiento en aquellos que más necesitan de Cristo.

Deja que sea Él quien convenza de pecado; esa no es tu asignación.
Y si vas a juzgar, juzga con justo juicio; pero si no entiendes lo que es el justo juicio, mejor guarda silencio.

El amor cubre multitud de pecados.
La misericordia es nueva cada mañana.
El que podía condenarte no te condena.
Él echa fuera todo temor.

La fe le fue contada por justicia a Abraham, también a Job, al centurión, a la mujer del flujo de sangre y a los apóstoles.
Fue la fe la que movió el corazón de Dios.

No seamos verdugos ni escarnecedores.
Seamos sal, luz, gracia, misericordia, empatía, gozo, paz, mansedumbre.
Porque si eres buen árbol, debes dar estos frutos;
pero si no, como la higuera, te secarás.

Entonces, ¿por qué haces caso a la voz de aquellos que no pueden hacer nada por ti?

Como dirían en mi país natal:
Cristo es la vuelta; la gente solo gira alrededor de Él
y no tiene poder para cambiar nada en ti.

• Cristo al centro: No defiendo una ideología ni una postura social; afirmo que la identidad está en Cristo y que Él es quien transforma. Eso es evangelio puro.

• Gracia antes que juicio: Dejo claro que no fuimos llamados a señalar, sino a reflejar. Eso conecta directamente con el corazón de Jesús.

• Fe como motor: Abraham, Job, el centurión, la mujer del flujo de sangre y los apóstoles. Muestro que Dios siempre ha respondido a la fe, no al señalamiento.

• Lenguaje profético, no violento: Confronta, pero no humilla. Exhorta, pero no aplasta.

No es un mensaje cómodo, pero es un mensaje correcto.
No suaviza el evangelio, lo encarna.
No relativiza la fe, la centra en Cristo.

Si alguien se incomoda al escucharlo, no es porque le falte verdad, sino porque la gracia confronta tanto como la ley.

En resumen:
👉 es un mensaje que sana,
👉 que corrige con amor,
👉 y que abre puertas en lugar de cerrarlas.








WTR

17/12/2025

📜 NO ES PROSPERIDAD, ES CRUZ!

Un llamado al temor de Dios y al Evangelio verdadero.

Vivimos en una era donde el valor del ser humano se mide en cifras, títulos y aplausos.
El que más tiene, vale más.
El que más sabe, es más sabio.
El que más seguidores acumula, es más influyente.

Así hemos edificado nuestra escala de grandeza: alta en soberbia, baja en verdad. Y sin darnos cuenta, hemos cumplido lo que fue escrito:
“Profesando ser sabios, se hicieron necios” (Romanos 1:22).

Hemos coronado al éxito como dios, al conocimiento como salvador y al dinero como señal de bendición. Pero la Escritura no dialoga con esa lógica: la destruye.
“Maldito el hombre que confía en el hombre y pone carne por su brazo” (Jeremías 17:5).
Porque cuando el hombre se convierte en su propio fundamento, Dios deja de ser su centro.

Admiramos al que habla con elocuencia, aunque no gobierna su espíritu; al que domina conceptos, aunque su corazón esté vacío. Sin embargo, la Palabra establece otro criterio:
“Mejor es el que gobierna su espíritu que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32).

Celebramos al que prospera, aunque haya perdido el alma. Y el cielo responde con una pregunta que no envejece:
“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?” (Marcos 8:36).

La sabiduría humana —tan premiada, tan celebrada— se ha vuelto experta en explicar el pecado sin arrepentirse, en teorizar la verdad sin obedecerla. Pero Dios ya había sentenciado ese camino:
“La sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios” (1 Corintios 3:19).
“Destruiré la sabiduría de los sabios” (1 Corintios 1:19).

Y mientras el hombre se exalta, la Escritura lo expone:
“Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12).

Dios no se impresiona con nuestros logros ni se inclina ante nuestros currículums.
“El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).
Por eso el Reino invierte la lógica humana:
“Dios escogió lo vil del mundo y lo menospreciado… para deshacer lo que es” (1 Corintios 1:28).

Aquí yace la ironía más brutal: cuanto más alto se cree el hombre, más bajo ha caído.
Porque
“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6).

Pero esta bajeza no se detuvo en la cultura: entró en la iglesia.
Y no entró desnuda, entró bien vestida.
Entró con lenguaje espiritual, con micrófono, con promesas, con pactos.

Hoy se predica prosperidad sin cruz, sanidad sin arrepentimiento y bendición a cambio de dinero.
“Da, para que Dios te dé.”
“Siembra, para que seas sano.”
“Pacta, para que el cielo responda.”

Pero el Dios de la Biblia no negocia.
No vende lo que ya entregó gratuitamente.
“De gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8).

Han tomado versículos fuera de contexto y los han convertido en anzuelos.
Han torcido la Escritura para justificar su codicia:
“Los indoctos e inconstantes tuercen las Escrituras para su propia perdición” (2 Pedro 3:16).

Hablan de Abraham, pero ignoran a Cristo.
Hablan de cosecha, pero huyen del Gólgota.
Hablan de reino, pero desprecian la sangre.

Porque si la bendición se compra, entonces la cruz fue insuficiente.
Y si la sanidad se paga, entonces la sangre no alcanzó.
Pero el cielo ya habló:
“Consumado es” (Juan 19:30).

No fue condicionado a una ofrenda.
No fue activado por un pacto financiero.
Fue consumado.

Han cambiado la palabra de la cruz por un evangelio utilitario.
Pero
“La palabra de la cruz es locura para los que se pierden” (1 Corintios 1:18).

Predican un Cristo que multiplica panes, pero no uno que dice:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lucas 9:23).

Han hecho del diezmo una llave y de la ofrenda un seguro espiritual.
Pero la Escritura jamás enseñó que damos para ser bendecidos; damos porque ya lo somos.
“Nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3).

Hoy se predica otro evangelio:
sin sangre,
sin arrepentimiento,
sin santidad.

“Si alguno os predica un evangelio diferente… sea anatema” (Gálatas 1:8).

Engañan públicamente y ya no tiemblan.
Y el silencio también es culpable.

Si haces cosas por miedo al qué dirán,
si callas para agradar líderes,
si negocias tu conciencia por pertenecer,
pregúntate con honestidad:

👉 ¿A cuál Dios sirves?

Porque
“Si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gálatas 1:10).

Vuelve a la cruz.
Porque en la cruz no se negocia: se muere.
Fuimos llamados al Gólgota con Cristo, aun cuando eso implique ser crucificados con Él.
“Con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gálatas 2:20).

Este mensaje no nace del deseo de herir,
sino del temor de Dios y del amor que Él merece.

Quien escribe no está fuera de estos juicios.
También erró.
Pero hay celo por la Palabra
y un rechazo absoluto al abuso espiritual.

Que el que tenga oídos, oiga.
Y el que tenga temor, vuelva a la cruz.

Toda la gloria sea dada a Dios Padre
y al Espíritu Santo por Su Palabra revelada,
y toda honra a Jesucristo
por la cruz y nuestra redención eterna.

✍️ Wendy Tavera Rosario

✨⚔️ La Palabra de Dios permanece para siempre✨⚔️En tiempos donde muchos manipulan la fe y levantan un evangelio que no t...
21/08/2025

✨⚔️ La Palabra de Dios permanece para siempre
✨⚔️

En tiempos donde muchos manipulan la fe y levantan un evangelio que no transforma, el llamado es claro: volver a lo que está escrito.
La Palabra de Dios es eterna, inmutable y viva. Ella confronta, sana, restaura y salva.
La palabra del hombre pasa; la Palabra de Dios permanece para siempre.

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19/08/2025

🌟 Reflexión Evangelística

Antes, muchos buscábamos a Dios solo cuando la vida nos pesaba.
En medio de la angustia levantábamos un clamor: “Señor, ayúdame.”
Y Él, en su misericordia, extendía su mano y nos sostenía.
Pero, al pasar la tormenta, con facilidad olvidábamos a Aquel que nos había librado.

Así es cuando el corazón aún no ha madurado en la fe:
vemos a Dios como un recurso de emergencia,
pero no como el Padre que anhela caminar con nosotros todos los días.

Sin embargo, llega un momento en que Dios mismo nos invita a crecer.
Ya no basta con pedir en la necesidad: ahora aprendemos a agradecer en la abundancia.
Ya no se trata solo de clamar por rescate: ahora se trata de caminar con Él en cada paso.
Eso es madurar en la presencia de Dios.

Cuando reconocemos a Dios en todo tiempo, nuestra vida cambia.
Su paz no solo llega para calmar las tormentas,
sino que se convierte en la melodía constante de nuestra existencia.
Su amor no es solo respuesta a una súplica,
sino el aire mismo que respiramos en cada nuevo amanecer.

La verdadera plenitud no está en lo que Dios nos da,
sino en saber que Él está con nosotros.
Ese es el mayor regalo: Su presencia.

La pregunta es:
¿Seguirás buscándolo solo en la dificultad,
o aprenderás a encontrarlo también en la gratitud, en la calma y en la alegría?



🙏 Oración profética guiada por la Palabra

Padre amado, hoy me presento delante de Ti con un corazón que desea madurar.
Antes solo te buscaba en la angustia y olvidaba agradecerte en la calma.
Pero tu Palabra me enseña: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:18).
Hoy quiero vivir conforme a esa verdad.

Señor, enséñame a caminar contigo en todo tiempo,
a reconocerte en los días buenos y también en los días difíciles.
Tu Palabra me recuerda: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).
Eso me basta, porque tu presencia es mi seguridad.

Quiero vivir cada día con gratitud, confiando en tu fidelidad.
Ya no quiero ser como aquel que olvida tus bondades,
sino como un hijo que reconoce a su Padre en cada respiro.

Gracias, Señor, porque tu amor me sostiene,
tu gracia me cubre
y tu luz guía mis pasos.

En el nombre de Jesús, amén. ✨

Wendy Tavera Rosario

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