26/04/2026
¿Cuántas veces has hecho la siguiente pregunta? 👇👇👇
¿Cómo estuvo el culto?
Y la respuesta es usualmente una de estas: “Estuvo bien.” “Hoy no sentí nada.” “La alabanza estuvo poderosa.” “El pastor predicó fuerte.” “Sentí algo que nunca había sentido.” “Estuvo mas o menos, cuando dirige ________, me gusta mas“.
No hay nada malo en esa pregunta. Es honesta. La hemos hecho todos. Pero si le prestas atención con cuidado, notarás que está midiendo algo muy específico: tu experiencia subjetiva. Lo que te gusto o no te gusto a ti. Cómo te sentiste tú. Lo que recibiste tú.
Y eso, sin que nos demos cuenta, ha ido convirtiendo el tiempo de cántico congregacional en algo que se evalúa basado en el gusto personal de cada asistente, el cual es completamente subjetivo.
Sin embargo, cuando leemos el libro de Apocalipsis encontramos las escenas de adoración más intensas de toda la Biblia. Irónico que el libro que ha muchos le da miedo leer y no entienden, nos presenta a que se parece la verdadera adoración. Cuatro seres vivientes delante del trono. Veinticuatro ancianos que se postran. Una multitud que nadie puede contar.
Y lo primero que llama la atención es, que ninguno de ellos está evaluando cómo se siente. Están viendo algo.
En el capítulo 4, los seres vivientes no adoran porque la atmósfera estaba ungida. Adoran porque tienen los ojos abiertos delante del que está sentado en el trono, el que vive por los siglos de los siglos. La adoración no nace de como se sentían. Nace de lo que sus ojos no pueden dejar de ver.
En el capítulo 5, los ancianos no caen postrados porque la música los movió. Caen porque vieron algo que nadie había visto antes: el Cordero, como inmolado, tomando el libro que nadie era digno de abrir. Y lo que sale de sus bocas no es un, “ yo declaro “, “ yo cancelo “, “ yo ordeno “. Es una declaración teológica: “Digno eres, porque fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios.” Vieron algo. Y lo que vieron produjo lo que declararon.
No es casualidad que Pablo no orara “Señor, que sientan más.” Su oración fue otra: “alumbrando los ojos de vuestro entendimiento.” (Efesios 1:18) Pablo sabía que el problema no era falta de emoción, pasión o intensidad. Eso a los latinos nos sobra. Era falta de ver algo. Cuando los ojos del entendimiento se abren, la adoración se produce sola.
Ese es el patrón que se repite en todo el libro. Ver produce adorar. La emoción puede estar presente, y a veces puede ser sobrecogedora, pero no es la fuente. La fuente es lo que vemos. Lo que cambia la adoración no es el estado emocional del que adora. Es la claridad con que ve al que es adorado.
Está es mi invitación para este domingo:
¿Y si salieras del “culto“ no preguntando cómo te sentiste, sino preguntando qué viste? ¿Viste al Cordero? ¿Viste lo que hizo? ¿Viste quién es Él hoy, no solo quién fue hace dos mil años?
La adoración más profunda no depende de cómo amaneciste. No depende de si dormiste bien, de si tuviste una semana difícil, de si la banda tocó tu canción favorita. La adoración más profunda depende de si tus ojos están abiertos a una realidad que no cambia: hay un Cordero en el trono, y es digno.
Eso no lo determina tu estado emocional. Lo determina lo que es verdad. Y cuando lo ves, cuando realmente lo ves, no necesitas que nadie te pida que adores.
La adoración es la única respuesta que queda.
Pr Tommy Moya