15/02/2026
Amada iglesia,
Nuestra ciudad atraviesa un momento de dolor. La muerte violenta de un joven nos recuerda que vivimos en una sociedad herida, donde el pecado no es una teoría, sino una realidad que destruye vidas y familias.
Hoy no estamos aquí para emitir juicios, ni para alimentar rumores. Estamos aquí para hacer lo que la iglesia sabe hacer cuando el mundo sangra: orar, interceder y encarnar esperanza.
Lloramos con los que lloran. Oramos por la familia que ha perdido a su hijo. Oramos por los amigos, por los jóvenes de nuestra ciudad, por las autoridades. Clamamos por la paz de Mercedes. No desde el miedo, sino desde la fe.
La cruz nos enseña dos cosas al mismo tiempo:
el pecado es real y produce muerte,
pero la gracia es más poderosa que la muerte.
No justificamos la violencia. No relativizamos el mal.
Pero tampoco respondemos con condenación.
Respondemos con el Evangelio.
Como iglesia, reafirmamos nuestro compromiso de ser presencia de Cristo en esta ciudad: acompañando, discipulando, escuchando, sirviendo. Que nuestras palabras en público y en redes sean sobrias, compasivas y llenas de verdad.
Que este dolor nos despierte, no para indignarnos solamente, sino para interceder con mayor fervor y para vivir con mayor coherencia.
Que el Señor tenga misericordia de nuestra ciudad.
Y que nosotros seamos instrumentos de su paz.