21/02/2024
Venimos aprender, amar, crecer, sanar, perdonar, sufrir o no valoraríamos lo que se nos da y espera del otro lado.
Hay experiencias, sueños y contactos de despedida, donde la gente que partió, ya no siente dolor, sufrimiento, pena, ni por la familia que deja atrás. No es que no importe ya, es que te quitan el peso del mundo y de ahí valoras otras cosas que terrenalmente no se puede explicar ni sentir.
Irse a la luz, tampoco es garantía para todos, muchos se quedan aferrados al mundo, por múltiples razones, muertes trágicas, promesas incumplidas, ira, pena o el puro capricho material de no querer dejar una casa u objeto, razones hay muchas.
Estar en el mundo penando, no es lo mismo que el limbo, ni el purgatorio, in****no o el cielo. Hay niveles y etapas diferentes, porque nuestra energía pesa por nuestros actos, pensamientos y sentimientos, esto no es tanto por condenación, sino por decantación.
La decantación es el proceso físico para separar líquidos y materia de diferentes densidades. Esto es cuando revuelves en un vaso con agua y aceite y se separan los dos liquidos por su naturaleza; si tienes una lata de pintura mezclada y la dejas mucho tiempo en reposo, los químicos que forman esa pintura se van a separar en meses y puedes ver capas de varios líquidos y así extraerlos cada uno.
El proceso siempre será doloroso, no importa como, es una parte de nosotros que también se va, pero hay que llevar un proceso mental y emocional, debemos entrenarnos para la nueva realidad que toca vivir, llamado 5 etapas del duelo:
la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación
Todo parece detenerse y colapsar, pero hay que rezar, meditar y seguir, y lo más importante seguir pidiendo por la persona que partió, tenga luz, paz, amor, entre al cielo y descanse en paz; nuestro dolor y pena lo compartimos entre familiares y amigos, pero no siempre el que está del otro lado tiene esa compañía y apoyo, puede pasar el proceso de su realidad espiritual nueva, solo y en lugares oscuros, por eso las religiones del mundo se hace un novenario, misas, rituales de despedida, que parta lo antes posible, deje el mundo y vaya al reino de luz, espiritual, cielo.
Hay tantos peligros en la parte espiritual como lo hay en la terrenal, el rezar, meditar y demás cosas de bienestar espiritual es por salud propia, igual que salir a correr o dejar de comer tanta grasa para mejorar la presión sanguínea, no te hace inmune a las enfermedades y cosas malas, pero te mantiene en mejor condición de vida por más tiempo.
Espiritualmente, al partir de este mundo serás más "ligero", serás de los líquidos que flotan hasta arriba del vaso, que se separan rápido y fácilmente cómo el agua y el aceite y no lento y pesado como la pintura.
No se olvida a quién partió, ni es la idea hacerlo, pero aprender a recodar con alegría y no tristeza, que puedes hablar con esa persona como siempre y no con pesar... cada uno tiene su etapa y forma de vivirlo, no hay nadie que te diga cómo y que es mejor, solo puedo contar lo que me enseñaron en familia y sentí, cuando se fue gente importante para mi.
Agradéceles, ríete, hazles fiesta, la muerte es un premio, no un castigo y háblale que está ahí todavía.... y que le vas a rezar para que entre al cielo y desde ahí mande ayuda y dinero.... en mi experiencia la muerte que duele y no sana es la que fue con desprecio y una relación sin amor aunque vivieran juntos.... pero la gente amada nunca será una carga emocional, ni espiritual, porque no se termina el vínculo entre las dimensiones y mundos espirituales.
Fuerza, fe, paz, abrazos, amor y desearle lo mejor a los que se quedan y a los que se van.