05/04/2026
𝔽𝔼𝕃𝕀ℤ ℙ𝔸𝕊ℂ𝕌𝔸 𝔻𝔼 ℝ𝔼𝕊𝕌ℝℝ𝔼ℂℂ𝕀Óℕ
Domingo de Pascua. No es un final feliz: es un comienzo que cambia todo.
El sepulcro está vacío. Y no por ausencia, sino por victoria:
“¿Por qué buscan entre los mu***os al que está vivo? No está aquí, ha resucitado” (cf. Evangelio de Lucas 24,5-6).
La Resurrección no niega la cruz: la confirma y la transforma. El mismo que fue crucificado ahora vive. Las heridas siguen, pero ya no son signo de derrota, sino de amor llevado hasta el extremo.
María Magdalena va al sepulcro llorando… y se encuentra con Cristo vivo (cf. Evangelio de Juan 20,16). Así obra Dios: entra en la historia concreta, en el dolor real, y lo convierte en vida nueva.
Pascua es una afirmación contundente:
la muerte no tiene la última palabra, el mal no es definitivo, la oscuridad no es eterna.
Pero no es solo una verdad para creer: es una vida para asumir.
“No teman” (cf. Evangelio de Mateo 28,10).
El cristiano no vive como quien espera un final incierto, sino como quien ya ha visto —aunque sea por la fe— que la vida vence.
Porque si Cristo ha resucitado, entonces todo cambia:
el dolor tiene sentido, la lucha vale la pena, y la esperanza deja de ser una ilusión para convertirse en certeza.